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Una nota de precaución

Ahora bien, no nos engañemos: el hecho de que existan estos programas y tengan este respaldo, no significa que todos los médicos, tanto de medicina general como pediatras y especialistas, los conozcan y los apliquen. Con demasiada y penosa frecuencia comprobamos que muchas personas con síndrome de Down padecen enfermedades que podían haber sido previstas, detectadas y tratadas en su momento, y no lo fueron porque no se les sometió a las exploraciones que los programas recomiendan.

Duele afirmar que durante mucho tiempo la salud de las personas con síndrome de Down fue pobremente atendida. Y aunque esto va mejorando, todavía persiste la ignorancia en algunos reductos de la clase médica. Por eso es preciso que los padres y cuidadores de las personas con síndrome de Down dispongan de un ejemplar del programa de salud y, si es preciso, educada pero firmemente lo den a conocer al su médico y exijan su aplicación.


Incluso, puede ser preciso hacer ver al médico que precisamente porque la persona tiene síndrome de Down, es más importante conseguir que goce de la mejor salud posible y corrija sus problemas médicos. En efecto, la buena salud, el sentirse bien, contribuye decisivamente a mantener más despierta la mente, más motivada la actitud, sentirse más alerta. Y ya que las personas con síndrome de Down tienen mayores dificultades para procesar la información, para aprender, para reaccionar con prontitud, etc., debemos todos procurar que su salud física sea óptima y esté en las mejores condiciones. Un ejemplo muy claro: si tiene alteraciones de visión o de audición (que son frecuentes), habremos de detectarlos y corregirlos a tiempo para que, al menos, la información le llegue adecuadamente y no añada más problemas a la dificultad de procesamiento.