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Práctica de la escritura

María Victoria Troncoso, Mercedes del Cerro
Fundación Síndrome de Down de Cantabria

 

Sumario

  1. Planteamientos fundamentales
  2. Cuándo y cómo empezar
  3. Ayudas
  4. Presentación de los trabajos
  5. Orden de dificultades
  6. Etapas de la escritura

 

1. Planteamientos fundamentales

1.1. Concepto

Escribir es representar las palabras o las ideas con letras u otros signos gráficos trazados en papel o en otra superficie. Es comunicar algo por escrito. Implica la motricidad el lenguaje (Ajuriaguerra, 1980) y la memoria. Escribir supone trazar una serie de grafías complejas en su forma que deben ir encadenadas. La coordinación entre movimientos rotacionales en continuo desplazamiento para realizar unos trazos que puedan ser leídos e interpretados por otros es, probablemente, la actividad de motricidad fina más compleja que podemos aprender. Se precisan varios años de evolución y desarrollo para lograr soltura suficiente y un estilo personal. El aprendizaje de la lectura es, sin duda, más sencillo.

Escribir, además de su carácter gráfico, es fundamentalmente un medio de expresión. Presupone un lenguaje interior que quiere comunicarse. Existe la intención de transmitir un mensaje por escrito y para ello es preciso un conocimiento de la lengua.

El lenguaje oral es previo y más sencillo que el lenguaje escrito. En el lenguaje escrito se piensa en un sonido o combinación de sonidos que deben plasmarse en símbolos gráficos que hay que recordar y trazar en orden, para representar un concepto. Nuestro sistema de escritura representa los sonidos. Si hay una correspondencia entre el fonema (sonido) y el grafema (letra), como sucede casi siempre en español, el aprendizaje es más sencillo. En este sentido nuestra lengua tiene ventajas frente a otras como el francés o el inglés. Las excepciones a esa correspondencia en el español son pocas y se aprenden con facilidad. Así sucede por ejemplo con la letra c que seguida de a, o, u, se pronuncia de un modo diferente que cuando le suceden las letras e, i, o la letra g seguida de e, i, o seguida de a, o, u.

1.2. Significante y significado

Para comprender las dificultades que tiene el aprendizaje de la escritura, es preciso analizar un poco sus dos componentes: el significante o la forma y el significado o mensaje que se transmite.

Para el significante lo importante es la forma de las letras y el movimiento para trazarlas. Es preciso desarrollar habilidades manipulativas finas que permitan trazar y encadenar las distintas grafías de nuestro código escrito, con rapidez, manteniendo la unión, la dirección, los giros con desplazamiento general del movimiento hacia la derecha, los espacios y la proporción en los tamaños. Es necesario tener la capacidad de control voluntario de la prensión del instrumento y de la presión que se hace con la punta sobre la superficie en la que se escribe. La presión tiene que ser suficiente para marcar, permitiendo al mismo tiempo el deslizamiento. Es preciso que haya coordinación entre la imagen visual de los símbolos y los movimientos de la mano para reproducir dicha imagen. Ello presupone la interiorización y recuerdo de los símbolos gráficos, el aprendizaje y ejecución casi automática —sin pensar— de los mismos. Es precisa la representación interior rápida de los grafemas que forman una palabra, que se corresponden con los fonemas que se oyen o se dicen, lo cual implica a la memoria auditiva y visual, al recuerdo gráfico asociado a un recuerdo de articulación. Todo ello será imprescindible para que, después, la energía se concentre en el contenido, en el pensamiento a transmitir y en el significado.

El significado hace referencia a ese lenguaje interior que quiere manifestarse por escrito para que otro u otros lo conozcan. Escribir en su pleno sentido es pensar y pasar a símbolos gráficos y legibles mensajes que el receptor puede descodificar y entender. Según Ajurriaguerra, "la evolución de la escritura va desde el aprendizaje voluntario hasta la automatización de una realización libre en la que el pensamiento se expresa de modo directo por la inscripción. Las letras son signos y como tales tienen que ser legibles. Su unión les permite convertirse en lenguaje y su desarrollo ordenado en relato. Una mala escritura es la consecuencia de dificultades motrices, prácticas, tensionales o de desconocimiento de la lengua" (Ajurriaguerra, 1973). Por tanto es preciso conocer las reglas gramaticales, la morfología, la sintaxis y la ortografía.

