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Actividades precursoras del lenguaje

Libby Kumin, Ph.D., CCC-SLP
Loyola University (Maryland, USA)

 

Sumario

  1. Habilidades propias de la comunicación temprana
  2. Habilidades previas que son esenciales para el lenguaje
  3. Habilidades de atención
  4. Habilidades visuales
  5. Habilidades auditivas
  6. Habilidades táctiles
  7. Habilidades imitativas y de modelado  
  8. Habilidades cognitivas (permanencia del objeto, causa y efecto, utilizar medios para conseguir un objetivo, conocimiento referencial)
  9. Habilidades prelingüísticas.
  10. Conclusión

 

Indudablemente estarás deseando oír la primera palabra de tu hijo. Sin embargo, tendrán que producirse muchos pequeños avances antes de que esto ocurra. Cuando sepas la cantidad de dificultades a las que tienen que enfrentarse los bebés, los niños pequeños, y los niños mayores para dominar el habla y el lenguaje, podrás valorar también sus triunfos a medida que se vaya cubriendo cada etapa. En vez de estar esperando a oír esa primera palabra, habrás de festejarlo a lo largo de las múltiples ocasiones que se os irán presentando en el camino que vais a recorrer. También te darás cuenta de que existen muchas formas en las que puedes ayudar a tu hijo con el lenguaje, la comunicación y el habla, antes de que él empiece a hablar. No tienes que esperar pasivamente, porque vas a ayudar activamente a tu hijo a trabajar en las habilidades “precursoras” —requisitos previos— en las que se basan la comunicación, el lenguaje y el habla. Estas habilidades también se conocen con el nombre de habilidades pre-lingüísticas o precursores lingüísticos. Las clasificamos en habilidades comunicativas, habilidades del pre-lenguaje y habilidades de la pre-habla. En este artículo vamos a describir, primero, cada una de estas habilidades precursoras. Después, presentaremos las actividades diseñadas para contribuir a desarrollar tales habilidades.

Una vez que hayas entendido el objetivo de la práctica de una determinada actividad, podrás variar dicha actividad con tu hijo. Por ejemplo, si el objetivo es que tu hijo te mire y se centre en tu cara, y resulta que tu hijo hace eso cuando cantas una canción específica, o cuando haces determinado gesto gracioso, utiliza esas actividades con él. Realiza estas prácticas como parte de tus actividades cotidianas, y no como un tiempo independiente y especialmente dedicado por separado a dichas prácticas, porque los niños con síndrome de Down aprenden mejor cuando las prácticas forman parte de su vida diaria. Si te parece que tu hijo se siente frustrado o cansado, deja la actividad y realízala en cualquier otro momento. A veces, los niños con síndrome de Down necesitan prácticas más breves y más frecuentes, ya que sus periodos de atención suelen ser más cortos.

Especialmente en el caso de que tu hijo no esté recibiendo aún servicios específicos de habla y lenguaje en su programa de intervención temprana, necesitas obtener información, de forma que puedas trabajar con él en casa para desarrollar las habilidades fundamentales necesarias para aprender a comunicarse, a utilizar el lenguaje y a hablar. Prepárate a ser paciente, pero también disfruta viendo cómo tu hijo desarrolla la comunicación, el lenguaje y el habla. Es un proceso de aprendizaje fascinante, e irás viendo sus progresos en muchas áreas. Regocíjate con los pequeños avances. Que tu hijo note lo feliz que te hacen sus progresos. Sé generosa en abrazos y en sonrisas. Con paciencia y con práctica, la mayoría de los niños con síndrome de Down consiguen desarrollar todos los elementos precursores de la comunicación y del lenguaje descritos en este y sucesivos artículos en sus primeros tres o cuatro años de edad.

1. Habilidades propias de la comunicación temprana

Una gran parte del aprendizaje de la comunicación tiene lugar antes de que tu hijo comience a hablar o a utilizar otro sistema de lenguaje formal. Las habilidades de comunicación temprana que son fundamentales para la comunicación posterior incluyen las siguientes:

  • Intención de comunicarse
  • Alternancia o cambio de turnos,
  • Demanda, es decir, razones para comunicarse,
  • Protesta,
  • Involucrarse, implicarse, y
  • Comunicación social. 

1.1. Intención de comunicarse

La intención de comunicarse es, como tal, la habilidad elemental más importante, porque conduce al ulterior desarrollo comunicativo y al deseo creciente de comunicarse. La intención de comunicarse es el conocimiento y la comprensión de que, mediante la comunicación, podemos ejercer influencia sobre nuestro entorno y obtener resultados. Por ejemplo, si lloras, alguien acudirá a aliviar tu sufrimiento; si haces ruidos, atraerás la atención de los demás. Las investigaciones llevadas a cabo en niños que viven en instituciones, han demostrado que si ellos no reciben ningún tipo de atención cuando lloran, gritan o hacen ruidos, sus llantos, gritos y ruidos disminuyen. Dicho de otro modo, los niños que no obtienen respuesta a sus tentativas de comunicación, dejan de intentar comunicarse.

La mejor forma de ayudar a tu hijo a desarrollar su intención de comunicarse es responderle. Ni siquiera tienes que esperar hasta que él se comunique realmente. Empieza por interpretar sus sonidos, e incluso sus movimientos, como parte de la comunicación. Si tu hijo da pataditas, piensa que te está pidiendo que juegues con sus pies. Respóndele jugando a algún juego con sus dedos, o pon un globo cerca de sus pies, para que él pueda golpearlo. Ponle cascabeles en sus calcetines, para que cuando mueva los pies los oiga tintinear. Háblale sobre lo que está pasando y sobre el hecho de que él está haciendo sonar esos cascabeles: “Estás moviendo tus pies. Muévelos, muévelos, muévelos. Estás haciendo sonar estas campanitas.” Si tu hijo señala su osito de peluche, dale el osito y llámalo “osito”. Interpreta sus miradas, sus golpecitos, sus ruidos y sus señales como el deseo que tiene tu hijo de comunicarse contigo. Demuéstrale con tus acciones que le has oído, y que su comunicación puede tener resultados. Esa es una motivación muy poderosa para seguir comunicándose más.

En definitiva, sé sensible para responder a su iniciativa. Cuando veas que tu bebé está haciendo alguna señal y esperando tu respuesta, o cuando te parezca que él está esperando a que tú le respondas, sabes que él entiende la intencionalidad comunicativa. Cuando hace ruidos y se vuelve para moverse hacia el biberón que se la ha caído de la cuna, y después señala y emite sonidos, está comprendiendo la intencionalidad de la comunicación. Está entendiendo que el emitir sonidos afecta su entorno. Demostrará su intención comunicativa señalando y emitiendo sonidos mucho antes de que empiece a usar palabras.

Si tu hijo no intenta iniciar las interacciones comunicativas para conseguir efectos en su entorno, deberás investigar la causa. Puede que necesite técnicas especializadas de entrenamiento, para ayudarle a desarrollar la conciencia de que su comunicación puede ayudarlo a obtener lo que quiere. Para el desarrollo de estas habilidades podrían ser útiles las prácticas descritas en el Sistema de Comunicación Mediante Intercambio de Imágenes, que se utiliza en niños autistas.

1.2. Alternancia de turnos

Cuando los seres humanos se comunican, alternan sus turnos. Uno es el hablante y otro es el oyente, y pueden intercambiar sus roles comunicativos como hablante y oyente. La forma de enseñar a los bebés y a los niños pequeños a desarrollar esta habilidad, consiste en crear y modelar oportunidades de alternancia de turnos. Puedes comenzar a practicar el cambio de turnos con cosas simples, como tamborilear en un lado de la cuna. Si tu bebé tamborilea en su sillita o en un lado de la cuna, tamborilea después tú en un lado de la cuna, luego espera y dale su turno para que él vuelva a dar sus golpecitos. Cuando tu bebé emita sonidos, imita tú esos sonidos. Puede que se trate de grititos o de susurros, o de cualquier otro sonido, y probablemente no serán sonidos verbalmente reconocibles ni palabras hasta pasado mucho tiempo. Después, espera y dale tiempo a tu hijo para que tome su turno y emita más sonidos.

Actividades en casa

  • Cuando tu bebé ya sepa imitar y realizar mejor un movimiento, como por ejemplo golpear un tambor de juguete, usa este juego del tambor para practicar la alternancia de turnos. Golpea tú durante un par de segundos, y luego alcánzale el tambor a tu hijo. Si fuera necesario, ayúdalo poniendo tu mano sobre la suya para que él toque el tambor. Cuando él haya terminado, vuelve a coger el tambor y toma tu turno. Recalca los turnos diciendo “el turno de mamá” (o “le toca a mamá”), o “el turno de Santi” (o “le toca a Santi”). La finalidad de esta actividad no es que tu hijo aprenda a tocar bien el instrumento musical, sino que aprenda a alternar turnos contigo. Haz que tanto tus turnos como los suyos sean breves, para que él pueda aprender el cambio de turnos. Los hermanos que ya hayan aprendido a compartir su tiempo pueden ser grandes aliados en este tipo de actividad. Puedes demostrar, o hacer de modelo en esta actividad, usando a un hermano o hermana: “el turno de mamá”, “el turno de Pedro”, “el turno de Fran”, “el turno de mamá”. Hay muchos juguetes musicales, como campanitas, xilófonos, pianos, o bloques recubiertos de papel de lija, que se prestan bien para la práctica de la alternancia de turnos. Dependiendo del interés de tu hijo en el juguete, puedes demostrarle cómo se usa el juguete musical primero, o dejarlo que explore por sí mismo los sonidos que hace el juguete, antes de intentar cambiar de turno con él.
  • Hacer rodar las pelotas hacia delante y hacia atrás es otra forma de practicar la toma de turnos. Las pelotas de playa resultan una elección excelente para enseñar el cambio de turnos, ya que son coloridas, ligeras y fáciles de mover y de echar a rodar. Echa a rodar la pelota hacia tu bebé, y luego deja que él te la devuelva rodando. O bien, si todavía no se sienta, dale la pelota y vuélvela a coger cuando él te la tire. Cuando hagas rodar la pelota, di “el turno de mamá”. Cuando tu hijo te la lance, di “el turno del bebé”, o bien usa su nombre.
  • Haz un túnel con una caja de zapatos u otra caja. Haz rodar un automóvil de juguete a través del túnel, para que tu bebé te lo vuelva a enviar a través del túnel. Destaca la acción diciendo “el turno del bebé”, o “el turno de papá”. Hay variaciones infinitas de este juego.
  • Muchos juegos y canciones rutinarios de los niños fomentan el cambio de turnos. Entre estos se encontrarían hacer “¡cu-cu!” ocultando la cara con las manos y descubriéndola después, dar palmaditas en las manos del otro, recitar con los gestos correspondientes “Este cerdito fue el mercado,…”, etc. El juego de cu-cu es particularmente bueno, porque permite a tu hijo practicar los roles tanto del que inicia como el del que responde. Cuando se cubre la cara con la manta, es él quien inicia el juego. Cuando se la descubre, es él quien está respondiendo. Otro beneficio de este juego es que tiene infinitas variaciones –por ejemplo, con una toallita durante el baño, con un mantel individual en un restaurante-, lo que lo hace muy útil para la generalización y el aprendizaje. 

