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Práctica de la lectura

María Victoria Troncoso y Patricia Díaz-Caneja

 

Sumario

  1. Primeros consejos
  2. Tipo de letra, tamaño y color
  3. Vocabulario
  4. Las primeras palabras
  5. Quién debe enseñar a leer
  6. Bibliografía

 

1. Primeros consejos

Independientemente del método utilizado, los diferentes autores coinciden en una serie de premisas que deben respetarse:

a) Ambiente:

El ambiente debe ser acogedor, un lugar donde el niño se sienta confiado y cómodo. Que no se sienta presionado o en "clase".

b) Lúdico:

El modo de trabajo ha de ser lúdico. Ello implica que el niño disfrute con la actividad. Que la sienta como un juego. Y para ello, es fundamental que el educador también lo sienta así.

c) Educador:

Es conveniente que sea una única persona la que desarrolle el programa. Si no es así, y existen más profesionales implicados o interviene la familia, la coordinación entre ellos es clave.

Además, el niño debe hacer establecido previamente una relación afectiva adecuada con el educador. Si se trata de un profesional que entra por primera vez en contacto con el niño, es mejor destinar los primeros días a conocerse mutuamente.

d) El programa debe aplicarse regularmente.

Es fundamental la constancia y la frecuencia. De otro modo, no se tendrá éxito. Pero en la misma medida, es importante que el tiempo dedicado a su aprendizaje sea el adecuado para cada niño. Al principio bastan cinco minutos al día.

e) El material debe ser preparado de forma individual, de modo que se adapte a los intereses, gustos, motivaciones y características de cada niño.

f) Funcionalidad

La funcionalidad del aprendizaje, el darle sentido y que el niño le encuentre utilidad es importante para la interiorización y generalización de los contenidos.

g) Reforzamiento

Reforzar los aprendizajes, apoyarse en lo conocido y avanzar poco a poco, son algunas de las claves para evitar la frustración ante las dificultades que aparezcan y para proporcionar confianza y seguridad al niño.

h) Animación a la lectura

Los padres lectores son modelos altamente motivadores de la lectura para sus hijos. La animación a la lectura no significa sólo comprar libros, cuentos, o celebrar el día del libro. Significa tener un ambiente que motive, que anime a leer: ver a sus padres leyendo en lugar de viendo la tele, contar cuentos antes de acostarse o animarles a que lean ellos solos un ratito, aprovechar una tarde lluviosa para leer en lugar de jugar siempre a otro tipo de juego, escribir su nombre en la puerta de su cuarto, y muchos más ejemplos de actitudes de la familia que motivan esta afición.

2. Tipo de letra, tamaño y color

En los métodos que se comentan, las palabras se presentan en cartulinas blancas o marfil, de tamaño variable en función de la edad del niño. Por ejemplo, Maria Victoria Troncoso y Mercedes del Cerro proponen que, si se enseña a un niño pequeño, cada palabra no debe sobrepasar los 15 cm., ya que es la medida adecuada para poder percibir una palabra de una sola ojeada, sin mover los ojos.

Respecto al color, muchos proponen el rojo por llamar más la atención de los niños, y ser más fácilmente percibido por ellos. Sin embargo, a medida que se avanza en el proceso, las letras se hacen también en negro, e incluso en todos los colores, con el fin de favorecer la generalización del aprendizaje.

El tamaño de las letras debe de ser grande y claro. Que no haya confusiones entre unas letras y otras. Troncoso y del Cerro utilizan la letra minúscula y enlazada, mientras que otros, sobre todo los autores anglosajones, utilizan la letra de imprenta.

La letra minúscula entrelazada tiene la ventaja, en comparación con la letra de imprenta y la mayúscula, que permite una percepción unitaria de la palabra, así como una percepción más fácil de las separaciones entre unas palabras y otras. Además, es el modo habitual de escribir, en oposición a las mayúsculas.

Por su parte, hay autores que defienden la enseñanza de las letras mayúsculas, ya que existen muchos letreros en la sociedad escritos en mayúsculas, y porque su grafía es más fácil.

De cualquiera de las maneras, el objetivo es que paso a paso dominen todos los tipos de letra, y se ha comprobado que los niños no presentan dificultades en pasar de un tipo a otro conforme avanza el aprendizaje.

Por último, las palabras deben estar escritas correctamente, es decir, con las tildes y, en caso de ser nombres propios, con la primera letra en mayúscula. Así mismo, se recomienda escribir la palabra con su correspondiente artículo (al principio siempre determinado: el ó la

3. Vocabulario

Uno de los componentes diferenciadores de los actuales métodos de lectura es su carácter significativo, que el niño le de un significado desde el principio, que su lectura sea por tanto, comprensiva.

Atrás quedaron pues los métodos anteriores, sintéticos, algunos comentados anteriormente, en los que incluso se separaba la etapa de lectura mecánica de la de lectura comprensiva, o se daban a leer palabras sin significado con el fin de enseñar el proceso de decodificación.

Se ha visto que en todos los niños, pero especialmente en los que presentan necesidades educativas especiales, el hecho de que lo leído signifique algo que ellos comprendan es fundamental.

Por tanto, el vocabulario a enseñar al niño debe tener importancia para él. En primer lugar, se suele recomendar empezar la lectura con el nombre del niño. Es importante que se le enseñe el nombre, diminutivo o apodo por el que se suelen dirigir a él: ya sea Santi, Bea, Maribel, etc.

Una vez introducido el primer nombre, se continúa con nombres afectivamente importantes para el niño: papá, mamá, el nombre de su perro, de sus hermanos, etc. En la introducción de las primeras palabras, es importante que no comiencen por la misma letra y que sean gráficamente bastante diferentes, para evitar errores.

A continuación, se aumenta progresivamente el vocabulario del niño teniendo en cuenta sus intereses y aficiones, pero también buscando al principio palabras de dos sílabas, y de sílabas directas. Además, no deben parecerse demasiado unas a otras, para no confundir al niño. Si se trata de un niño con lenguaje oral, una buena opción es elegir palabras que ya conoce, de manera que comprenda su significado; del mismo modo, las que el chico articule mejor deberían preceder al resto, de modo que vaya ganando además confianza en sí mismo.

Algunos autores, como Troncoso y del Cerro, recomiendan una muestra de 60 palabras, que incluyen nexos, pronombres personales, verbos y adjetivos, con el fin de iniciar lo antes posible la lectura de frases con sentido.

4. Las primeras palabras

Como ya se ha comentado, estos métodos de lectura son globales, por tanto, lo que se enseña es la totalidad de la palabra.

En la mayoría de los casos, esta palabra se acompaña de la foto o dibujo que representa. De este modo, el niño asocia esa imagen, con su significado, a esa grafía y a ese sonido. Poco a poco, la palabra, como imagen global, se grabará en su memoria y será capaz de reconocerla y de diferenciarla de otras.

5. Quién debe enseñar a leer

En la mayoría de los colegios de España, lo habitual es iniciar la enseñanza de la lectura en la etapa infantil, pero no siempre se hace mediante un método global. Por tanto, es fácil encontrarse con un niño al que se le ha iniciado la enseñanza de la lectura a modo particular a los 4 años, y al llegar a los cinco o seis años en el colegio se le comienza a enseñar a leer mediante el método ordinario del centro al que asista.

Esto no es beneficioso en absoluto para el niño, y se debe evitar esta situación. Ya sea el colegio, ya sea el centro de atención temprana o los padres, alguien ha de ceder en beneficio del niño, y decidir todos el método a enseñar, pero de un modo coordinado.

Quizás la mejor solución sea que aprenda a leer con un método diferente al resto de los compañeros, pero que sea más eficaz. Como se ha dicho, no es necesario un tiempo excesivo para enseñar la lectura. Así que se puede enseñar durante las horas de apoyo. También es recomendable que los padres colaboren en este proyecto, y dediquen unos minutos cada día a su aprendizaje ya que la continuidad es fundamental. De nada sirve dedicar un día a la lectura y tres no, ya que así no aprenderá.

No obstante, si esta situación no se puede conseguir y el colegio insiste en mantener su método habitual, es preferible que se ceda en beneficio del chico. 

Bibliografía

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