El programa de baño en el niño con síndrome de Down - Downciclopedia

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El programa de baño en el niño con síndrome de Down

Juan Vázquez Menlle
Universidad Europea de Madrid

 

Sumario

  1. De 0 a 6 meses
  2. De 6 12 meses
  3. Propuestas para los momentos de juego

 

1. De 0 a 6 meses

El tiempo que pienses dedicarle al baño de tu hijo, procura estar tranquilo. Si estás nervioso, él lo detectará y se pondrá nervioso también. Si te muestras enfadado, el baño no será demasiado útil, seguramente le hará más mal que bien. Si le sonríes o le hablas, trata de ser expresivo. Tu hijo, aunque no entienda las palabras, irá aprendiendo que la gente habla distinto si está alegre, si está cansada, si tiene penas, etc. Si coopera durante este tiempo de baño, dale un beso o prémiale de alguna manera.

Los primeros días, quizás te sientas más seguro si lo enjabonas sobre el tablero del baño y luego lo introduces en el agua para quitarle el gel, tomándole firmemente con los dos brazos por debajo de su cuerpecito. Cuando lo puedas manipular con más seguridad, túmbalo bien sostenido con tus brazos en diferentes posiciones y enjabónale parcialmente en cada una de éstas, estudiando sus reacciones. Es primordial que no trague agua y que no le llegue a los oídos (de lado, de espalda, boca abajo, etc.).

Ponte al día en canciones de tu infancia o del momento actual y, mientras lo tienes en estas diferentes posiciones, realiza movimientos siguiendo el ritmo de las mismas (Antón Pirulero... Arroz con leche... El patio de mi casa... Al cocherito leré, etc.).

Durante los desplazamientos aéreos en brazos, acuérdate de vez en cuando de estimular las respuestas enderezadoras de la cabeza, balanceándolo con discreción mientras se le sujeta bien por las axilas. Los traslados en brazos también resultan muy adecuados para irle obsequiando con algunos ruidos de garganta.

No te olvides de imitar las acciones que tu hijo haga espontáneamente. Cuando ríe, cuando saca la lengua, cuando chupetea el agua con la boca, etc.

El contacto con la piel del niño es muy importante para su desarrollo en general. Pero sin duda resulta indispensable para expresar el desarrollo afectivo. No dudes en acariciarlo al tenerlo sobre el tablero del baño y al asearlo. Hazle cosquillitas en la barriguita o bajo la barbilla.

Cuando lo seques, hazlo con suavidad, no frotes, deja que el paño absorba la humedad. Antes del baño es un momento muy apropiado para que el niño haga un poco de ejercicio. Si nos acompaña el ambiente estando bien caldeado, no tengas demasiada prisa. Le encantará patalear, cogerse los pies, mirar los dedos, etc. Si ni siquiera hace esto, estimuláselo sobre el tablero del baño:

 

  • Coge con las manos los tobillos del niño manteniendo las piernas juntas. Flexiónale las piernas hasta llevar los pies junto a las nalgas y las rodillas al pecho.
  • Flexiónale alternativamente una pierna, luego otra, lentamente, imitando el pedaleo.
  • Sepárale y júntale las piernas suavemente manteniéndolas estiradas y levantadas.
  • Con las piernas estiradas, levántaselas 45° y luego sepáraselas moderadamente, para después bajarlas y juntarlas describiendo una rotación.
  • Coloca a tu hijo boca abajo, con las piernas estiradas y unidas, las manos apoyadas a la altura de los hombros. Una de tus manos, que controle la zona lumbar y glúteos; mientras que con la otra le coges los tobillos y le doblas las rodillas acercándole los pies a las nalgas.
  • Coloca a tu hijo en la misma posición de partida anterior; apóyale suave­mente una mano en los muslos y con la otra levántale el pecho del suelo de 10 a 20 centímetros.
  • Coloca a tu hijo tendido boca arriba, en posición horizontal. Las piernas juntas y estiradas y los brazos también estirados a lo largo del cuerpo. Con una mano cógele los tobillos y con la otra, pasándosela por debajo de la nuca, levántale el tronco hasta colocarlo en la posición de sentado.
  • Coloca al niño en la misma posición de partida anterior, apóyale ligeramente una de las manos sobre su pecho y con la otra cógele suavemente los tobillos levantándole lentamente las piernas, manteniéndoselas estiradas hasta que comiencen a ofrecer algo de resistencia.
  • Coloca al niño en la misma posición de partida anterior, cógele con cada una de tus manos, una de las suyas. Levántale los brazos adelante-arriba hasta formar ángulo recto con el cuerpo. Continúa el movimiento hasta que éstos estén alineados junto a la oreja y a continuación vuelve lentamente a la posición de partida.
  • Coloca al niño en la misma posición de partida anterior, cógele con cada una de tus manos, una de las suyas. Extiéndele a continuación los brazos so­bre el tablero en forma de cruz, para volvérselos a levantar de nuevo, hasta formar un ángulo recto con el cuerpo. Después, vuelve lentamente a la posi­ción de partida.