1.3. Demanda/Protesta              

Los bebés tienen infinitas y diferentes razones para comunicarse. La más frecuente es pedir algo. Puede que tu bebé llore para pedir su biberón, o para rechazarlo, o quiera tenerte cerca para que le sigas haciendo muecas graciosas. A lo mejor pone su mano sobre su cabeza, porque quiere que lo cojas, o susurra y balbucea porque se siente satisfecho, y calentito y seco, después de haber tomado tu biberón y después de haber sido cambiado.

Por medio de los intentos comunicativos, los bebés aprenden que su comunicación influye sobre lo que sucede en su entorno. Al demandar/protestar, están actuando basados en ese conocimiento. Se comunican para que sucedan cosas; para pedir lo que quieren, y para protestar contra lo que no quieren. La demanda y la protesta hacen posible que tu hijo envíe mensajes potentes. Por eso, cuando se utiliza el lenguaje de las señales como puente hacia el lenguaje hablado, las primeras señales que se enseñan suelen ser más y se terminó, o ya está. Estas señales permiten a tu hijo continuar haciendo lo que quiere (oír música o jugar), y dejar de hacer lo que ya no quiere.

Observa cómo protesta tu bebé.  ¿Llora o intenta apartar algo? ¿Cierra los ojos para tratar de impedir la cosa o el suceso contra los que protesta? ¿Qué situaciones le hacen protestar? ¿Prefiere las cosas suaves y protesta contra lo que le raspa o le pica? ¿Le disgusta sentirse húmedo o frío? ¿Protesta a la hora del baño? Intenta determinar si ciertos mensajes sensoriales le resultan incómodos. Es posible que esté teniendo dificultades para procesar algunos tipos de sensaciones, y eso puede trabajarse con una terapia de procesamiento sensorial. La protesta le da poder a tu hijo. Responder a sus protestas ayuda a fomentar sus intentos comunicativos.

1.4. Involucrarse / Implicarse

¿Cómo atraemos la atención de alguien? ¿Cómo comenzamos y continuamos la interacción? Involucrando a la otra persona, capturando sus miradas y su atención y estando con ella. Con frecuencia, los bebés nos miran, y sonríen o se ríen. Están atrayendo nuestra atención. Por lo tanto, la involucración precisa contacto visual y atención continuada.

Se le enseña a un niño a involucrarse, actuando nosotros como modelos de conducta. Cuando mires a tu hijo, establece contacto visual a su nivel. A veces, deberás agacharte para ello; otras veces tendrás que levantar a tu hijo hasta el nivel de tus ojos. Entonces, háblale al niño, salúdalo y señala cosas interesantes de su entorno. Pronto observarás que tú bebé comienza a hacerte lo mismo a ti. Te mirará, te sonreirá y emitirá sonidos. Cuando aprenda a desplazarse, atraerá tu atención tocándote, tirando de tu pierna o de tu brazo, y retendrá tu atención sonriéndote, haciéndote muecas e intentando hacerte saber, a través de sonidos y gestos como el señalar, lo que él quiere hacer.

1.5. Señales de comunicación social

Los gestos sociales son movimientos corporales utilizados para comunicarnos. Normalmente, adoptan la forma de saludos, como hacer señales de hola y adiós, o movemos la cabeza para decir que sí o que no, o damos besos volados. La mayoría de los intentos de comunicación temprana de los bebés son no verbales e interactivos; pueden ser expresiones faciales, como la sonrisa, o emisiones de sonido, como la risa, el llanto o el gruñido. Los intentos de comunicación social temprana consisten normalmente en gestos y en movimientos corporales, que se usan para interactuar con los demás. Generalmente, los bebés y los niños pequeños con síndrome de Down sienten el deseo de interactuar con los demás y son socialmente receptivos. Lo bueno para tu hijo es que estos intentos comunicativos los entiende fácilmente la mayoría de la gente. Por eso obtiene una respuesta entusiasta de los que le rodean, cuando él dice adiós con la mano.

Actividades en casa

  • Practica haciendo el gesto de saludar. Pon tu mano sobre la suya, y ayuda a tu bebé a mover su mano. No uses la imitación, porque tu bebé probablemente se saludaría a sí mismo, puesto que eso es lo que está viendo. Saluda continuamente con la mano, cada vez que veas a una nueva persona, o saluda a los objetos de tu entorno. Di, “Dile hola a la abuelita. Dile hola al tío Juan”, etc. En estos momentos, le estás enseñando a tu hijo el significado de “hola” y también el gesto.
  • Realiza la misma actividad descrita anteriormente, pero esta vez para decir adiós. Di, “Dile adiós a…”
  • Lee un libro con tu hijo en el que se resalten los gestos sociales, como “Buenas Noches, Luna”.
  • Utiliza una marioneta y di, “Dile hola a la marioneta”, cuando aparezca, y “Dile adiós a la marioneta”, cuando se ésta se esté marchando.
  • Pon en fila todos los animales de peluche, las muñecas o los muñequitos. Camina por la habitación, y dale pie a tu hijo diciéndole: “Dile hola al osito Bo. Dile hola al osito Paddington. Dile hola a Betsy. Dile hola a Pooh. Dile hola a Raggedy Ann… (una muñeca de trapo)”.
  • Practica saludando a un hermano o hermana, entrando y saliendo de la habitación.

2. Habilidades previas que son esenciales para el lenguaje

A medida que tu hijo va superando el aprendizaje de las habilidades de comunicación temprana y hasta que sea capaz de aprender el lenguaje y de utilizarlo, se produce un proceso de madurez y de crecimiento. Las habilidades previas esenciales para el lenguaje son las siguientes:

  1. Habilidades de atención,
  2. Habilidades visuales,
  3. Habilidades auditivas,
  4. Habilidades táctiles,
  5. Habilidades imitativas y de modelado,
  6. Habilidades cognitivas (permanencia del objeto, causa y efecto, utilizar medios para conseguir un objetivo, conocimiento referencial), y
  7. Habilidades prelingüísticas.

Recuerda que el lenguaje se basa en las experiencias sensoriales del entorno de tu hijo. De modo que él tiene que recibir y dar sentido a la información de su entorno, para poder aprender a catalogar y a nombrar esas experiencias. De acuerdo con las investigaciones, los niños aprenden a manejar la información sensorial en un orden determinado. Los niños progresan desde las habilidades táctiles a las habilidades visuales, después a las auditivas, y sólo entonces estarán listos para aprender a dominar las habilidades del lenguaje y las cognitivas (Ayres, 1980). Estas habilidades táctiles, visuales y auditivas nos ayudan a avanzar en el camino hacia el habla y el lenguaje (Ayres & Mailloux, 1981). Estas habilidades son las que nos ayudan a aprender los sonidos y las palabras, y nos posibilitan establecer circuitos o bucles de respuesta entre los ojos, los oídos, la boca, los labios, la lengua y la mandíbula y el cerebro.

3. Habilidades de atención

Atención significa ser capaz de centrarse en una persona, objeto o suceso. Observamos esta habilidad en un niño cuando éste se fija en las caras de sus padres, y cuando escucha atentamente los sonidos de su entorno. Las habilidades de atención se enseñan mediante las experiencias sensoriales y mediante el juego. Por ejemplo, tu hijo aprende la atención visual, cuando le ayudas a explorar visualmente los objetos y a centrarse en los objetos y en las caras de su entorno. Le enseñas la atención auditiva proporcionándole experiencias como la de oír música, e incrementando los lapsos de tiempo en que tu hijo se centra en la escucha. Este aprendizaje exige que los órganos de los sentidos funcionen adecuadamente. Es importante revisar regularmente la vista y la audición, para tener la certeza de que ambos son capaces de respaldar los intentos de aprendizaje de tu hijo. Los objetivos consisten en ir enseñando a tu hijo a centrarse y en ir aumentando los periodos de tiempo en que tu hijo mantiene su atención.

4. Habilidades visuales

4.1. Percepción visual

La recepción visual es la habilidad para utilizar el sentido de la vista. Depende de la habilidad física para ver, así como de la habilidad para entender lo que se ve. Los problemas de visión son bastante comunes en los niños con síndrome de Down. De ahí la importancia de que a tu hijo le revise periódicamente la vista un pediatra o un oftalmólogo. Las actuales (2011) recomendaciones de la Academia Americana de Pediatría son las siguientes:

  • Entre la edad comprendida desde el nacimiento hasta el primer mes: examen ocular para detectar si existen cataratas.
  • Entre el primer mes y los 12 meses de edad: consulta con un oftalmólogo (médico especialista de las enfermedades de los ojos), para que éste evalúe las posibilidades de estrabismo, nistagmo, cataratas.
  • De 1 a 5 años: revisiones pediátricas de la vista en cada una de las visitas rutinarias del niño a su pediatra.
  • De 5 a 13 años: revisión ocular cada 2 años.
  • A partir de los 13 años: revisiones oculares cada 3 años.

Naturalmente, si a tu hijo se le diagnostica algún problema de visión, o si a ti te preocupara algo concreto sobre los ojos o la visión de tu hijo, habrás de recurrir al oftalmólogo con más frecuencia.

4.2. Reciprocidad de la mirada

Mirada recíproca, mirada de la conversación y mirada comunicativa son términos diferentes que se utilizan para denominar lo que normalmente se conoce como contacto visual. La mirada recíproca significa que yo te miro y tú me miras. En la cultura americana, las personas interpretan el hecho de que las mires como señal de que las están escuchando, y el hecho de que no las mires, como señal de que no tienes interés o no estás escuchando. Expresiones habituales como “Me miró a los ojos”, o “Estaba ocultándome algo; no me miraba a los ojos” ejemplifican la interpretación que se da en la cultura americana a la mirada recíproca. En otras culturas, como en las culturas africanas, apartar la mirada es una señal de respeto, y mirar a alguien directamente a los ojos se interpreta como una señal de agresión. Por lo tanto, depende de la cultura el uso adecuado o aceptable del contacto visual.

Para que los niños aprendan a hablar y a descifrar las expresiones faciales, necesitan sintonizar con las caras de las personas que les rodean. Atrayendo el interés y la atención del niño, e incrementando el tiempo que pasa mirándote a la cara, le enseñará estas importantes habilidades y le servirá de práctica para las mismas. Se ha demostrado numerosas veces que la visión que más fascina a un niño pequeño es la del rostro humano. No te cuesta nada mostrar una cara animada, salvo tu tiempo, y sin embargo es fuente de infinito entretenimiento para un bebé o un niño pequeño.

