La memoria en el síndrome de Down - Downciclopedia

Inicio / Psicología / Memoria / La memoria en el síndrome de Down

La memoria en el síndrome de Down

Roser Fernández-Olaria, Jesús Flórez

 

Sumario

  1. Principales formas de memoria
  2. Memoria visuo-espacial en el síndrome de Down
  3. La memoria en el adulto con síndrome de Down

Bibliografía

 

En nuestra área dedicada a la Neurobiología se explican ampliamente las bases biológicas de la memoria, sus diversas formas, las peculiaridades observadas en el síndrome de Down y las estrategias para intervenirla y mejorarla: La memoria: bases fundamentales

En este capítulo exponemos sucintamente las características esenciales de la memoria en las personas con síndrome de Down.

 

1. Principales formas de memoria

Vistas las peculiaridades neurobiológicas del síndrome de Down, no nos puede extrañar que afecten a los mecanismos fundamentales de la memoria y de la capacidad cognitiva desde sus primeros meses. Las personas con síndrome de Down muestran dificultades para retener información, tanto por limitaciones al recibirla y procesarla (memoria a corto plazo) como al consolidarla y recuperarla o evocarla (memoria a largo plazo). Además, las personas con síndrome de Down muestran mayores dificultades para retener la información verbal que la visual, sobre todo, en la memoria a corto plazo. Este aspecto no es exclusivo de las personas con síndrome de Down sino que también aparece en otros grupos de población con discapacidad intelectual (Marcell y Armstrong, 1982; Hulme y Mackenzie, 1992; Hulme y Roodenrys, 1995). Pero los resultados en memoria verbal a corto plazo son peores en las personas con síndrome de Down que en los otros grupos de personas con discapacidad intelectual. Se ha querido comprobar si este déficit es específico en la memoria verbal a corto plazo más que en la memoria verbal a largo plazo, comprobándose que persiste en ambos tipos de memoria (Carlesimo et al., 1997; Vicari et al., 2000; Pennington et al., 2003; Nichols et al., 2004). 

Jarrold y su grupo (2001) desarrollaron un programa continuado de estudios desde los 1990s dirigido a revelar las causas de esta pobre memoria operativa verbal. Descartaron que la pérdida de oído o las dificultades de lenguaje pudieran explicar de forma completa este fenómeno. Concluyeron que el bucle fonológico, que es una parte del sistema de memoria operativa verbal que utiliza un código de lenguaje (fonológico), funciona de manera limitada.

La memoria operativa verbal influye sobre el aprendizaje del habla y sobre el procesamiento del lenguaje durante la escucha a un interlocutor, sobre el aprendizaje de la lectura y del cálculo, y sobre muchos aspectos del funcionamiento cotidiano. Es, pues, un factor central en las habilidades intelectuales.

Hay dos formas de responder ante la presencia de una dificultad concreta: cómo utilizar los puntos fuertes que la puedan compensar, y cómo reducir realmente ese punto débil del proceso básico. Se han ensayado ambos enfoques.

 

  • Utilizar los puntos fuertes para enseñar. Tan pronto como se informó sobre la dificultad de la memoria operativa verbal, los profesionales adaptaron su enseñanza para utilizar mejor los apoyos visuales: signos, imágenes, símbolos, escritos, pantallas de ordenador siempre que fuera posible. Lo que hacen es soslayar el déficit y aprovechar el punto fuerte del aprendizaje visual para ayudar a los niños a que aprendan y recuerden.
  • Mejorar la función débil. Algún investigador ha estudiado el entrenamiento de la memoria, pero sus datos muestran un beneficio limitado, e indican que es más fácil entrenar la memoria visual espacial que la memoria operativa verbal (Bennett et al., 2013).

 

A pesar de que existen pocos estudios de investigación en cuanto a la memoria a largo plazo, se sabe que en las personas con síndrome de Down la memoria implícita o no declarativa es mejor que la explícita o declarativa (Vicari, 2001); de ahí que puedan realizar conductas complejas que son incapaces de explicar o describir (Vicari et al.,  1995; Carlesimo et al., 1997). Esto puede ser debido a que la memoria explícita requiere generalmente el lenguaje, lo que hace que resulte más dificultoso. Esto no significa que las personas con síndrome de Down no recuerden hechos, o que no relacionen datos; una vez más, la variedad de capacidades es muy grande, y ni que decir tiene que la buena intervención educativa consigue desarrollar sus capacidades. Pero es frecuente constatar en ausencia de una adecuada intervención:

  1. la escasa capacidad para indicar con precisión hechos y fechas;
  2. la dificultad para generalizar una experiencia de modo que les sirva para situaciones similares;
  3. los problemas que tienen para recordar conceptos que parecían ya comprendidos y aprendidos;
  4. la lentitud con que captan la información y responden a ella, es decir, aun pensando correctamente, necesitan un tiempo para procesar la información y decidir de acuerdo con ella;
  5. el tiempo que necesitan para programar sus actos futuros.