Por estas razones no llamamos escritura propiamente dicha a las copias o la llamada escritura funcional. Las copias son «dibujos» que se reproducen a partir de una muestra. La firma y algunos datos personales pueden aprenderse «de memoria» para usarlos con una finalidad exclusivamente práctica en situaciones esporádicas.

1.3. Aprendizaje temprano de la escritura

Este breve repaso sobre los aspectos más relevantes del acto de escribir, sólo han intentado destacar la dificultad y complejidad del aprendizaje de la escritura en comparación con el de la lectura. No puede darse un aprendizaje «temprano», ni impartirse una enseñanza precoz de la escritura, porque para escribir se precisa una maduración que raramente alcanzan los niños menores de 5 años. Por regla general, el proceso completo dura más tiempo que el de la lectura. Es cierto que los niños en edad preescolar pueden realizar actividades y ejercicios de psicomotricidad y gráficos, así como de atención, percepción y discriminación que sirven de ayuda y de preparación. Pero es imposible que el niño escriba a los 5 o 6 años todo lo que es capaz de leer y entender, aun cuando haya participado en un programa de aprendizaje temprano de la lectura. En la mayoría de los casos de niños con síndrome de Down, los alumnos adquieren soltura en la escritura a partir de los 10 o 12 años. En principio, los niños pueden aprender a leer mucho antes que a escribir.

El síndrome de Down influye negativamente en una serie de condiciones de carácter físico, lingüístico y cerebral, imprescindibles para escribir bien. Desde la anatomía de la mano, la laxitud ligamentosa y la hipotonía muscular, hasta las dificultades de coordinación, de inhibición, de memoria y de percepción auditiva, pasando por los problemas de lenguaje, en relación con el habla o con la morfosintaxis (Barrio del, 1991). Todo ello explica que las personas con síndrome de Down, como grupo, todavía no hayan alcanzado unos niveles altos en sus habilidades para escribir a mano. Tanto los aspectos gráficos, como el contenido de los mensajes y el modo de expresarlos, están afectados.

A pesar de estas dificultades evidentes, los programas actuales y sus resultados muestran que la mayoría de las personas con síndrome de Down pueden escribir suficientemente bien como para que sus textos sean legibles, sus mensajes sean coherentes, aportando información al receptor. Las técnicas actuales, especialmente el ordenador (computadora), pueden producir cambios sustanciales, porque al liberar al escritor del esfuerzo motor, la energía puede concentrarse con más eficacia en el pensamiento y mensaje a transmitir.

1.4. ¿Lecto-escritura o lectura y escritura?

Muchos autores recomiendan que la enseñanza de la lectura y de la escritura se hagan simultáneamente porque, según sus experiencias, son procesos que se apoyan y consolidan mutuamente. Para nosotros esto sólo es válido cuando se inicia la enseñanza de la lectura y escritura con alumnos mayores, cuyas destrezas motrices ya están desarrolladas.

Basadas en nuestra propia experiencia de más de 30 años, defendemos que si un niño puede aprender a leer, con gusto y disfrutando, a una edad temprana, no hay por qué retrasarlo con el fin de simultanearlo con la escritura. Si se trata de un alumno con síndrome de Down hay aún más razones para trabajar a distinta edad y a diferente ritmo ambos aprendizajes.