Debido al bajo tono muscular, es probable que a los niños con síndrome de Down les cueste más erguir la cabeza. Las dificultades visuales pueden hacer que les resulte más difícil enfocar tu cara. Por ello, tendrás que prestarle más poyo a tu hijo en la cabeza y en el cuello, y compensar sus dificultades visuales, siguiendo las indicaciones de tu pediatra o de tu oftalmólogo. La mirada recíproca es una importante habilidad, y los niños con síndrome de Down, por lo general, la practican y dominan tempranamente en su desarrollo antes de su primer año.

Actividades en casa

  • Coloca a tu bebé, de manera que su visión se mantenga al nivel de tu cara, y a no más de ocho o doce pulgadas de distancia de tu cara. Puedes sostenerlo en el aire, o sobre tu regazo mirándote de frente, o puedes sentarte cerca de su sillita o de su cuna, de manera que mantengan el mismo nivel ocular. Para atraer su atención, acércale tu cara y háblale con un tono de voz agudo. Dile: “Ahora te estoy viendo. Eres un bebé muy lindo.” Ponle caras divertidas o sonríele. Haz ruiditos, y saca y mete tu lengua mientras haces ruidos graciosos. También puedes cantarle. Cualquier movimiento facial y cualquier sonido divertido estarán bien mientras consigan atraer el interés de tu bebé. A los hermanos les gusta ayudar en este tipo de actividades, especialmente cuando el bebé ya tiene la edad suficiente como para reaccionar ante ellos riendo.
  • Comienza a interactuar con tu hijo poniéndote físicamente cerca de él, y acercándote a su cara y alejándote después. Acércate mucho, y después ve alejándote despacio.
  • Cuando estés mirando a tu hijo a los ojos, hazle sonidos o gestos. Cántale una canción cortita, o llámale por su nombre. Haz cualquier cosa para atraer su atención. Cuando termines, aparta la mirada, o aleja al niño.
  • Si tu hijo no te mira o no consigue establecer contacto visual, dirige su cara con suavidad, de forma que quede mirándote. Trata de mantener su interés cantando, haciendo muecas divertidas, etc.
  • Cuando tu hijo te mire, piensa que se inicia la mirada recíproca. Comienza a sonreírle, o dile: “Te veo”.
  • Haz que tu cara resulte todavía más interesante a su vista, introduciendo sorpresas. Por ejemplo, ponte una pegatina en las mejillas o en la frente. O bien, ponte unas divertidas gafas de sol (como ésas que tienen forma de corazón, de estrella, o que tienen orejas de conejo, ranas u otras figuras de animales). Usa estos accesorios con moderación, y cuando tu hijo no los espere. Así mantendrás su mirada. ¡Nunca sabrá lo que va a encontrarse!
  • Cuando tu hijo sea capaz de utilizar la mirada recíproca, refuerza ese aprendizaje mediante el juego. Los juegos como el de cu-cu son particularmente buenos. Para los niños mayores, podrás jugar a “Simon Says” [Juego en el que se dan instrucciones verbales para realizar, a continuación, una acción determinada: saltar, sacar la lengua, etc.]; “HoKey Pokey” [Danza participativa, con una determinada melodía y con la estructura de una canción]; o al juego de “Cabeza, Hombros, Rodillas y Dedos de los Pies”, pues son todas actividades muy útiles para promover la habilidad de la mirada recíproca.
     

4.3. Seguimiento visual

El seguimiento visual, o la capacidad de seguir con los ojos el movimiento de un objeto a medida que éste se desplaza, es una habilidad importante para el aprendizaje del lenguaje. Esta habilidad, a veces se denomina persecución o rastreo visual. Es una habilidad que ayuda a los niños pequeños a aprender cosas sobre el mundo que les rodea. Tu hijo podrá aprender mejor el nuevo vocabulario, si puede mirar contigo a algo que se mueva, como una ardilla o un avión, mientras tú lo nombras. Una de las formas de estimular el desarrollo del seguimiento visual consistiría en darle objetos coloridos e interesantes que puedan hacerse mover, así como usar sonidos atrayentes para ayudar a tu hijo a centrarse en esos objetos.

Es frecuente que los niños con síndrome de Down necesiten más práctica y más estimulación para aprender el seguimiento visual, pero generalmente suelen adquirir esta destreza en su desarrollo temprano.

Actividades en casa

  • Mueve un animal de peluche hacia la derecha del campo visual de tu hijo, y después hacia la izquierda. Haz los sonidos correspondientes al animal en cuestión. Puedes decir “beee, beee” con una ovejita de juguete, o cantar alguna canción sobre ovejitas para atraer la atención de tu bebé.
  • Haz pompas de jabón, usando diversas varitas. Observa cómo se mueven las pompas, y atrae la atención de tu bebé haciendo estallar las burbujas, mientras le dices “pop, pop, pop”. La finalidad de este ejercicio es mirar las burbujas y seguirlas con la vista mientras ellas se mueven lentamente por el aire. Tu bebé puede comenzar a imitarte haciendo estallar las pompas. Más adelante, podrás usar el mismo ejercicio, y él podrá ir diciendo “pop, pop, pop”, mientras rompe las burbujas.
  • Usa un juguete grande y atrayente, como por ejemplo un payaso que tenga partes móviles. Sostenlo derecho junto a tu cara. Cuando tu bebé lo mire, vete alejándolo muy lentamente de tu cara. Sigue el movimiento del juguete con tus propios ojos. Si también haces sonidos mientras mueves el juguete, atraerás aún más la atención de tu bebé. Puedes usar juguetes ruidosos o sonoros, o puedes hacer tú misma los sonidos vocales para acompañar los movimientos.
  • A medida que vayas alejando el juguete de ti y de tu bebé, ve elevando el tono de tu voz. Cuando vuelvas a mover el juguete hacia ti y hacia tu bebé, baja el tono de tu voz. Toda variación interesante de tu voz servirá para atraer la atención de tu bebé.
     

4.4. Atención visual

Para aprender los conceptos del lenguaje, resultará de gran ayuda que tu hijo pueda prestar atención visual a un objeto, es decir, que aprenda a mirarlo durante un periodo de tiempo prolongado. Por eso, una vez que tu hijo haya aprendido a mirarte, a mirar un objeto y a seguir con la vista un objeto que se mueve, querrás que siga mirando y prolongar el tiempo en que él mire a ese objeto. ¿Cómo puedes ayudarlo a aprender a atender visualmente –a prestar atención visual-? Pues utilizando tu propia voz, tu alegría y tu mirada para conseguir que él se centre en los objetos. Usa sonidos para ayudar a tu bebé a mantenerse interesado en mirar y en explorar. Por ejemplo, dile “Mira eso”, y entonces mira con él a una hormiga que se esté moviendo por el suelo. O centra su atención en un juguete que le resulte interesante, como una caja de música, y ayúdale a explorar todo lo que el juguete puede hacer. Míralo, tócalo, dale cuerda y oye la música. Los niños pequeños se llevarán los juguetes a la boca y después los tirarán. Lo que queremos es prolongar el interés visual del niño y la exploración visual del objeto en cuestión.

4.5. Mirada referencial

Mirada referencial quiere decir centrar la vista en un objeto y mirarlo atentamente. Esta habilidad también se conoce con los nombres de mirada conjunta, enfoque compartido, atención conjunta, y contemplación visual. Al principio, tu bebé puede mirar simplemente a un objeto. Respondiendo a su impulso, tú puedes nombrar o destacar ese objeto. En la segunda fase, la de la mirada compartida, tu bebé te mira, sigue la línea de tu visión y mira y presta atención a lo que tú estés mirando. Puedes incentivar esta habilidad, haciendo también indicaciones verbales a tu bebé: “Mira ese pájaro”.

La mirada referencial es una de las bases sobre las que se sustenta el aprendizaje de los nombres de las cosas. Para aprender el nombre de algo, tu niño ha de poder mirar el objeto en cuestión cuando tú también lo estés mirando, y recordar su apariencia. Cuando tú nombres el objeto, tu hijo ha de poder mirarlo para establecer la conexión entre el nombre que escuche y el objeto que ve.

La postura puede servirte de ayuda para ayudar a tu hijo a practicar la mirada recíproca y la referencial. Para la mirada recíproca, sostén a tu hijo de forma que quede mirándote a los ojos, o coloca su sillita o transportador sobre una mesa, de manera que tú quedes al nivel de sus ojos. Para la mirada referencial, coloca al niño en tu regazo, de forma que ambos quedéis mirando en la misma dirección. Mantén el juguete o el libro frente a ambos, de manera que los dos podáis mirarlo al mismo tiempo.

Actividades en casa

  • Cuando veas a una persona muy familiar, o veas un juguete favorito, mueve la cabeza claramente para mirar el objeto o a la persona, y luego di: “¡Mira: papá!”. También puedes señalar a la persona o al objeto y utilizar un tono de voz alto y teatral para lograr que tu hijo centre su atención en ese objeto.
  • Como parte de tus actividades diarias, nombra los objetos tan pronto como veas a tu hijo mirándolos. Centra su atención en el objeto, usando un tono de voz animado, o yendo a buscar el objeto junto con tu hijo. Por ejemplo, “Aquí tienes tu biberón”, o bien, “Vamos a buscar el patito de goma. Aquí está.” O, “Estoy viendo una galleta. Aquí está.”
  • Léele cuando lo tengas sentado sobre tu falda, de forma que, en vez de mostrarle las páginas, las estéis mirando juntos. 

5. Habilidades auditivas

5.1. Percepción auditiva

La percepción auditiva hace referencia a la capacidad física de oír, así como de recibir mensajes a través del oído. Los niños con síndrome de Down tienen más riesgo de pérdida auditiva, por ello es de especial importancia que tanto el pediatra como el otorrinolaringólogo revisen su audición con regularidad, y traten cualquier problema de audición (Cohen et al., 1999, Roizen et al., 1994, Shott, 2000). Las pruebas auditivas pueden iniciarse transcurrido poco tiempo después del nacimiento.

Las infecciones óticas (otitis media serosa) y la inflamación del oído medio con acumulación de fluido (otitis media exudativa) son los problemas más comunes relacionados con la audición. El líquido interfiere la transmisión del sonido, y el resultado es una pérdida auditiva fluctuante. Resulta difícil para los bebés y los niños pequeños aprender a escuchar y a prestar atención a los sonidos, si a veces pueden oír claramente los sonidos, y otras veces, no.

5.2. Atención auditiva

Una vez te hayas cerciorado de que tu hijo puede oír los sonidos ambientales y las palabras, podrás comenzar a practicar a escuchar o a “prestar atención” a los sonidos. El objetivo consiste en ir prolongando el tiempo que tu bebé presta atención a los sonidos.