En cuanto a la memoria implícita, la procedimental está bien desarrollada, por lo que pueden realizar tareas secuenciadas con precisión; por tanto, un gran número de actividades de la vida diaria. Como buena parte de este aprendizaje utiliza sistemas de transmisión refleja, condicionamientos y asociaciones entre estímulos y respuestas, cobra una particular importancia la probabilidad de que concurran simultáneamente varios estímulos. Factores tales como premio y castigo, satisfacción y motivación cumplen su función perfectamente y resultan altamente eficaces en los procesos de aprendizaje. Es importante todo ello porque tienen alto valor pedagógico y deben ser promovidos de manera especial.

Esto no significa que el aprendizaje sea rápido; es probable que, atendiendo a la desorganización difusa de las redes neurales, ciertos aprendizajes cuesten más que otros y que, una vez aprendidos, sean retenidos suficientemente bien. No en vano, los sistemas cerebrales que intervienen en este tipo de aprendizaje como es el estriado, se encuentran bien conservados.

La capacidad de la memoria a largo plazo de las personas con síndrome de Down en cuanto a  recordar acontecimientos y habilidades aprendidas,  son buenas. Seguramente, esta es un área en la que se necesita investigar más y, de esta manera, en un futuro se dispondrá de una importante base para mejorar la intervención.

 

2. Memoria visuo-espacial en el síndrome de Down

Se afirma que uno de los rasgos típicos del fenotipo del síndrome de Down es el de poseer una buena habilidad visuo-espacial en comparación con la habilidad verbal. La habilidad visuo-espacial es la capacidad para procesar la información visual que implique relaciones espaciales; es decir, la capacidad para generar, almacenar, recuperar y transformar imágenes visuales bien estructuradas. Por ejemplo, los niños con síndrome de Down funcionan mejor en las tareas de memoria a corto plazo si han de recordar información visuo-espacial, como son las secuencias de localizaciones de objetos, mejor que si han de recordar información verbal suministrada en forma de secuencias de dígitos o de palabras. Disponer de una relativa fortaleza en la habilidad visuo-espacial supondría una clara ventaja para ciertos aspectos de la vida y haría más fácil distinguir entre derecha e izquierda, atarse los zapatos, coger una pelota, ordenar un escritorio o un armario, o encontrar el camino a casa desde la escuela o el trabajo. En muchas situaciones, para las personas con síndrome de Down la utilización visual resulta claramente mejor que la verbal. Ciertamente, es por esta razón por la que se ha promovido la utilización visual para acceder a la lectura y mejorar la memoria. De ahí que se considera frecuentemente la habilidad visuo-espacial como una de las áreas fuertes en el síndrome de Down.

Conviene, sin embargo, precisar a qué llamamos área fuerte en un fenotipo conductual de una determinada discapacidad intelectual. ¿Supera a lo que cabría esperar de su capacidad cognitiva general? ¿O la llamamos fuerte sólo porque supera a otras habilidades más débiles, como son la habilidad y la memoria verbal en el síndrome de Down?

Los datos de que disponemos en esta materia son los siguientes:

 

  1. La memoria espacial secuencial de los niños con síndrome de Down parece mantenerse al nivel de la capacidad cognitiva general. Es posible que su crecimiento con la edad sea algo más plano que en los niños control de similar edad mental, entre los 3 y 8,5 años.
  2. La memoria secuencial espacial o recuerdo de patrones y la memoria de localización corresponden a la edad de desarrollo del niño o quedan algo por debajo de su edad mental.
  3. La memoria espacial operativa es la que más se resiente en el síndrome de Down, tanto más cuanto las tareas exijan un mayor nivel de control cognitivo.

 

3. La memoria en el adulto con síndrome de Down

La memoria visual ha sido destacada como una forma de memoria que permanece fuertemente adherida y estable en el adulto con síndrome de Down. Es un punto fuerte. Como tal, puede ser muy bien aprovechada en múltiples circunstancias de la vida personal, y puede ser motivo de la instauración de algunos problemas. Esta doble cara y sus consecuencias han sido largamente descritas por McGuire y Chicoine (2009).

La memoria visual se manifiesta en el recuerdo preciso de personas, lugares y acontecimientos del pasado, tanto más cuanto más les interese. A veces son fragmentos de información que se concreta en los nombres y fechas de cumpleaños, aniversarios, nombres y títulos asociados a sus actividades favoritas (deportes, películas, canciones). En ocasiones, esta memoria se concreta con extraordinaria precisión, como si estuvieran reviviendo una imagen. Por eso, cuanto más vívidas sean sus experiencias, más intensos serán los recuerdos: los buenos y los malos. De ahí que puedan sufrir más intensamente la ansiedad postraumática o determinadas fobias.

 Las características clave de la capacidad evocadora de las personas con síndrome de Down son:

  1. La dificultad para situar los recuerdos en el tiempo
  2. La tendencia a revivir los recuerdos pasados como algo presente
  3. La tendencia a repetir recuerdos específicos.