Es muy estimulante y enriquecedor para el conjunto de la personalidad del niño el aprendizaje temprano de la lectura. Es cierto que si el niño con síndrome de Down empieza a los 4 o 5 años necesitará unos tres más para lograr suficiente soltura. Mientras que, si empieza a aprender cuando es mayorcito, tardará menos tiempo. Pero es preciso considerar que todos los ejercicios y actividades que realiza durante el proceso de aprendizaje no son inútiles porque le sirven para mejorar sus capacidades de atención, percepción, discriminación y lingüísticas. Consideramos que es un tiempo muy bien empleado, ya que logrará ser un lector aceptable, con un nivel de 1º o 2º de Primaria, alrededor de los 8 años de edad. Este resultado, de saber leer a esa edad, evidentemente no se obtiene cuando se inicia la enseñanza más tarde. Sin embargo, la enseñanza de la escritura propiamente dicha no puede comenzarse a edades tan jóvenes. Será preciso emplear de 4 a 5 años, como mínimo, para que el alumno alcance un nivel aceptable de escritura. No nos parece razonable frenar la lectura, igualándola por su nivel bajo con el aprendizaje de la escritura. Antes al contrario, para nosotros es un reto el diseño de programas de escritura más eficaces con los que se logren mejores resultados a edades más tempranas. De hecho, actualmente hay alumnos que se expresan mejor con ayuda del ordenador, e incluso tecleando en el teléfono móvil (celular), que con la escritura manuscrita, especialmente cuando son ellos quienes desean transmitir un mensaje.

Estas razones son las que nos llevan a hablar de lectura y escritura y no de lecto-escritura, porque en sus fases iniciales nosotros proponemos que cada aprendizaje vaya por sus pasos propios, siguiendo su ritmo en función de la capacidad del alumno. Al final, algunos alumnos, alcanzarán niveles más igualados entre ambos aprendizajes, mientras que otros siempre serán mejores lectores que escritores.

2. Cuándo y cómo empezar

La enseñanza-aprendizaje de la lectura y de la escritura difiere en varios aspectos, aunque las dos sean lenguaje escrito. Como hemos dicho antes, muchos autores recomiendan que ambos aprendizajes se realicen al mismo tiempo. Nuestra experiencia en la educación de niños con síndrome de Down nos confirma en la conveniencia de enseñarles a leer a edades tempranas, aunque sea necesario esperar más tiempo para comenzar con la escritura. Un niño de 3 o 4 años puede reconocer visualmente palabras y atribuirles su significado, mientras que será imposible que a esa edad pueda escribirlas. No podrá hacerlo hasta que tenga de 7 a 9 años, como mínimo. No nos parece razonable que se pierdan esos años de aprendizaje lector. Además de esta diferencia, que hace referencia al cuándo empezar, hay diferencias en el cómo. El acercamiento a la escritura se inicia de un modo opuesto al de la lectura. En la lectura se comienza con una palabra, por lo tanto con un grafismo complejo, cuyo significado se le dice al niño quien acepta lo y lo aprende enseguida. En la escritura se inicia con el trabajo gráfico solo, aprendiendo y practicando los trazos más elementales y simples, que no tienen ningún significado lingüístico. Incluso, cuando el niño comienza a repasar su nombre por encima de las líneas de puntos, se trata más de un estímulo que le ayude a comprender qué es escribir y de animarle en todo su esfuerzo grafomotor, que de escribir en su pleno sentido.

Después del aprendizaje en el trazado de diversas líneas, el niño aprende el trazado de las letras, una por una, empezando por aquellas que tienen menos dificultades para ser trazadas. Después se inicia el trabajo del enlace de letras para escribir las primeras sílabas. En cuanto el niño es capaz, empieza a escribir las primeras palabras. Este es el momento en el que comienzan a unirse el significado y el significante. Empieza a comprender que puede comunicarse y transmitir mensajes por escrito.

Durante la etapa del progreso en la escritura será necesario que el alumno con síndrome de Down realice un gran número de ejercicios hasta alcanzar la capacidad de organizarse mentalmente y escribir, sin ayuda, con coherencia y claridad sus necesidades, sus deseos, sus sentimientos, sus experiencias y sus ideas. Las dificultades motrices y lingüísticas afectan claramente al lenguaje escrito, especialmente cuando es manuscrito. Con los nuevos métodos y técnicas de enseñanza y con la ayuda de la informática están produciéndose cambios favorables muy notables. Hoy en día, muchos jóvenes disfrutan y hacen uso habitual del ordenador (computadora) para enviar correos y escribir diversos textos.