Te resultarán muy útiles las canciones y los juegos musicales si los acompañas, además, con los movimientos de tus manos, ya que así atraerás la atención de tu hijo tanto a la escucha como al movimiento, y conseguirás mantener su interés durante más tiempo. Las canciones con movimientos de las manos también están disponibles como aplicaciones para el IPhone u otros teléfonos móviles. Puedes usar música y cintas magnetofónicas con grabaciones de sonidos familiares, juguetes del tipo “Ve y Repite” (consistentes en tirar de una cuerda y en oír el sonido asociado con la imagen a que apunta la flecha), y juguetes musicales de cuerda, ya que todos ellos ayudan a los niños a prestar atención a los sonidos. Hay libros que también pueden reforzar los conceptos de la escucha de los sonidos. Leer sobre sonidos diferentes es una forma excelente de ayudar a tu hijo a prepararse para oír atentamente los sonidos del habla.

5.3. Localización del sonido

La localización del sonido se refiere a la capacidad para volverse hacia la fuente de donde procede un sonido cuando lo escuchamos. A medida que tu bebé se va desarrollando, no sólo se volverá, sino que también buscará la fuente de la que procede el sonido, y se fijará en ella. Escuchar a una persona o a varias personas en una conversación, depende de la habilidad para localizar el sonido y para escuchar la fuente de donde procede.

Actividades en casa

  • *Utiliza varios objetos productores de sonido: silbatos, campanitas, celofán arrugado en tu mano, aplausos. Al principio, haz el sonido frente a tu hijo, para que él pueda ver qué es lo que lo está produciendo. Luego, haz el sonido de forma clara, pero a un lado de tu hijo. Si él no se gira, dile “¡Escucha!”, repite el sonido, y dile “¿Qué fue eso?”, o bien “¡Mira eso!”. Después muéstrale la fuente de la que procede el sonido. Haz el sonido de forma que él pueda ver y oír, luego mueve el objeto productor del sonido hasta que quede fuera de su vista, y vuélvelo a intentar.
  • Si tu hijo tiene dificultades para volverse hacia la fuente del sonido, ponlo en tu regazo, sin que él vea la fuente del sonido. Haz el sonido. Dile, “¿Oíste eso?”, y gira a tu hijo hacia la fuente del sonido. Dale un premio, como un beso y una gran sonrisa por haberse girado. Algunos niños responden bien si realizan esta actividad junto con su madre o su padre, sentados ambos en una silla giratoria. Haz que un amigo o un hermano hagan sonar una campana, o pon una cinta magnetofónica fuera del alcance de la vista de tu hijo, a un lado. Dile: “¿Oíste esa campana?”  Luego, haz girar la silla y mira directamente a la fuente del sonido. “Allí está la campana.” Después, haz que la otra persona, si fuera el caso, vuelva a hacer sonar la campana dentro del campo visual de tu hijo, para reforzar así la conexión entre la campana y el sonido. Haz prácticas de localización de sonidos muchas veces al día, por periodos cortos. Si tienes sillas o taburetes giratorios en la cocina, en el comedor o en tu escritorio, realiza esta actividad siempre que tú y tu hijo estén sentados en ellos. Haz de esta actividad parte de tu vida diaria, sin dedicarle un tiempo separado para practicarla. 

5.4. Cómo prestar atención a los sonidos

Cuando hayas comprobado que tu hijo ya es capaz de oír los sonidos, podrás ayudarlo a practicar, para que aprenda a escuchar o a prestar atención a los sonidos. Tu hijo tiene que aprender a diferenciar los sonidos que son importantes que oiga (las voces de las demás personas, el ring del teléfono), de los que no lo son (el tic-tac del reloj, el sonido de puesta en marcha y parada del motor de la nevera). De lo contrario, si hubiera demasiados sonidos simultáneos en el entorno, tu hijo podría aprender a desconectarse de los sonidos, en vez de a escucharlos. Esto se denomina discriminación figura-fondo, es decir, la capacidad de distinguir entre el sonido primario y el sonido o ruido ambiental. Las actividades de escucha que damos a continuación pueden ayudar a adiestrar la atención auditiva, y también la localización de los sonidos, así como a incrementar el tiempo de atención.

Actividades en casa

  • Graba y reproduce sonidos familiares, conocidos, como el timbre de la puerta, el ladrido de un perro o una de vuestras canciones predilectas. Observa la reacción de tu hijo. Si está escuchando, por lo general dejará de moverse o abrirá bien los ojos. Cuando observas a tu hijo podrás saber qué es lo que él hace cuando está escuchando algo. Haz comentarios sobre el sonido que oye tu hijo. Dile, por ejemplo, “Oíste esa música. Es muy bonita, ¿verdad que sí?”
  • Habla con la abuelita de tu hijo por teléfono, o habla por teléfono con tu hijo desde tu trabajo. Cuando tu hijo esté escuchando, dile, “Es la abuelita al teléfono. Es divertido oír a la abuelita, ¿verdad que sí?”
  • Haz que tu propia voz sea la fuente del sonido. Llama a tu hijo por su nombre, o haz sonidos variados que atraigan su atención. Muévete por la habitación. Esta actividad puede servir tanto para ayudarle a localizar los sonidos, como para oírlos.
  • Intenta ir prolongando gradualmente ese tiempo que tu hijo pasa prestando atención a los sonidos. Cántale una canción más larga, o reproduce una canción más larga en el aparato electrónico, o alarga el tiempo de una conversación.

5.5. Procesamiento auditivo

El procesamiento auditivo hace referencia al hecho de dar sentido a lo que oímos. Si tu hijo tiene secreciones en sus oídos y está teniendo dificultades para oír, no hagas uso de las actividades que se describen a continuación y que consisten en sonidos bajos, ya que podrían resultar frustrantes para el niño. Intenta usar sonidos más altos, que pienses que él sí puede oír en esos momentos.

Actividades en casa 

  • Poneos ambos un “sombrero para escuchar” (Los sombreros de Mickey Mouse u otros con orejas funcionan bien). Habla sobre el acto de oír: “Siempre que llevemos puestos nuestros sombreros de escuchar, oiremos todos los sonidos que nos rodean.” Sal al exterior y simplemente escucha –el zumbido de un avión, el gorjeo de un pájaro, el ladrido de un perro, el maullido de un gato, el sonido de un coche que pasa, los sonidos de los animales del zoológico, los sonidos de los camiones y de las grúas de una obra. Señala la procedencia de cada sonido. Repite con frecuencia, “¿Oíste eso? ¿Qué era eso? ¡Un avión!” Para los niños más pequeños, resulta más fácil comenzar con sonidos de animales, como miau-miau, o guau-guau. Ayuda a tu hijo a escuchar algún juguete que reproduzca estos sonidos, o a los animales reales de una granja o de un pequeño zoo de animales domésticos. Estás ayudando a tu hijo a dar sentido a los sonidos que escucha.
  • Haz fotos, imprime imágenes que hayas buscado en el ordenador, o recorta ilustraciones de revistas, que reproduzcan las figuras de los diversos “emisores de sonidos” que os hayáis encontrado en vuestros paseos. Luego, elabora un libro sobre los sonidos que hayáis escuchado. Usa un álbum de fotos, con páginas plastificadas. Escribe el texto en fichas, añade las ilustraciones o las fotos, e insértalas en el álbum. También podrás utilizar programas de tratamiento de textos, e imágenes digitales para elaborar tu libro, escaneando fotos o imágenes o iconos prediseñados, e imprimiendo las páginas posteriormente. Habrás elaborado un libro personalizado, que os ayudarán a ti y a tu hijo a repasar los sonidos que hayáis oído.
  •  Llévate una grabadora digital (o un Smartphone que tenga la aplicación para grabar) a la granja o al zoológico, y graba los sonidos. Habla sobre los sonidos que hacen los animales y las cosas que haya en el entorno (como el goteo de un grifo). Imita esos sonidos. Si no pudieras oír estos sonidos en vivo o en una grabadora, mira vídeos que tengan muchos sonidos, como vídeos de trenes o de animales. Una vez que tu hijo haya establecido la conexión entre el objeto y el sonido, usa grabaciones de audio o sonidos en vivo, en lugar de vídeos, de modo que el centro de atención se encuentre en los sonidos que el niño esté aprendiendo en cada ocasión, y relacione los sonidos con lo que ve, o con las actividades que se están produciendo en su entorno.
  • Háblale sobre los sonidos que hace la bocina de un coche, o sobre los que hacen un tren o un autobús. Háblale sobre los sonidos urbanos y sobre los sonidos del campo. Háblale sobre el chisporroteo de las patatas fritas, sobre el sonido que haces cuando picas cebollas o pimientos, sobre los sonidos de los aparatos de la cocina, como el que hace la batidora, sobre los sonidos que hacen las máquinas exteriores, como la cortadora de césped o los tractores. Si acudes a un restaurante de comida rápida hazle escuchar los sonidos de las patatas al crepitar, o el sonido que hacen los grifos de las bebidas cuando se llenan los vasos. Los ruidos de los transportes urbanos y los sonidos que hay en la naturaleza del campo, o los que hacen los equipos de las granjas pueden proporcionar más experiencias de escucha.
  • Graba los sonidos ambientales. Al mismo tiempo, saca una foto de aquello que esté produciendo el sonido. Haz después dos impresiones en el ordenador. Luego elabora dos fichas de lotos pegando con pegamento o con cinta celo cada conjunto de fotos en una pieza de cartulina. (Comienza con tres fotos en cada ficha, y ve aumentando el número a medida que vaya aumentando también la capacidad de escucha y de asociación de tu hijo.) Ahora podrás jugar a un juego de Lotos de Sonidos  con uno o varios niños (como, por ejemplo, con otro niño mayor o con los hermanos que ayuden al que está en edad preescolar). Escucha el sonido, y después encuentra la figura de lo que produce ese sonido en la tarjeta del juego, y cúbrela con un marcador, como por ejemplo, una ficha.
  • Monta una caja de sonidos. Algunos de los objetos que podrías incluir en ella serían un silbato, una bocina o una grabadora, un zapato (también podrías utilizar un tacón o una suela para hacer un sonido similar al de los pasos al andar), unas maracas, un triángulo musical, dos bloques de madera forrados con papel de lija para frotar entre sí, unas alubias o frijoles secos en un recipiente de plástico transparente (muy bien cerrado). Primero, ayuda a tu hijo a explorar estos objetos y a jugar con ellos. Luego, escuchad juntos los sonidos, y con niños algo mayores también podríais hablar sobre los sonidos. El objetivo es escuchar, discriminar los sonidos, e identificarlos individualmente señalándolos. Incluso puedes jugar a un juego en el que hagas que tu hijo se tape los ojos, y trate de identificar los objetos por el ruido que éstos hacen.

6. Habilidades táctiles

Las habilidades táctiles implican el tacto: tocar con las manos, y también tocar con los labios, la boca y la lengua. Las habilidades táctiles no sólo ayudan a los niños a establecer lazos con personas y objetos, sino que también les proporcionan un medio para explorar su mundo. Los bebés tienen muchas más terminaciones nerviosas en la zona de la boca que en los dedos, por ello tiene sentido que exploren los objetos con su boca. Cuando tu bebé explora las cosas con su boca, está estableciendo circuitos de relación, que le ayudan a integrar la información que recibe de los objetos que toca. Estos circuitos de relación táctiles le ayudarán más tarde a colocar su lengua y, sabiendo dónde está, le ayudarán en los movimientos necesarios para el habla.