 

Estas breves descripciones de ejercicios, que te mostramos, te ayudarán a estimular a tu hijo mientras lo tienes tumbado sobre el tablero de baño. Son ejercicios que puedes repetir de 6 a 8 veces de una forma suave.

Si le acompaña el ambiente bien caldeado, no tengas demasiada prisa. Le encan­tará patalear, cogerse los pies, mirarse los dedos, etc. Si ni siquiera hace esto, estimúlaselo sobre el tablero del baño.

A tu hijo, le gustará mucho sujetarse a tus dedos y que le ayudes a sentarse.

Puedes hacer que dos cosas choquen y suenen, a continuación puedes hacer lo mismo con otras dos cosas y observa si mira de dónde viene el ruido. Puedes hacer chascar los dedos de una de tus manos y que el niño los mire. Luego chasca los de la otra y lo mismo.

Después de estar estimulándolo un rato boca arriba, ponlo boca abajo con algo vistoso delante de la cabeza. Quizás la levante y moverá los brazos para coger el objeto.

Repite mucho los ruidos que emita tu hijo.

Si al ponerle un dedo dentro de su manita lo aprieta, mueve un poco tu mano para que haga fuerza. Estimúlale a que haga estos mismos ejercicios él con sus dedos y sus manos. Ponle un dedo suyo dentro de la otra mano y que se lo apriete. Dale algún juguete de goma, que haga ruido al apretarlo.

Antes de que sea capaz de controlar hasta sus vértebras lumbares y quedarse sentado en el baño; cuando tengas que ayudarle de forma relajada y suelta para mantener esta postura, será bueno que le pongas delante diferentes cosas que floten, que sean de colores vivos para que las manipule (rojo, azul, amarillo, verde); muéveselas tú de alguna forma para que las siga con la vista. Si toma alguna de estas cosas y la chupa, no se la quites enseguida, déjale unos segundos. Si tu hijo toca o te muestra cosas con la mano, dile el nombre del objeto.

Enséñale a expresar distintos sentidos con gestos cuando se presente la ocasión. Por ejemplo: si al patalear o palmotear te salpica, haz gestos de sorpresa con las manos levantadas y emitiendo alguna exclamación - ¡Oh! - Lo mismo puedes hacer con expresiones de alegría, consuelo, susto, etc. Seguramente tu hijo aprenderá pronto a imitarlos.

Recuerda que, al vestirle, no le debes confundir nombrando alguna parte del cuerpo cuando estés actuando sobre otra.

Puedes poner objetos limpios dentro del agua (tarrito de plástico, corchos, tapa de algún tarro, esponja, etc.), y deja que el niño juegue con ellos. Esto le servirá para aprender muchas cosas que no le podrías explicar con palabras. Aprenderá solo que algunas cosas se van al fondo (metal), que otras no se hunden (corcho), que el agua se puede meter en el tarro, que aunque las cosas estén situadas en el fondo se siguen viendo, que el agua cuando se golpea salpica (cosa que no ocurre al golpear las paredes de la bañera), que la esponja al apretarla debajo del agua hace globitos, etc. Unos minutos sentado en el bañito con tu ayuda, le servirán para aprender muchas cosas.

Aprovecha el instante que lo tienes sentado en las rodillas para tocarle los dedi­tos uno por uno, la cara, los brazos y háblale suavemente (no importa que no entienda). Ábrele y ciérrale los deditos. Cántale suavemente, hazle cosquillas en las manitas y sube haciéndole también cosquillas por los brazos.

Si te aprieta bien el dedo con su mano, estimúlale a que lo haga con las dos y que se ponga en pie sobre tus muslos. Si al estar de pie sobre tus muslos se le doblan un poco las rodillas, juega a dar saltitos. Si eres animoso y juegas con tu hijo por el suelo, ponte sentado o en cuclillas, toma al niño por las caderas o los muslos y ponlo de espaldas a ti. Examina si sostiene su tronco, si lo inclinas un poco hacia delante.

 

Si te preocupa saber si estás cooperando en el buen desarrollo de tu hijo, hazte las siguientes preguntas:

 

CUESTIONARIO DE AUTOEVALUACIÓN

SI

NO

¿Dejas a tu hijo desnudito en el baño casi sin ayuda para que se sienta más libre y ligero?