Como hemos dicho, antes de comenzar de un modo sistemático el método de enseñanza de la escritura, el niño se habrá preparado durante la etapa de atención temprana con diversos ejercicios de psicomotricidad y gráficos.

Los requisitos necesarios para empezar a escribir con este método son:

  1. que el niño sea capaz de sujetar el instrumento de escribir entre el pulgar y los otros dedos
  2. que el niño sea capaz de realizar algunos trazos o garabatos siguiendo con la mirada los movimientos de su mano
  3. que el niño haya comprendido que no debe rebasar con sus trazos la superficie del papel. Comienza a inhibirse, controlando sus movimientos y frenando.

2.1. La postura y el mobiliario

Desde el punto de vista postural y motor, la tarea de escribir es evidentemente mucho más complicada que la de leer. Como hemos dicho, exige una mayor madurez y desarrollo de la motricidad. Si a ello unimos las características físicas de los niños con síndrome de Down, ya descritas, puede comprenderse la importancia fundamental que tiene el mobiliario. Es preciso que el niño pueda adoptar y mantener una postura correcta durante la sesión. Hay que facilitarle la estabilidad del tronco, para lo cual el asiento no debe estar hundido ni ser muy blando. El fondo del mismo, hasta el respaldo, no debe se ni más ni menos corto que la longitud del muslo. La altura del asiento debe permitirle el apoyo plantar, con las piernas flexionadas en ángulo recto a la altura de las rodillas. Si no llega bien al suelo, se le pondrá un soporte: banquito, caja o taco de madera, debajo de los pies. Los brazos deben apoyarse con naturalidad sobre la mesa, con el codo flexionado de modo que brazo y antebrazo no queden ni muy altos ni muy bajos. Cuidando estos detalles se facilita al niño que pueda mover libremente el brazo y la mano, sin perder el equilibrio, sin echarse hacia los lados o hacia adelante. ¡Se escribe con la mano y no con todo el cuerpo!

También hay que controlar la distancia y posición del papel, la procedencia de la luz y la proximidad de un compañero. Todo ello deberá facilitar al niño la postura correcta y el deslizamiento fluido del brazo y de la mano sobre la mesa y el papel.

2.2. Mano

Frecuentemente la mano de los niños con síndrome de Down es ancha, con dedos cortos y con una implantación baja del pulgar. A ello suele unirse la laxitud ligamentosa y cierto grado de hipotonía muscular, creando dificultades a la hora de asir el instrumento de un modo correcto.

En las etapas iniciales, se intentará que el niño lo agarre de tal modo que puede sujetarlo con índice y pulgar y deslizarlo suavemente sin tensiones. Es importante que lo sujete de forma que pueda ver la punta mientras escribe.

Es probable que, en algunos casos, a pesar de nuestros intentos y de su entrenamiento, los niños lo sostengan con una posición que llamaríamos incorrecta. Si el niño escribe así con comodidad, con soltura y con precisión, no se le forzará. Tal vez ha descubierto su propia posición correcta, dadas sus características anatómicas y fisiológicas, y hace adaptaciones funcionales, logrando seguridad y eficacia en sus actividades manipulativas.

2.3. Los materiales

El material más importante es el instrumento que se usa para escribir. Es preciso elegir el más adecuado para cada uno de los alumnos en función de sus destrezas manipulativas y de la tarea a realizar. Inicialmente lo mejor suele ser un instrumento grueso y no muy largo, que pese poco. El mejor es el lápiz. Hay lápices cuya madera está sin barnizar y tienen forma hexagonal, lo cual facilita mucho la prensión. Además hay diversas numeraciones por lo que puede elegirse aquella que marque bien el papel, sin necesidad de apretar mucho, de modo que también sea fácil el deslizamiento. Las pinturas de cera gruesa y blanda sirven para muchos trazos iniciales, en los que el objetivo es aprender la dirección o el control e inhibición de un trazo. Después es mejor que el instrumento tenga una punta más fina que el alumno puede ver bien y le ayude en la precisión de los trazos.