Muchos niños con síndrome de Down son muy sensibles al tacto. Esta hipersensibilidad al tacto se conoce como hiperreactividad defensiva táctil. Los niños que son tactilmente reactivos necesitarán más prácticas con el tacto, pero es posible que tengas que ir avanzando despacito. Debido a que tienen dificultades para procesar el tacto, les resulta incómodo. No les gusta que les toques la boca. Puede que se rebelen cuando les laves el pelo con champú, cuando les cortes el pelo, lo peines o lo cepilles, o cuando uses una toalla. Tampoco les gusta el roce de las etiquetas de la ropa contra el cuello.

Si tu hijo parece ser hiperreactivo táctil defensivo, busca orientación profesional de un terapeuta ocupacional, y ten en cuenta la sensibilidad de tu hijo, pero no dejes de tocarlo ni de proporcionarle sensaciones diversas. Cuando exponemos a los niños a varias experiencias sensoriales, ellos suelen desarrollar una tolerancia creciente a la diversidad de las sensaciones.

Actividades en casa

Algunos niños disfrutan aprendiendo a través del tacto. Les resultan muy interesantes las diferentes texturas y las diferentes sensaciones. Haz un seguimiento de sus intereses, y elabora un Libro de Tacto. Recopila objetos que tengan texturas diferentes. Muchos de estos objetos los tendrás ya en casa. Comienza con papel de lija, con bolas de algodón, con un pedacito de terciopelo, de piel o de piel sintética, con papel de aluminio, con muestras de tela, como satén, vinilo o lana, con un trocito de madera fina, con una cestita plástica como en la que vienen las fresas. Muchos comerciantes te darán con gusto trocitos de tejidos o de cartón ondulado, de espuma de poliestireno, de plástico con burbujas, de moqueta, etc.

Monta cada muestra en una página individual de un bloc de dibujo o de un álbum de recortes, o bien en fichas grandes. Para montar las piezas, podrás utilizar cinta adhesiva de doble cara, pegamento o goma de pegar. También puedes colocar las piezas de las diferentes texturas en una caja. Después toca las piezas con tu hijo. Haz comentarios sobre sus texturas. Practica mucho con tu hijo usando las texturas. Guarda el libro. Podrás utilizarlo cuando tu hijo sea mayor, para enseñarle adjetivos y descripciones.

Existen libros excelentes para reforzar los conceptos y las indicaciones sobre las texturas.

Mientras estés jugando con tu hijo y dedicándote a sus cuidados, proporciónale todas las sensaciones de texturas que te sea posible. Puedes dejarle que juegue con una ondilla de macarrones hervidos, e incluso sentarle sobre un envase de macarrones. A muchos niños les encanta la sensación blandita de la gelatina.

Frota toallas desgastadas y toallas suaves en la cara y en el cuerpo de tu hijo.

Masajea los brazos y las piernas de tu hijo, y gradualmente ve moviéndote hacia la cara y los labios. Usa loción, para variar la experiencia.

Anima a tu hijo a explorar sus juguetes con la boca, para que pueda ir desarrollando el sentido de la lengua, los labios y la mandíbula moviéndose.

Frota los dientes y las encías de tu hijo con un cepillito dental para bebés, con un cepillo dental NUK (un instrumento de goma con “rugosidades”, que sirve para estimular las sensaciones táctiles), o con un cepillo dental de cerdas suaves, para ayudarle a explorar las diferentes sensaciones táctiles en su boca. Puedes comprar estos artículos en las tiendas para bebés, en muchos supermercados o a través de algunas páginas web que venden artículos para la práctica oral motora

7. Habilidades de imitación / modelado        

Una de las formas más importantes que tienen los niños de aprender es a través de la imitación. Generalmente, los niños aprenden a imitar los movimientos antes que los sonidos del habla. Aunque no se relacione directamente con el desarrollo del lenguaje, trabajar en la imitación motora resulta útil puesto que enseña a tu hijo valiosas habilidades de imitación. Normalmente, tu hijo estará preparado para este tipo de prácticas desde que sepa mover sus manos con independencia de las restantes partes de su cuerpo. Puede estar tratando de darle a su juguete móvil de cuna, sosteniendo su biberón y explorando sus juguetes, usando sus manos para llevárselos a la boca. Algunos niños no están preparados para imitar los movimientos hasta que pueden sentarse. Tu terapeuta físico u ocupacional podrá ayudarte a determinar el momento en que tu hijo ya está preparado para este tipo de prácticas. Al principio podrás poner tu mano sobre la mano de tu hijo y “guiarlo” por los movimientos para ayudarle a aprender esta habilidad. Después, intenta que progrese hacia la imitación visual. Si te parece que tu hijo no está aún listo o interesado, espera un mes y luego vuelve a intentar realizar estas actividades.

Numerosos estudios han demostrado que el orden más efectivo para aprender a imitar es el siguiente:

  • Imitación usando los juguetes (golpear un xilófono usando una varita)
  • Imitación de los movimientos del cuerpo (saluda con la mano o pon tu mano en el aire)
  • Imitación de los movimientos orales (muecas, sonrisas)
  • Imitación de los sonidos (oo, ah, chasquidos)
  • Imitación de los sonidos del habla (p, b, lalala)
  • Imitación de las palabras

Actividades en casa

Sigue la iniciativa de tu hijo. Si él está jugando con un juguete y lo golpea contra la mesa, espera. Después, coge tú el juguete e imita a tu hijo golpeando también tú el juguete contra la mesa. A continuación, devuélvele el juguete a tu hijo. Demuestra el placer que sientes realizando esa actividad, sonriéndole y riéndote. Las investigaciones han demostrado que tu hijo tendrá más probabilidades de aprender a imitar tus movimientos si tú empiezas imitando los suyos.

En la siguiente ocasión, sé tú la que lleves la iniciativa. Puedes hacer rodar una pelota, empujar un camioncito de juguete, tocar el xilófono, tocar un tambor, dar golpecitos con un bloque sobre la mesa, meter un bloque dentro de una caja, etc. Si tu hijo no imita tus movimientos, usa la ayuda de mano sobre mano, es decir, pon tu mano sobre la de tu hijo, y demuéstrale cómo haces los movimientos, tocando el xilófono o empujando el camioncito.


7.1. Imitación gestual

Una vez que tu hijo comprenda el concepto de la imitación motora (de los movimientos), practica la imitación usando varias partes del cuerpo. Esto se acerca algo más a la imitación para el habla. Algunos de estos movimientos, como saludar diciendo adiós, se convertirán posteriormente en movimientos llenos de significado, pero por ahora el objetivo es la imitación motora. También puedes añadir sonidos para aumentar la estimulación de tu hijo y para mantener su interés, pero no olvides que tu hijo todavía no está listo para imitar tus sonidos.

Actividades en casa

  • Mueve la mano diciendo adiós.
  • Aplaude.
  • Tócate la nariz.
  • Tócate los dedos de los pies.
  • Ponte las manos sobre la cabeza.
  • Mueve tu cabeza hacia arriba y hacia abajo.
  • Mueve tu cabeza hacia ambos lados.
  • Pásate la lengua por los labios.
  • Infla tus mejillas.
  • Abre tu boca.
  • Cierra tus labios fuertemente.
  • Frunce los labios.
  • Sonríe.
  • Relámete los labios.
  • Juega a “Así de grande”. Tú dices “¿Cómo de grande es (aquí pronuncia el nombre de tu bebé)? Luego levanta tus brazos bien altos por encima de tu cabeza, mientras exclamas, “¡Así de grande!”. Al principio, ayuda a tu bebé levantando tú sus brazos por encima de su cabeza. Después de haber repetido esto muchas veces, tal vez sólo necesites tocarle suavemente las manos. Más adelante, tu hijo imitará el movimiento.

7.2. Combinar movimientos y sonidos

Cuando tu hijo ya pueda imitar los movimientos del cuerpo, trata de que él también añada algunos sonidos a estos movimientos. Estas actividades actúan como transición a la imitación de los sonidos del habla, ya que le proporcionan a tu hijo prácticas de vocalización, así como la oportunidad de oír los sonidos del habla en fragmentos muy pequeños de sonido. Los movimientos diferenciados y precisos necesarios para imitar fielmente los sonidos del habla no se han desarrollado todavía en esta fase, pero se desarrollarán más adelante.

Actividades en casa

  • Infla las mejillas y suelta el aire imitando el sonido de un globo que se desinfla.
  • Haz círculos sobre tu tripa, frótala y di “mm-mm.”
  • Mueve tu mano y di: “Adiós”.
  • Mueve un cochecito de juguete y di “ruum”.
  • Mueve un perro de juguete sobre la mesa y di “guau-guau”.

7.3. Canciones para jugar con las manos

Hay muchas canciones que incluyen juegos con las manos, que son muy apropiadas para los niños en esta fase. Estas canciones hacen posible que tu hijo participe del habla o de la canción, sin que diga realmente las palabras. Como mueve sus manos, está participando de esta actividad. Puede imitar los movimientos que acompañan a la canción, y más adelante puede empezar a imitar también algunas de sus palabras.

Siéntate frente a tu hijo. Empieza cantando o recitando la canción a medida que vas palmoteando: “Haz un pastel, haz un pastel, pastelero. Hazme un pastel todo lo aprisa que puedas…”. Si tu hijo imita el palmoteo, anímalo a seguir imitándolo. Si no, enséñale el movimiento del palmoteo ayudándole con tus manos sobre las suyas, “guíalo” para mostrarle cómo se hace el movimiento del palmoteo. Juega el juego cada vez que tengas la oportunidad. A los bebés les encanta la repetición y les gustan las cosas que les resultan familiares. Poco a poco, ve retirando tu ayuda, de modo que tu hijo quede palmoteando solo, imitando tus movimientos.

8. Habilidades cognitivas 

La cognición es una de las áreas del desarrollo en la que quizás no te pararas mucho a pensar antes de que tu bebé naciera con síndrome de Down. Ahora, sin embargo, es muy posible que ya sepas que las habilidades cognitivas son habilidades que normalmente se retrasan en los niños con síndrome de Down, y también sabrás que tu hijo va a necesitar ayuda extra para aprender. Pero, ¿qué son exactamente las habilidades cognitivas? No son solamente lo que concebimos como inteligencia, sino que abarcan un amplio abanico de habilidades que nos permiten recibir, procesar, analizar y entender la información. Son las destrezas que nos permiten pensar, resolver problemas y entender el mundo que nos rodean. A continuación describimos algunas habilidades cognitivas tempranas que prepararán a tu hijo para el uso del lenguaje, y en cuya adquisición y dominio podrás ayudarle tú.