Aunque tengan una memoria excepcional para los hechos pasados, también es frecuente que posean un corto entendimiento respecto a cuándo acaecieron estos hechos en el tiempo. Esto se debe a sus dificultades para comprender nociones más abstractas del tiempo: entienden el tiempo en términos precisos, como por ejemplo, la cena es a las seis, pero tienen dificultades para aprehender conceptos más abstractos del tiempo y de su transcurso, en términos de meses o de años pasados. En consecuencia, no tienen buen sentido para discernir que los hechos que recuerdan pertenecen al pasado, o forman parte de una secuencia histórica de hechos.

La combinación de su buena memoria visual con la ausencia del sentido del tiempo, tiene como resultado que muchas personas con síndrome de Down dan la impresión no tanto de recordar un acontecimiento pasado, como de revivirlo o volver a experimentarlo como si estuviera sucediendo en la actualidad, y muy a menudo con los sentimientos y las emociones experimentados en el momento del hecho original.

Vuelven a traer a su memoria una y otra vez recuerdos específicos; suelen ser recuerdos que provocan fuertes emociones, positivas o negativas, con sus respectivas consecuencias. Por eso,  les encanta ver las imágenes de los álbumes fotográficos, vídeos, etc. Pero también tienden a recordar las experiencias negativas. Éste es en particular el caso para las personas con síndrome de Down, que tienen una tendencia preexistente a la repetición y a la rumia, que se ve después incrementada con la presencia de experiencias negativas. La intensidad de los acontecimientos con gran carga emocional no parece disminuir con el transcurso del tiempo.

 

Bibliografía

Bennett S, Holmes J, Buckley, S. Computerized memory training leads to sustained improvement in visuospatial short term memory skills in children with Down syndrome. Am J Intellect Develop Disabil 2013; 118(3), 179-192.

Carlesimo GA, Marotta L, Vicari S. Long-term memory in mental retardation: Evidence for a specific impairment in subjects with Down’s syndrome. Neuropsychologia 1997; 35: 71-79.

Hulme C, Mackenzie S. Working memory and severe learning difficulties.  Hove, UK: Lawrence Erlbaum Associates, 1992.

Hulme C, Roodenrys S. Practitioner review verbal working memory development and its disorders. J Child Psychol Psychiat 1995; 36: 373-398.

Jarrold C, Baddeley AD. Short-term memory in Down syndrome: Applying the working memory model. Down Syndrome Research and Practice, 2001; 7(1), 17-23. https://www.down-syndrome.org/reviews/110/

Marcell MM, Armstrong V. Auditory and visual sequential memory of Down syndrome and nonretarded children. Am J Ment  Defic 1982; 87, 86-95.

McGuire D, Chicoine B. La memoria en los jóvenes y adultos con síndrome de Down: aspectos positivos y negativos. Síndrome de Down: Vida adulta 2009; 1: 5-13.

Nichols S, Jones W, Roman MJ, Wulfeck B, Delis DC, Reilly J, Bellugi U. Mechanisms of verbal memory impairment in four neurodevelopmental disorders. Brain  Lang 2004; 88: 180-189.

Pennington BF, Moon J, Edgin J, Stedron J, Nadel L. The neuropsychology of Down syndrome: Evidence for hippocampal dysfunction. Child Develop, 2003; 74: 75-93.

Vicari S. Implicit versus explicit memory function in children with Down and Williams syndrome. Down Syndrome Res Practice 2001; 7: 35-40.

Vicari S, Bellucci S, Carlesimo GA. Implicit and explicit memory: a functional dissociation in persons with Down syndrome. Neuropsychologia 2000; 38: 240-251.

Vicari S, Carlesimo GA, Caltagirone C. Short-term memory in persons with intellectual disabilities and Down’s syndrome. J Intellect Disabil Res 1995; 39: 532-537.

Referencias

  1. Hulme, C. & Mackenzie, S. (1992) Working memory and severe learning difficulties. Essays in cognitive psychology. Lawrence Erlbaum Associates, NJ.
  2. Jarrold C. & Baddeley A.D. (2001) Short-term memory in Down syndrome: Applying the working memory model. Down Syndrome Research and Practice, 7(1), 17-23. https://www.down-syndrome.org/reviews/110/
  3. Smith, E. & Jarrold, C. (2014) Demonstrating the effects of phonological similarity and frequency on item and order memory in Down syndrome using process dissociation. Journal of Experimental Child Psychology. 128, 69-87.
  4. Smith, E. & Jarrold, C. (2014) Grouping, semantic relation and imagery effects in individuals with Down syndrome. Research in Developmental Disabilities. 35 (11) 3162-3174.
  5. Bennett, S., Holmes, J. and Buckley, S. (2013). Computerized memory training leads to sustained improvement in visuospatial short term memory skills in children with Down syndrome. American Journal on Intellectual and Developmental Disabilities, 118(3), 179-192.
  6. http://www.aaiddjournals.org/doi/abs/10.1352/1944-7558-118.3.179