 

 

¿Le ayudas a hacer un poco de gimnasia (5 minutos son suficientes pero mejor algo más)?

 

 

¿Estudias los objetos que más le gustan?

 

 

Cuando le secas ¿le masajeas suavemente todo el cuerpo?

 

 

¿Te acuerdas de repetir los sonidos que el niño dice, de nombrarle las partes de su cuerpo?

 

 

¿Podría decir tu hijo que el rato de permanencia en el agua es un rato de felicidad para él, pues de vez en cuando se , acaricia, canta, etc.?

 

 

¿De vez en cuando otras personas bañan a tu hijo (mamá, tíos, hermanos)?

 

 

¿Observas si tu hijo se fija bien en los objetos, si te aprieta el dedo de la mano, si hace intentos o endereza bien la cabeza y la mantiene así?

 

 

¿Observas si tu hijo emite ruidos de garganta?

 

 

 

Si puedes contestar a las preguntas anteriores afirmativamente, quiere decir que estás poniendo todo de tu parte, para que tu hijo se desarrolle normalmente.

2. De 6 a 12 meses

Los procesos de maduración, unidos con la propia socialización del individuo, le van a permitir posteriormente realizar unos tipos de conducta que le caracterizarán frente a los demás seres vivos.

Para nuestro trabajo, intentaremos tener en todo momento presente que el primer sistema de integración, a nivel mecánico, lo constituyen el esqueleto y los músculos, estructuras que posibilitan la marcha erecta, las distintas habilidades y, en definitiva, las respuestas adaptativas de carácter muscular.

EL segundo sistema de integración, lo forma el medio interno del orga­nismo (aparato circulatorio, sistema endocrino).

EL sistema de integración a un máximo nivel y de orden jerárquico superior, es el sistema nervioso central que interactúa con los sistemas de orden inferior, controla su actividad y hace posible el funcionamiento del organismo como un todo funcional unitario, que reaccionará frente al medio, a la vez que está influyendo sobre él.

Intenta comenzar a usar el baño grande (la bañera). Si lo compartes con él, mejor; recuerda que mientras estás con tu hijo en el agua, no sólo le estas proporcionando una actividad interesante y rehabilitadora, sino que debes aprovecharla para desarrollar su inteligencia.

Recuerda que:

Es importante que estés tranquilo, que no hables fuerte, que estés completamente atento/a de tu hijo.

Proporciónate la mínima ayuda posible.

Háblale, nombrándole objetos, prémiale-alábale cuando haga algo bien.

Repasa todo el apoyo escrito que se te dio antes.

No olvides los balanceos (suaves).

Comienza a ponerle la temperatura por debajo de los 35°, no olvides que cuando lo lleves a la piscina, el agua estará a 32°.

Sienta a tu hijo entre tus piernas, que se sienta seguro. Esto no quiere decir que no seas partidario de la «mínima ayuda» siempre que sea posible.

Si tienes la mínima sospecha de que se puede quedar sentadito solo, déjalo:

  • Se dará cuenta que el agua se mueve al manejarla.
  • Que el agua al moverse hace ruido.
  • Que está más tibia que en el baño pequeño.

Seguramente comenzará a mover mucho sus piernas y brazos, déjale, es lo que queremos, que se preparen para sostenerle.

Resultará normal que cuando entregues a tu hijo cualquier objeto, le guste sacudirlo, golpearlo, tirarlo, mientras está sentadito entre tus piernas. Si le recoges el obje­to, lo volverá a tirar, es bueno y el niño no lo hace para molestarte.

Por lo tanto, es bueno que dediques al principio un poco de tiempo al juego, pero como es importante que el niño comprenda que hay momentos para trabajar y momentos para jugar, no tendrás más remedio que dejar los juguetes para otro momento y bañarlo, pues querrá alimentarse aunque de momento no lo manifieste.

Sácale alguna foto de cada uno de estos momentos y se las pones en un álbum, para poder enseñárselas de vez en cuando y poder hablar sobre los diferentes temas.

No olvides responder a sus balbuceos o gestos, repitiendo lo que hace o dice.

Durante este periodo de tiempo que el baño se comparte con otra persona, procura que la altura del agua alcance al niño por la cintura estando sentado.

 

3. Propuestas para los momentos de juego

Fabrícate pulseras de plástico, cortando con un cuchillo frascos de plástico que ya no uses.

Insértale en una cuerda cosas que él pueda mirar, tocar, chupar (trocitos de manguera, anilla de plástico, etc.).