8.1. La permanencia del objeto

Cuando un niño adquiere conciencia de la permanencia del objeto, comprende que el objeto sigue existiendo aunque no pueda verlo en ese momento. Por ejemplo, sabe que su pelota preferida no ha dejado de existir por el mero hecho de estar fuera del alcance de la vista, dentro de su caja de juguetes. Sabemos que un niño entiende el concepto de la permanencia del objeto, cuando busca un juguete oculto, o los juguetes que no puede ver porque los ha lanzado desde su sillita y después los busca. Por tanto, ten presente que está desarrollando este concepto y que está practicando esta habilidad, cuando tú te agachas para recoger la cucharilla que acaba de lanzar desde su sillita ¡por enésima vez!

Esta comprensión es un importante precursor para poder, más adelante, calificar los objetos señalándolos o hablando. Mientras tu hijo no adquiera la conciencia de la permanencia del objeto, no estará preparado para darle nombre a los objetos. Antes de esta etapa, a tu hijo le parece que los objetos aparecen y desaparecen de su mundo sin ton ni son. Cuando tu hijo haya llegado a dominar el concepto de la permanencia del objeto, ya está listo para entender que un rótulo no sólo es el nombre de un objeto, sino que también puede utilizarse para simbolizar ese objeto cuando el objeto no esté presente, y también para demandar ese objeto. 

A los niños con síndrome de Down puede resultarles más difícil comprender la idea de la permanencia del objeto. Esto se debe a que comprender una idea implica razonamiento abstracto. Por eso, es probable que tu hijo necesite más práctica para aprender el concepto de la permanencia del objeto. Pero si no tiene una incapacidad cognitiva muy severa, posiblemente podrá dominar esta habilidad en el mismo rango de edad en el que aprenda las otras habilidades descritas en este capítulo.

8.2. ¿Cómo saber si tu hijo ya ha llegado a comprender el concepto de la permanencia del objeto?

Muchos niños pequeños con síndrome de Down no hablan sobre los objetos que no tienen a la vista. Pero eso no significa que no entiendan que los objetos continúan existiendo cuando están fuera del alcance de su visión. Un estudio basado en encuestas con los padres demostró esta disparidad (Kumin, Councill, y Goodman, 1998),

En un estudio efectuado con 115 niños de edades comprendidas entre los dos y los cinco años, descubrimos que los niños podían comprender el concepto de la permanencia del objeto, en los siguientes porcentajes:

  • A la edad de 2 años: el 37% podía con frecuencia, el 37% podía a veces, el 26% nunca podía.
  • A la edad de 3 años: el 50% podía con frecuencia, el 47% podía a veces, el 3% nunca podía.
  • A la edad de 4 años: el 64% podía con frecuencia, el 27% podía a veces, el 9% nunca podía.
  • A la edad de 5 años: el 73% podía con frecuencia, el 27% podía a veces.

Pero, a pesar de que el 74% de los niños de 2 años podía a veces o con frecuencia demostrar que comprendían la noción de la permanencia del objeto, sólo un 48% hablaban de los objetos ausentes. Basándonos en esta información, debes persistir realizando las actividades recomendadas en esta sección, incluso si tu hijo no te hace saber que entiende el concepto de la permanencia del objeto. Una señal de que tu hijo sí la entiende es cuando lanza un objeto desde su sillita, y se pone después a buscarlo. O bien, cuando tira un juguete al suelo y se muestra contrariado si tú no vuelves a dárselo.

Actividades en casa

Enséñale a tu hijo un juguete grande, como por ejemplo, una pelota de playa. Oculta el objeto mientras tu hijo esté mirando. Dile “¿Dónde está _______?” Luego haz que encuentras el juguete, y dile “Aquí está ______”. Los juguetes grandes o los que hacen sonidos son los adecuados para este tipo  de prácticas. Tu hijo puede seguir viendo el contorno de un juguete grande, incluso cuando se lo ocultas. Al principio, puede que quieras “esconder” el juguete tras un pañuelo fino o translúcido, a través del cual tu hijo pueda seguir viendo el juguete. Los juguetes musicales son estupendos. Incluso cuando están ocultos pueden seguir oyéndose, lo que facilita que tu hijo los encuentre. Una vez que tu hijo comience a dar señales de que comprende el concepto de la permanencia del objeto, retira las pistas visuales y sonoras.

Mueve las manos de tu hijo frente a su propia cara. Dile, “¿Dónde está el niño?” Luego retírale sus manos de la cara, y dile: “Aquí está el niño.” Esta práctica es una ligera variante del juego de cu-cu.

Juega al juego de cu-cu. “¿Dónde está el niño?” y “¿Dónde está mamá?”… “Aquí está”. Los niños nunca se cansan de este juego. Puedes tapar tu cara con una manta, una toallita, una servilleta, un mantelito, una bufanda, un pañuelo, etc.

Sostén un pañuelo de forma que cubra tu cara parcialmente, o bien, más adelante, ocúltala tras una mantita de forma que resulte evidente que tú estás allí, pero de manera que el niño no pueda verte del todo. Di, “¿Dónde está papá?” “Aquí está.”

Coloca el conjunto de las anillas de un juego de plástico de apilar anillas bajo una mantita. Di:“¿Dónde están los aros?” Deja que tu hijo los encuentre. Cada vez que tu hijo encuentre las anillas, di: “Aquí están.”

Todos hemos visto el truco de las ferias, en el que alguien oculta un guisante bajo una cáscara de nuez, y luego mueve las cáscaras de nuez una y otra vez, mientras el observador intenta seguir la pista de la cáscara donde se ocultó el guisante. A continuación, te damos una variante de este juego, del que disfrutarán los bebés de seis o más meses. A los hermanos también les gustará participar en esta actividad. Muéstrale un limón a tu bebé. Deja que lo toque y que lo huela, y dale la oportunidad de explorar el limón contigo. Después, coge tres vasos transparentes. Pon el limón bajo uno de ellos. Pregúntale a tu bebé, “¿Dónde está el limón?” Si el niño es muy pequeño, enséñale tú dónde se encuentra el limón. Si el niño es algo mayor, ayúdale con tu mano sobre la suya, para enseñarle a señalar el limón. Di, “Aquí está el limón.” Cuando tu bebé haya aprendido de forma regular a encontrar el limón utilizando los vasos transparentes, cambia éstos por vasitos opacos. Si tu hijo no encuentra el limón, levanta cada vaso despacito, y pregúntale, “¿Está aquí el limón?” Y dale tú la respuesta. Cuando encuentren el limón, di “Aquí está el limón.” A los bebés este juego les resulta muy divertido.

Oculta un juguete pequeño bajo un cubo de plástico, como los que se usan para la playa. Buscad el juguete los dos juntos, levantando el cubo. Progresa, haciendo que tu bebé sea el que descubra el juguete, y aumentando el número de cubos a dos o a tres.

Esconde un juguete pequeño dentro de tu mano cuando tu hijo te esté mirando. Dile, “Estoy poniendo la pelota en mi mano. Estoy escondiendo la pelota detrás de mi espalda.” Llévate la mano detrás de la espalda. Que tu hijo vea lo que estás haciendo, después pregúntale, “¿Dónde está la pelota?” Luego deja que él encuentre el juguete.

Mientras te estés desplazando por la casa, haz que se convierta en un juego el hecho de ir encontrando en su sitio los objetos que os sean familiares. Podrías decir, “¿Dónde está el zumo de manzana? Ya lo encontré. Está en la nevera.” Después de haber servido el zumo y de haberlo puesto de nuevo en la nevera, cierra la puerta de ésta. Pero vuelve a abrirla, y di, “Mira, el zumo de manzana está en la nevera.” Este tipo de prácticas ayuda, tanto para reforzar el concepto de la permanencia del objeto, como para su calificación.
 

8.3. Causa y efecto

Uno de los conceptos más importantes que los bebés y los niños pequeños han de aprender es el de causa y efecto. Esto es, si hago algo, se produce un resultado. Si pulso un botón de la caja de actividades del bebé, aparecerá un personaje de Disney o un animalito. Si pulso una clavija, un juguete empezará a moverse. Este tipo de aprendizaje temprano, también se conoce como aprendizaje contingente. El niño está aprendiendo que su acción provoca que sucedan cosas, y está dominando gradualmente las habilidades que necesita. Así, él sabe que si le da a su juguete móvil, las figuras colgantes se moverán; si le da a una clavija, su cochecito de juguete comenzará a moverse. Hay muchos juegos infantiles, como las cajas de sorpresa o las cajas de actividades, que resultan muy útiles para ayudar a los niños a aprender sobre la relación entre causa y efecto.

Entender la relación causa-efecto es fundamental para comprender la intención comunicativa; es decir, que cuando emites un sonido o haces un gesto, tu comunicación puede aportarte el resultado deseado. Los niños demuestran su intención comunicativa cuando señalan el bote de las galletas para indicar que quieren una, o cuando dicen “aúpa”, para indicar que quieren que se les levante. Una vez más, este concepto causa-efecto puede resultar más difícil de entender para los niños con síndrome de Down, ya que anticipar la consecuencia de un acto implica razonamiento abstracto. Pero, con práctica y repetición, conseguirás que tu hijo domina este concepto.

Actividades en casa

  • Usa juguetes que tengan una secuencia de principio y fin, y una causa y efecto definidos, como una caja de sorpresas. Haz girar la manivela, y el muñequito saltará. Di, “Giramos, giramos, giramos… ¡Pop!”
  • Cose firmemente cascabeles en cintas elásticas que puedan colocarse alrededor de la cintura o del tobillo de tu hijo. O bien, cose firmemente los cascabeles en uno de sus calcetines, y decora esos calcetines con una cara, o con la figura de un animal, usando pinturas para tejidos, parches textiles o bordados. Cuando tu hijo mueva sus manos o sus pies, oirá los cascabeles. Te darás cuenta de que dejará de moverse y escuchará el sonido. Si éste le gusta, se agitará o moverá sus pies con más frecuencia. La habilidad de hacer sonar los cascabeles la controla él directamente. Puedes usar esos pequeños cascabeles o campanillas que se encuentran con profusión en las navidades. Ahora bien, tienes que asegurarte muy mucho de que, de ninguna manera, tu hijo pueda tragarse las campanillas, y tienes que estar vigilándolo mientras él las esté usando.
  • Una variante de la actividad descrita anteriormente, podría ser coser los cascabeles en un panel elaborado con dibujos de tela, que podrías colocar, estirándolo a lo ancho de la cuna, justo bajo los pies de tu hijo. Hazlo tenso. Cuando tu hijo dé pataditas sobre el panel, los cascabeles sonarán. De nuevo, tu hijo aprenderá a dominar esta actividad, y aprenderá la relación causa/efecto.
  • Usa juguetes giratorios, especialmente los que resultan atractivos porque tienen trenes o cochecitos que giran en su interior. Di, “Gira, gira, gira, gira… para.” Tú controlas el movimiento, de forma que el juguete se detiene cuando dices “para”, y se mueve, cuando dices “gira”.
  • Usa cajas de actividades o teclados de muñecos saltadores. Cuando tu hijo pulse un botón o levante una palanca, saltará una figura.
  • A los niños suele gustarles accionar los interruptores de la luz, encendiéndolos y apagándolos, para comprobar el resultado. Este es un buen ejemplo de juego de causa/efecto. Si no quieres que tu hijo juegue con las luces de la habitación, elabora un tablero de juguete con un interruptor y una pequeña luz de color, o adapta un juguete de pilas, de forma que cuando tu hijo presione un pedal, mueva una palanca o pulse un botón, el juguete comience a moverse.
  • Dependiendo de lo cómoda que puedas sentirte si tu hijo maneja tu teléfono móvil o tu tableta, permítele que toque el botón de puesta en marcha (“on”) de tu teléfono, y que compruebe cómo se ilumina la luz de la pantalla y suena la melodía de encendido.

8.4. El Medio y el Fin

El medio y el fin, o finalidad, es el concepto que significa que podemos planificar una determinada acción para resolver un problema, o para alcanzar un objeto que deseamos. Por ejemplo, puede que se haya caído un cojín del sofá, y que esté impidiendo que tu hijo gatee o se acerque a la televisión para encenderla, o bien, si la televisión estuviera ya encendida, puede que el cojín le impida ver la pantalla. Tu hijo tiene que apartar el cojín para poder ver la pantalla de la televisión. Esta habilidad cognitiva, que va desarrollándose con el tiempo, es una de las bases sobre las que se sustenta la habilidad necesaria para formar frases o planificar un mensaje lingüístico. Las primeras actividades de medio-fin implican normalmente el gateo para llegar hasta un juguete que está fuera del propio alcance. La resolución de problemas más avanzados se irá demostrando cuando tu hijo acerque una silla a la encimera para llegar al tarro de las galletas. Existen tres clases de planificación medios-fin:

  1. Desplazamiento de barreras. Por ejemplo, si un cubo de playa está frente a la radio de juguete, tu hijo aparta el cubo de su camino para llegar hasta la radio de juguete.
  2. Movimiento como medio. Por ejemplo, tu hijo gatea hasta un determinado juguete que quiere alcanzar, o anda hasta el reproductor de DVD y pone en marcha el vídeo que él quiere ver.
  3. Utilización de herramientas. Por ejemplo, tu hijo usa una cuerda para tirar de un juguete, o un palo para sacar una pelota que ha rodado bajo el sofá.

Tanto los bebés como los niños pequeños requieren mucha experiencia con este tipo de habilidad en sus juegos.

Actividades en casa

  • Proporciónale juguetes que fomenten el aprendizaje de la relación medios/fin, como juguetes con cordeles que se mueven cuando tiramos de la cuerda, o un banquito de trabajo de juguete con un martillo y unas bolas. Cuando empujamos las bolas con el martillo, éstas pasan a través de los agujeros y caen al nivel inferior.
  • Crea situaciones lúdicas que animen a tu hijo a calcular cómo obtener lo que desea. Por ejemplo, coloca una pelota fuera de su alcance, y anímalo a gatear hacia ella. “Vamos, vete allí, ven a coger la pelota, ven hacia aquí,” etc.
  • Coloca algún pequeño obstáculo entre tu hijo, si ya gatea, y lo que él quiere. Haz que el obstáculo sea ligero de peso y fácil de mover. Una pequeña pelota hinchable, de las que se usan para la playa, o un cilindro inflable, transparente, serían unas buenas opciones.
  • Enséñale a tu hijo cómo usar las herramientas. Usa un cubo y una pala en la caja de arena, y llena el cubo con arena. Demuéstrale a tu hijo cómo se realiza esta acción, o ayúdale con ella.
  • Haz uso de las llamadas “tentaciones comunicativas”, en las que tu hijo habrá de idear un plan para resolver un problema. Por ejemplo, coloca un juguete justo fuera de su alcance, o pon un alimento que le guste en un recipiente de plástico con una tapa segura, que tu hijo no pueda abrir fácilmente. Ésta es también una buena práctica para solicitar lo que quiere y para pedir ayuda.
  • Despeja la superficie de una mesa, de forma que no quede sobre ella nada que distraiga la atención de tu hijo. Dispón una serie de bloques en línea, como los coches en fila. Mueve uno de los bloques, de forma que empuje al próximo. Sigue empujando con el bloque, hasta que el último de la fila caiga de la mesa. Puedes ir diciendo la palabra “empujo” mientras vas moviendo el bloque, y decir “el bloque se cae”, cuando el bloque caiga por el extremo de la mesa. En otras ocasiones, usa filas de coches de juguete, de trenes de juguete, o muñequitos o figuras de madera o de plástico.
  • Una vez que tu hijo ya sepa emitir sonidos, puedes idear juegos en los que participen los hermanos, los amigos o los abuelos. Se necesitan unas cuantas personas para que esto funcione. Uno de los hermanos podría servir de modelo. Haz que el hermano emita un sonido alto. Elige uno de los sonidos que tu bebé o tu niño ya sepa hacer, como “bababa”, o el sonido de una risa o un grito. Siempre que el modelo emita ese sonido, otra de las personas hará algo divertido y repetitivo. Por ejemplo, el abuelo se pondrá un sombrero, y comenzará a andar a paso de marcha alrededor de la habitación, mientras que la abuela se pondrá a cantar. O el hermano lanzará un chorro al espejo con una pistola de agua. O mamá y papá empezarán a bailar. Puede usarse cualquier tipo de movimiento, siempre que sea algo que a tu hijo le guste mirar y algo que él desee hacer que suceda. Después de unas cuantas ejemplificaciones, es muy probable que tu hijo intente emitir un sonido, o bien lo emita involuntariamente. Ocúpate de que ese sonido ponga en marcha la acción de inmediato. Una vez que tu hijo haya entendido el juego, observa cómo comienza a emitir sonidos, para que las actividades se produzcan. De este modo, él está aprendiendo a planificar algo para que una cosa suceda.
     

8.5. Conocimiento referencial / Comunicación

El conocimiento referencial es la habilidad para establecer la conexión entre el objeto y su calificación lingüística. Por ejemplo, entre la pelota real y la palabra “pelota”. Las habilidades visuales, como la mirada referencial, y las habilidades cognitivas, como el concepto de la permanencia del objeto, son las bases para el desarrollo de esta habilidad. La mejor forma de proporcionar prácticas para ello, consiste en calificar las cosas a las que tu hijo mira, o en las que muestre interés. La Profesora Sue Buckley, Psicóloga del Reino Unido, ha llevado a cabo amplias investigaciones sobre el modo en que los niños con síndrome de Down aprenden mejor. Sus investigaciones apuntan a que los niños pequeños con síndrome de Down suelen aprender la relación existente entre una palabra y un concepto, utilizando la lectura visual. Quizás quieras intentar poner etiquetas a las cosas de tu casa con una palabra escrita sobre ellas, además de utilizar la estimulación verbal, para ayudar a tu hijo a entender la conexión entre las palabras y los objetos que designan.

9. Habilidades previas al habla

Como analizamos anteriormente, el habla hace uso de las mismas estructuras y de los mismos movimientos que se utilizan para respirar y para comer. No existe ninguna estructura corporal que se utilice exclusivamente para hablar. Por lo tanto, a través de la alimentación, de la respiración y de los ejercicios motores orales, para los que se utilizan bocinas, pajitas y pompas de jabón, podemos practicar muchos de los movimientos que después nos serán necesarios para el habla. Esto también significa que puedes ir trabajando en los movimientos que serán necesarios para hablar, antes de que tu hijo sepa hablar.

Previamente tratamos sobre algunas de las habilidades previas al habla. Por ejemplo, las habilidades táctiles y las habilidades de imitación motora ayudan a abonar el terreno para las habilidades del habla. Otras funciones esenciales para el habla incluyen las habilidades respiratorias, las habilidades motoras orales, la producción de sonidos y las habilidades de imitación vocal y del habla, que vamos a abordar a continuación.

9.1. Habilidades respiratorias

Cuando respiramos para mantenernos vivos, inhalamos (inspiramos) y exhalamos (espiramos) más o menos en la misma cantidad de tiempo. Pero cuando respiramos para hablar, inhalamos brevemente, con el fin de tener el suficiente aire para hablar, y después necesitamos hacer una exhalación prolongada, para que nos dé la fuerza para hablar.

Por medio de la práctica y de los juegos vocales, puedes ir ayudando a tu bebé o a tu niño pequeño a aprender a prolongar la fase de exhalación de la respiración. El llanto genera exhalación, y desarrolla la temprana emisión de sonidos. Actúa desde temprano como modelo, cogiendo a tu hijo de forma que él pueda ver tu cara, y entonces haz sonidos como “ah”, o suspira. Al principio, tu bebé puede reír o sonreír y pensar que los sonidos y las muecas son divertidos.

Cuando tu bebé comience a balbucear, imita los sonidos que él emite y después varíalos. Por ejemplo, cuando él diga “ah”, puedes decir tú “ah” cinco veces seguidas, o decir “ah” primero en un tono alto y luego en un tono bajo, puedes cantar con el sonido “ah” subiendo y bajando en la escala tonal, o prolongar el sonido “ah”.

Esta práctica sirve para varias finalidades. En primer lugar, ayuda a tu bebé a aprender a prestar atención a los sonidos. En segundo lugar, le ayuda a prolongar el tiempo de su atención, ya que tú estarás haciendo sonidos interesantes que a él le gusta oír. Y, en tercer lugar, cuando tu bebé esté listo, empezará a practicar emitiendo sonidos y jugando con los sonidos. Tú podrás proporcionarle el refuerzo y la estimulación que le animarán a practicar y, posteriormente, a aprender cómo prolongar la exhalación para conseguir las condiciones necesarias para el habla, y cómo emitir sonidos mientras exhalamos.

Cuando tu bebé emita sonidos, imita esos sonidos. Repítelos, de forma que actúes como un eco para sus propios sonidos. Cuando él esté jugando contigo imitando los sonidos que tú haces, y se establezca un buen flujo de ida y vuelta (esta actividad también es buena para la práctica del cambio de turnos), repite el sonido, pero haciéndolo más largo.

Durante un periodo de semanas o incluso meses —sé paciente— trata de alargar el tiempo en que tu hijo prolonga y produce un sonido. Estos sonidos pueden ser balbuceos, berridos, chillidos o cualquier otro. Los sonidos pueden ser hablados o cantados. Para los bebés y los niños pequeños, es una buena práctica cantar y convertir los sonidos en música. Pueden ser sonidos parecidos a las vocales, pero no necesariamente sonidos reconocibles del habla. La idea es ayudar a tu hijo a que expanda y amplíe su capacidad de prolongar la exhalación. Esta capacidad será necesaria posteriormente, cuando tu hijo comience a hablar.