Conforme el niño progresa en su evolución neurológica y grafomotora, podrá asir un lápiz más delgado. Se cuidará siempre que marque suficientemente sin tener que apretar mucho. Para ello recomendamos elegir de entre los lápices para dibujantes, el número que le vaya mejor a cada alumno. En algunos casos pueden utilizarse los adaptadores para lápices que se encuentran en el mercado, de modo que le facilitan la prensión correcta. En otros casos, puede forrarse el lápiz con esparadrapo o cinta adhesiva, a la altura que el niño necesita para tenerlo bien entre el pulgar y el índice. Si el niño tiende a moverlo con demasiada velocidad, se elegirá el instrumento que se agarre más al papel. En este caso se evitará, por ejemplo, el uso de los bolígrafos de bola, y se usarán rotuladores de fieltro o lápices con mina dura.

En cuanto al papel recomendamos que al principio éste sea sin pauta: ni paralelas, ni cuadrículas. Usando papel en blanco, sólo con las líneas y dibujos que pone el profesor, se intenta facilitar al alumno la percepción de la figura sobre el fondo. Las pautas indican siempre una limitación espacial que puede ser una dificultad añadida. Inicialmente es mejor centrarse en un solo objetivo en cada ejercicio. Los tamaños y los espacios limitados, se trabajarán en fases posteriores, en función de la evolución y progresos del niño.

La hoja debe ser al menos de 30 x 20 cm con el fin de permitir unos trazos amplios. Aconsejamos colocarla en posición horizontal para facilitar un rastreo visual prolongado de izquierda a derecha así como los movimientos de la mano. Como es sabido, los brazos de los niños con síndrome de Down son cortos en relación con el tronco. La hoja en posición vertical puede plantearles dificultades, porque a lo mejor no ven bien y no llegan con su mano a la parte superior.

3. Ayudas

El profesor es la ayuda fundamental que tiene el niño. Debe actuar como estimulador y facilitador del aprendizaje de su alumno, el cual es el protagonista. Recordamos lo señalado en el capítulo 2 en relación con las actitudes del educador.

3.1. Ayuda moral

La escritura manuscrita es una tarea ardua para la mayoría de los niños con síndrome de Down. Esto supone que necesita ayudas extras para no desanimarse y realizar todos los ejercicios que sean necesarios. ¡Tantas repeticiones!...El talante optimista y cordial del profesor le predispone a dar gusto y a esforzarse.

El profesor procurará proporcionarle el mínimo de ayuda necesario para evitar su desánimo y fracaso, consiguiendo el máximo progreso a través de las ejecuciones

3.2. Ayuda verbal y física

El profesor iniciará cada una de las tareas con una explicación verbal, sencilla y entusiasta, del trabajo a realizar. Hará una demostración del ejercicio propuesto para facilitar la comprensión del mismo por parte del alumno. Después animará al niño para que le muestre que ha comprendido qué debe hacer. Por ejemplo: el niño señalará con el dedo la trayectoria que tiene que trazar. Durante la tarea, el profesor vigilará para que el niño mantenga buena postura y para que siga con su mirada las direcciones que se señalan o se trazan.

Al principio, si el niño se deja y no lo vive como una invasión, el profesor le llevará la mano en los nuevos trazos para que sienta en su propia mano la dirección y la decisión con las que hay que hacer cada línea. Es suficiente hacerlo dos o tres veces, dejando después al niño que lo haga solo.

Es probable que durante bastante tiempo sea necesario mantener las ayudas verbales durante las ejecuciones. Sirven de guía, de orientación y de aviso. A veces serán para que el niño frene a tiempo: «cuidado...cuidado... ¡para!... ¡ya!». Otras será para marcarle el ritmo del movimiento: «deprisa, deprisa», para que el niño trace una línea recta con decisión y sin titubeos. En ocasiones, por el contrario, necesitará ir despacio, por ejemplo cuando traza una línea dentro de un laberinto sin levantar el lápiz aunque haya cambios de dirección: «siiigue...siiigue...».

En el trazado de letras la ayuda verbal puede ser para indicarle la dirección a seguir: «sube...sube,..da la vuelta...baja», «un palo para abajo, otro echadito»...