Si tienes trocitos de manguera de plástico de diferentes colores, puedes fabricarle un collar, le resultará muy interesante.

Muéstrale cosas de distintos colores y enséñale a juntar todas las que son, por ejemplo, azules. Después puedes hacer lo mismo con las rojas y luego con las amarillas.

Tómalo firmemente por las manos, levántalo en el aire y deposítalo de nuevo dentro del agua.

Esconde alguna cosa de pequeño tamaño en tu mano y deja que el niño te la abra para recuperarlo. Esconde el objeto en una mano, pásalo a la otra a la vista del niño y pon frente a él las dos manos cerradas para que busque el objeto.

Enséñale a imitar distintos sonidos: el motor, el de la bocina, silencio (sh, sh, ...), etc. Enséñale a sonarse.

Completa las frases que tu hijo te dice incompletas. Por ejemplo: tu hijo te dice: «agua», tu le podrás terminar la frase diciéndole: «mamá, me gusta mucho el agua».

Llena hasta la mitad un recipiente con bolitas o trocitos flotantes y enséñale cómo vaciarlos a otro envase. Trata de que él haga lo mismo. Pídele que recoja lo que caiga fuera. No le dejes solo jugando con ellas y revisa que no quede nada tirado, porque se lo puede tragar.

Puedes meterle en el baño una muñeca de plástico barata junto con algún otro objeto, para que pueda usarlos jugando con la muñeca (no des importancia a que tu hijo sea niño o niña).

Intenta favorecer siempre en tu hijo la expresión de sus sentimientos: frío, calor, risas, abrazos, besos, etc.

Juega con él vaciando pequeñas cantidades de agua de un envase a otro.

Si tu hijo no sabe tomar un vaso para beber, dale uno para que juegue en el baño, colócaselo en las manitas de la forma adecuada y que lo llene de agua para después vaciarlo. Intenta hacerlo tú para que te imite. Cuando tome el vaso sin derramarlo, no te olvides de premiarle.

Déjale alguno de los envases que se destape destomillando la tapa.

Puedes ponerle varios tarros de distintos tamaños destapados. Pídele a continua­ción que ponga a cada uno la tapa que le corresponda.

Resulta difícil objetivar los progresos: por eso, fíjate continuamente en su control de la cabeza y tronco durante los balan­ceos. Además controla muy bien sus seguimientos visuales y su capacidad manipulativa.

De momento estás haciendo bastante.  Tu hijo está en un medio distinto al habitual y tú le estas hablando, le estás mostrando cosas sencillas para que mire, le estás tocando de distintas maneras, le estás moviendo, y así le quitas sin querer singularidad al agua, cuando todo esto lo haces con mimo.

Si tu hijo se mantiene sentadito solo con absoluta tranquilidad, será bueno que le dejes en cada sesión a estas alturas de 5 a 10 minutos tumbadito boca abajo (con poca agua); para que haga lo que quiera por sus propios medios, si bien tú le seguirás de cerca.

Piensa que a estas alturas debe practicar mucho el paso de la posición prono (boca abajo)  a supino (boca arriba), utilizando el apoyo de brazos y por ambos lados, para mecanizar de forma fluida la maniobra de sentarse.

Asegúrate que el fondo de la bañera no es deslizante y, de cualquier forma, toma las medidas necesarias para ello.

Cuando esté sentadito, dale tus dedos pulgares para que los agarre e intente levantarse apoyando sus plantas de los pies sobre el fondo no deslizante de la bañera.

Se supone que tu hijo debe seguir con la mirada objetos que se muevan rápidamente. Lanza algun juguete al aire diciendo «arriba» y que lo siga con la mirada.

Si intenta conseguir un objeto que flota sobre el agua, piensa que es difícil, éste se mueve, quizás tengas que ayudarle.

Si le das dos tarros de distinto tamaño sin tapa, se hundirán. Que aprenda a colocarles la tapa que les corresponda. Al hacerlo bien no se hundirán.

Si puedes fabricar figuras geométricas con corcho, porespan u otro material flotante, proponle como juego  juntar en un montoncito todas las redondas, de cualquier color que sean.

Tu hijo necesita hacer algunas actividades para desarrollar su inteligencia. Algunas las podrá hacer solo si le dejas los materiales necesarios. Otras las tiene que hacer con ayuda:

  1. En un palo, que inserte argollas de diferentes tamaños.
  2. Coloca dentro de algunos envases algo que al niño le guste y anímale para que los abra solo. Haz tú primero de modelo si es necesario.

Pídele que te muestre objetos o partes del cuerpo que le nombres, estimúlale para que intente repetir las palabras.