9.2. Habilidades de alimentación

En el proceso de la alimentación, utilizamos las mismas estructuras y movimientos que usamos para hablar, aunque el control y la dirección neurológicos de la alimentación y del habla sean diferentes. La alimentación le da práctica a tu hijo en sus movimientos y coordinación musculares. Los niños con síndrome de Down pueden tener dificultades con su alimentación, debido a la hipotonía muscular, a la incapacidad para cerrar bien sus labios, a sus dificultades con el control de la mandíbula o de la lengua, y a una sensibilidad táctil incrementada, o hiperrespuesta táctil (Kumin & Bar, 1999, Medlen, 2002). Los logopedas o los terapeutas ocupacionales pueden trabajar con la alimentación de tu hijo, como parte de su programa de intervención temprana. Tal vez hayas de consultar también con un dietista profesional, en el caso de que tu hijo tenga problemas para ingerir la cantidad necesaria de alimentos. 

9.3. Actividades motoras orales

Es muy frecuente que los bebés y los niños con síndrome de Down tengan un bajo tono muscular (hipotonía) y una musculatura débil en los labios, la lengua y el paladar. De hecho, muchos de los problemas de inteligibilidad del habla de los niños con síndrome de Down se deben a su bajo tono muscular. Muchos logopedas sostienen que ayudando al niño a mejorar su fuerza muscular y su control muscular en estas zonas, puede ayudar en la articulación e inteligibilidad del habla futuras.

El término terapia motora oral describe las actividades que se utilizan para ayudar a mejorar la fuerza muscular, el rango de la movilidad, los movimientos y la coordinación de la boca. Puede hacerse con estimulación y con imitación. En teoría, podría realizarse esta terapia con los dedos, pero los niños pequeños suelen apretar y morder los dedos. Por eso, se han desarrollado instrumentos para estos ejercicios, como los de la firma NUK. Esta firma comercializa un instrumento de goma, del tamaño aproximado de un cepillo de dientes, que tiene protuberancias en uno de sus extremos, en vez de cerdas, y que puede utilizarse para frotar las encías, los cachetes, la lengua y los labios, para acostumbrar al niño a sentir el tacto alrededor de la zona de la boca.

La utilización de un espejo, para que devuelva una imagen visual, es también muy eficaz. A los bebés y a los niños pequeños suele gustarles explorar el uso de las diversas partes de su cuerpo mientras se miran en un espejo. Su curiosidad se ve incitada cuando mueven las manos y contemplan lo que esas manos pueden hacer. A los bebés les resulta más difícil explorar el movimiento de las diversas partes de su cara y de su boca mientras juegan, pero los espejos les permiten mirarse, ver su boca y su cara cuando emiten sonidos. Se ha comprobado que el juego con espejos aumenta la emisión de sonidos de los niños. Observa a tu hijo en el cuarto de baño, donde hay espejos grandes. Date cuenta de lo interesado que se muestra cuando se ve reflejado en el espejo.

Juega con tu hijo, mientras os miráis juntos en el espejo. Haz comentarios sobre lo que veis. “Mira qué bebé tan bonito. Mira tu boca. Voy a darte un beso volado. ¿Dónde está tu lengua? Mírala en el espejo.” Esta actividad mantendrá la atención de tu hijo. Balbucea series de sonidos con tu hijo frente al espejo, usando sonidos consonantes más un sonido vocal: “pupupu”, o “bababa”, por ejemplo. Los más eficaces son los sonidos en cuya pronunciación intervienen los labios (m, p, b), o los sonidos en los que intervienen los labios, la lengua o los dientes cuando su postura resulta fácilmente visible (f, z, d).

9.4. Habilidades de emisión de sonidos

El primer sonido que suele hacer la mayoría de los bebés es el del llanto. A medida que el niño va desarrollándose, comenzará a emitir una gama cada vez más amplia de sonidos. La risa, los resoplidos, los balbuceos, los sonidos explosivos, los gritos y las pedorretas son emisiones de sonidos tempranos. Denominamos parloteo o balbuceo a la fase en que el niño comienza a emitir series de sonidos –“babababa”, “mamamama”- .

Al inicio del balbuceo, al niño parece gustarle la sensación de los sonidos, mientras que en el balbuceo posterior, el niño comienza a limitar la emisión de sonidos a los sonidos de su lengua materna. Tú puedes ayudar, alentando el balbuceo, demostrando tu deleite y jugando con la emisión de sonidos de tu hijo (Ver la sección “Imitación vocal” que viene a continuación).

A medida que tu hijo vaya progresando, comenzará a tener lo que sonará como mini-conversaciones, para las que utilizará una especie de jerga. Esto denota comprensión del ritmo y de las inflexiones del lenguaje. Por así decirlo, ya conoce la canción del lenguaje, pero aún le falta aprender la letra (las palabras). También comenzará a imitar palabras y a actuar como el eco. Ésta es la fase final de la etapa de la pre-habla. Eso significa que tu hijo está casi listo para empezar a usar palabras habladas.

9.5. Imitación vocal

En los primeros seis meses de su vida, probablemente tu hijo empezará a emitir sonidos y ruidos, además de los del llanto. Por ejemplo, cuando termine de tomar el pecho o el biberón, empezará a gorgotear o a emitir balbuceos o sonidos de satisfacción. Tú puedes reforzar estos sonidos, simplemente imitándolos o repitiéndolos. La combinación de tu alegría con los sonidos de tu bebé, y tu reforzamiento de sus sonidos es algo muy poderoso.

Durante un periodo de tiempo, intenta entablar pequeñas rutinas de conversación con tu hijo cuando él emita sus sonidos, repitiéndolos tú después. A los seis o nueve meses de edad, es probable que tu hijo comience a parlotear –emitiendo series de sonidos, como “dadada”, o “bababa”. Repite las series de sonidos que haga tu hijo. Después, puedes variar tus imitaciones. Por ejemplo, cuando tu hijo diga “bababa” en un tono, tú puedes decir esos mismos sonidos pero en voz muy alta o muy baja. Diviértete haciendo sonidos con tu hijo, y ayúdale a practicar la emisión de sonidos. Esta emisión de sonidos es el inicio del habla.

En el momento en que tu hijo tenga uno o dos años, probablemente ya estará listo para comenzar a imitar sonidos. La imitación de los sonidos ambientales y vocales puede proporcionarle a tu hijo la práctica de hacer movimientos orales, y de coordinar la respiración con los movimientos de los músculos, que le serán necesarios posteriormente para hablar.

Si al principio tu hijo no reacciona a las actividades de imitación del habla, vuelve a trabajar sobre la imitación motora con juguetes y sonidos, como describimos anteriormente en este mismo capítulo. Espera un tiempo, y luego vuelve a intentarlo con la imitación de sonidos. Será tu propio hijo el que te lo hará saber cuándo esté ya dispuesto para la imitación de sonidos, respondiéndote y mostrando su interés.

Actividades en casa

Relámete los labios y haz sonidos de besos.
Haz sonidos de llanto.
Haz sonidos nasales, haciendo que el aire pase a través de tu nariz como si fuera una bocina.
Haz sonidos de estornudos.
Haz sonidos de toses.
Haz sonidos de bostezos.
Haz sonidos de alegría – parloteando y diciendo “ahhh”.
Haz sonidos como los ambientales: sonidos del motor de los coches, sonidos de las bocinas pitando, sonidos de los zumbidos de la aspiradora, etc.
Si tu hijo tiene dificultades para imitar o iniciar la emisión de sonidos, intenta utilizar una “luz sonora”. Se trata de una luz que se activa con el sonido –muchos comercios de artículos eléctricos venden dichas luces, o los materiales para fabricarlas. La luz se encenderá siempre que tu hijo emita un sonido, y permanecerá encendida sólo mientras él siga vocalizando. Para añadirle motivación, puedes usar también juguetes de los que se activan con la voz, y que comenzarán a moverse tan pronto como tu hijo emita un sonido.

9.6. Imitación de los sonidos del habla

Una vez que tu hijo haya empezado a cogerle el truco a la imitación verbal, podrás seguir avanzando hacia la imitación de los sonidos del habla. Debes comenzar practicando sonidos sueltos de los que se utilizan en el habla, e ir progresando gradualmente hacia las palabras

Actividades en casa

  • Haz cualquier sonido del habla por separado, y repítelo –por ejemplo, /bababa/lalala/tatata/. (Las barras se usan para indicar los sonidos o las series de sonidos que van juntos. Los logopedas suelen utilizar para este fin barras o corchetes.) Trata de variar los sonidos que vayas utilizando, pero si te percatas de que tu hijo siente especial predilección por el sonido /p/, o el sonido /B/, quédate con ese sonido. Los sonidos más fáciles para empezar son /p/, /b/ y /m/, porque tu hijo puede ver cómo se mueven tus labios para producir esos sonidos.
  • Elige cualquier sonido vocal y haz variaciones en el patrón de la entonación –esto es, en la secuencia de tonos o en la melodía de un son. Por ejemplo, di “aaaah” con una inflexión ascendente, y luego con una inflexión descendente, o canta “ajajajaja” con diversos tonos. Haz cambios de turnos, iniciando tú la secuencia a veces, y dejando que otras veces sea tu hijo el que la inicie.
  • Pronuncia una palabra familiar, como “mamá”, “papá” o el nombre de un hermano. Si tu hijo imita la palabra, reacciona a lo grande. Recuerda que la imitación será probablemente aproximada, de forma que “abuela” puede ser “abu”. Dale siempre el modelo correcto después de que tu hijo haya imitado la palabra, pero no corrijas su pronunciación en esta fase. Dile “Abuela, dijiste abuela, ¡bien por mi niño!”

9.7. ¿Qué sucede si a vuestro hijo le cuesta mucho reproducir los sonidos del habla?

A medida que vuestro hijo practica los movimientos orales, va estableciendo circuitos de retroalimentación en relación con las sensaciones que producen esos movimientos. También va desarrollando a modo de “plantillas” en su cerebro, que ayudan a que esos movimientos se vuelvan prácticamente automáticos. Esta práctica es útil para todos los niños con síndrome de Down. Si diera la impresión de que a tu hijo le cuesta bastante desarrollar patrones de sonido, ello podría deberse a que está teniendo dificultades para programar los movimientos que son necesarios para el habla. Este problema se conoce como apraxia del habla infantil, la cual no se hará evidente hasta una fase posterior del desarrollo.

10. Conclusión

El periodo anterior a la primera palabra de un niño es un periodo muy activo en el desarrollo del lenguaje. Tu hijo desarrollará habilidades en las áreas de la comunicación, del pre-lenguaje, y de la pre-habla, que le ayudarán a progresar hacia el uso del habla y del lenguaje para comunicarse. Hay muchas actividades en casa que pueden estimular a tu hijo durante este periodo. Es un periodo maravilloso, durante el cual podrás dedicarte a explorar el mundo junto con tu hijo, y a disfrutar de las múltiples oportunidades de aprendizaje que existen a vuestro alrededor.

Este artículo corresponde al capítulo 4 de la obra de Libby Kumin que encontrará en este portal en: Down21 libros online