3.3. Ayudas gráficas

Las ayudas gráficas pueden consistir en un punto rojo, unos dibujos que indican el lugar de iniciación del trazado y del final, unas rayas discontinuas de puntos, que le orienten sobre la forma y dirección, o unas líneas paralelas que le indican la trayectoria y la longitud. En las tareas nuevas estas ayudas gráficas están puestas en el papel antes de que el niño comience su trabajo, para que con esa orientación pueda hacerlo con éxito. Otras veces se harán sobre la marcha, en el momento en el que se ve que el alumno las necesita porque tropieza con alguna dificultad. No es infrecuente que se preparen los ejercicios creyendo que el niño tiene capacidad para ejecutarlos sin ayudas gráficas y, sin embargo, en el momento de trabajar se ve la necesidad de hacer alguna adaptación. Como siempre, conviene actuar con flexibilidad y realizar los cambios convenientes ante las necesidades y demandas del alumno.

4. Presentación de los trabajos

Todo el trabajo de escritura se prepara en hojas de papel para que el alumno realice los ejercicios con un lápiz, rotulador o pintura.

Los alumnos pueden hacer en otros momentos ejercicios complementarios en el suelo, en pizarras, en tableros, en caballetes, etc., pero consideramos que el trabajo sistemático y fundamental para escribir a mano debe hacerse en la mesa, con los materiales que más se parezcan a los que los adultos utilizan para su comunicación por escrito.

La presentación de las hojas, con sus dibujos, líneas y trazos, debe tener las características que señalamos en el capítulo 4, en cuanto a calidad, nitidez, interés, etc.

Es absolutamente imprescindible la adaptación a las necesidades de cada uno de los alumnos en relación con el tipo de trazo, su tamaño, el número de ejercicios a realizar, las repeticiones, la secuencia en la que se le van enseñando, etc. Hay que analizar en qué momento evolutivo está, cuáles son sus destrezas neuromotrices y qué objetivos conviene seleccionar.

En esta obra presentamos modelos para preparar las hojas de escritura. Insistimos en la necesidad de hacerlo individual y personalmente para cada alumno, eligiendo los dibujos, el tipo de trazo y su tamaño, el número de ejercicios, los límites y ayudas, etc., según sus necesidades y posibilidades en ese momento.

Las hojas deben tener una presentación atractiva, cuidada, con color. Desaconsejamos vivamente la preparación precipitada, fotocopiando cualquier cosa o improvisando con el solo objetivo de que el alumno esté «entretenido» y no dé la lata.

Actualmente, escaneando o bajando dibujos de un archivo o de la red y con impresoras y fotocopiadoras a color, es fácil preparar materiales motivadores, bonitos y originales.

Recordamos que el niño no debe hacer muchos trazos seguidos porque la fatiga favorecerá que sus ejecuciones sean peores cada vez y porque el niño puede rechazar la actividad si se cansa. Sin embargo, como para escribir bien es necesario practicar haciendo ejercicios de escritura, será conveniente repartir las actividades de escritura en dos o tres sesiones cortitas, a lo largo del día. Si no hay suficiente repetición no se conseguirá la interiorización de los trazos ni una buena caligrafía. Como en otros aprendizajes de los niños con discapacidad intelectual, conviene ordenar cuidadosamente los pasos o los grados de dificultad, para que se dé un progreso, aunque sea pequeño y no se viva la sensación del fracaso. Como recordamos habitualmente, hay que ayudar al niño a ascender por un plano que tenga una inclinación hacia arriba de pocos grados, de modo que siempre haya un ascenso pero sin que note mucho cansancio por un esfuerzo desproporcionado.

5. Orden de dificultades

Esta ordenación se hace teniendo en cuenta diferentes criterios. En unos momentos interesa seguir uno de los criterios y en otros momentos otro. Siempre se hace paulatina y suavemente.

Al principio se preparan líneas y trazos grandes, ya que los primeros objetivos van encaminados a que el niño aprenda el punto de inicio, la trayectoria o dirección a seguir y dónde debe acabar. Lo que interesa es que interiorice una dirección: vertical, horizontal, inclinada o un trazo. Después el objetivo será que aprenda a controlar su movimiento, frenando a tiempo. Cuando haya conseguido dominar esos objetivos, empezará la dificultad de la reducción del tamaño o del incremento de ejecuciones.