¿No crees que influye en lo que tu hijo aprende, el hecho de que el se sienta inteligente o torpe?

La opinion que el niño tiene de sí mismo, influye mucho en lo que aprende. Para ayudarle, debes aplaudirle cuando las cosas le resulten bien. Nunca debes decirle o hacerle  sentir  que  es  poco capaz.

¿Es bueno que le estés siempre ayudando? - No - No debes ayudar al niño a hacer las cosas que ya puede o debería hacer solo.

¿En que momento hay que dar el premio? - El premio (elogios, beso) debe darse inmediatamente después que el niño ha hecho algo bien.

Si hace en casa intentos de ponerse de pie agarrándose a al­gún mueble, prueba si le es posible ponerse de pie agarrado a una barra de baño que te puedes fabricar fácilmente, con dos ventosas que tengan relieve para empotrar un palo.

Si crees que tu hijo conoce las diferentes partes de su cuerpo, comienza ahora a enseñarle a mostrar las partes del cuerpo que le nombres. Dile: «muéstrame tu pie» y llévale la mano hasta tocarle el pie y conténtale: «Bravo, ahí te estas tocando el pie». Haz lo mismo con otras partes del cuerpo.

Dale la esponja con un poco de gel y que la manipule, proponle que se embadume algunas partes concretas del cuerpo.

Recuerda que durante los dos o tres primeros meses, tu hijo era feliz estando en su cunita o en su baño pequeño. Después le gusta estar más tiempo en el «corralito» o en el baño grande.

A partir de ahora, estando a punto de conseguir la bipedestación (ponerse en pie), comenzará a sentirse bien en espacios un poco más amplios.

Resulta ser, pues, este un buen momento para que busques una piscina adecuada en la que puedas comenzar a trabajar en compañia de un profesor o terapeuta bien informado.

Si tiene ratitos pasivos agarrado a la barra de baño que le fabricaste, aprovecha para hacerle ejercicios con los deditos, así le inducirás a que utilice sólo una mano para agarrarse. Tómaselos uno por uno empezando por el más pequeño, mientras le dices: «¡este dedito compró un huevo, este lo echó a cocer, este le echó sal, este lo revolvió y este... se lo comió!».

Comienza a enseñarle a contar. Tu hijo no podrá entender todavía qué significan los distintos números, pero sí puede ir aprendiendo los números por orden: uno, dos, tres, etc.

Por ejemplo, al vestirle, le muestras un zapato y luego el otro, mientras le dices: «uno, dos, hay dos zapatos». O bien abriéndole los dedos de la manita y a medida que se los vas cogiendo, le dices: «uno, dos, tres, cuatro, cinco, tienes cinco deditos».

Intenta que tu hijo coopere cuando le vistes. Háblale, mientras lo haces; dile: «levanta las piernas», «siéntate», «mete por aquí una mano», «levanta el pie», etc.

Nómbrale a medida que lo vistes, cada una de las cosas que le pones.

De momento, estás haciendo bastante, tu hijo está en un medio distinto al habitual y tú le estás hablando, le estás mostrando cosas sencillas para que mire, le estás tocando de distintas maneras, le estás moviendo y así le quitas sin querer singularidad al agua, cuando todo esto lo haces con mimo.

No obstante, si aún te preocupa saber si estás cooperando en el buen desarrollo de tu hijo, hazte las siguientes preguntas:

 

 

CUESTIONARIO DE AUTOEVALUACIÓN

SI

NO

¿Compartes el baño con tu hijo?

 

 

¿No te molestará que tu hijo sacuda, tire, los objetos cuando estéis dentro del baño?

 

 

¿Le sacas alguna foto en alguno de los momentos sugeridos en este programa?

 

 

¿Le pones el nivel del agua por la cintura cuando está sentado en el fondo de la bañera?

 

 

¿Le fabricas juguetitos de colores y le pides que los agrupe por determinados colores también,  o dentro de esos  colores,  por determinadas formas concretas?

 

 

¿Le escondes cositas, para que las busque?

 

 

¿Le enseñas a vaciar tanto el agua como otras cositas flotantes, de un recipiente a otro?

 

 

¿Le enseñas a imitar diferentes sonidos?

 

 

¿Le refuerzas la expresión de sus sentimientos?

 

 

¿Le estimulas a que tape y destape frascos de rosca?

   

¿Le haces jugar lanzándole cosas para observar sus seguimientos visuales?

   

¿Jugáis a nombrar las diferentes partes del cuerpo señalándolas?

   

  

Si puedes contestar afirmativamente a las preguntas anteriores, quiere decir que estás poniendo todo de tu parte para que tu hijo se desarrolle normalmente.