Otro de los criterios para que se esfuerce y progrese, es el de ir eliminando las ayudas gráficas. Poco a poco se eliminan dibujos, puntos rojos, paralelas o líneas discontinuas indicadoras de la trayectoria.

Otra forma de ayudarle a progresar es incrementar el tiempo dedicado a escribir, teniendo cuidado siempre de observar si se le produce fatiga física y psicológica que le hagan empeorar las ejecuciones. Es preciso evitarlo y finalizar en el momento oportuno.

Conforme progrese el niño alternará grafismos distintos en la misma hoja o en una misma línea. Con estos cambios el niño hace un magnífico ejercicio porque tiene que esforzarse en la atención, en la percepción y en la producción motora, cambiando de dirección o de tamaño y actuando con rapidez ante el estímulo visual.

El profesor debe tener claro el objetivo u objetivos que persigue con cada una de los ejercicios, de modo que no exija al alumno perfección en varios frentes a la vez. Al principio será mejor que sólo programe uno: seguir una dirección, frenar a la llegada, no levantar el lápiz del papel. Poco a poco, podrá exigir varios al mismo tiempo teniendo cuidado de no sobrepasar las capacidades psicológicas y neuromotrices del alumno.

6. Etapas de la escritura

En la actualidad sabemos que las personas con síndrome de Down tienen más capacidad para un conjunto de adquisiciones académicas de las que se suponía hace unos años. Para que esta capacidad pueda desarrollarse es preciso que los distintos servicios y personas que giran alrededor de un niño o joven con síndrome de Down, desde que nace hasta que abandona la escuela, estén convencidos de que tiene derecho y posibilidades de participar en la cultura y beneficiarse de un modo claro y objetivo de las enseñanzas escolares. Con este convencimiento, los programas de atención, desde el nacimiento hasta la incorporación al mundo laboral, tendrán en cuenta una serie de objetivos y actividades que son necesarios para facilitar y consolidar el aprendizaje de la lectura y de la escritura.

Por este motivo, aunque describimos tres etapas para la enseñanza sistemática de la escritura, que se empiezan en el momento en el que el niño sostiene en su mano un instrumento para pintar, damos una gran importancia a la preparación previa que debe hacerse en los llamados programas de Estimulación precoz o Atención Temprana. Los profesionales que atienden a los niños con síndrome de Down menores de 3 años, deben tener presentes las necesidades de ese niño que poco después empezará a leer y a escribir. Por este motivo damos un poco más adelante unas pequeñas sugerencias sobre cómo puede hacerse esa preparación previa del niño.

En la enseñanza sistemática de la escritura propiamente dicha distinguimos tres etapas.

La primera etapa la consideramos previa a la escritura porque los objetivos van encaminados a lograr el dominio de los trazos, sin hacer letras y a desarrollar el control motor. El niño aprende y practica el trazado de las líneas que le servirán después para hacer las grafías. Se da prioridad a los aspectos perceptivo-motores frente a los lingüísticos.

La segunda etapa es la llamada de iniciación a la escritura porque el alumno empieza a trazar las letras y a enlazarlas formando sílabas y palabras. También escribe sus primeras frases. Aunque en esta etapa sigue dedicándose especial atención a los aspectos gráficos, incluso empezamos a hablar ya de caligrafía, se trabajan también los componentes lingüísticos del lenguaje escrito. El niño empieza a transmitir significados, aunque sean tan elementales como una palabra sola.

La tercera etapa es la denominada de progreso en la escritura. En ella, sin descuidar la caligrafía, (¡siempre tan difícil para los alumnos con síndrome de Down!), se atiende fundamentalmente al significado, al contenido, al qué se transmite y a cómo se hace desde el punto de vista de las normas de la lengua. Por tanto, la ortografía, la gramática, la morfología y la sintaxis ocupan un lugar destacado en la programación, en el desarrollo de las sesiones y en la realización de los ejercicios.

Nota. La descripción completa de las tres etapas puede verse en: