Hábitos Nocturnos en el síndrome de Down - Downciclopedia

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Hábitos Nocturnos en el síndrome de Down

Nota de la Redacción de Canal Down21

Es frecuente que los padres comenten que su hijo pequeño con síndrome de Down no adquiere los hábitos normales del sueño, tenga un sueño muy irregular y termine por dormir en la cama de sus papás. Y todo ello se prolonga durante varios años. Ciertamente, el síndrome de Down puede ser responsable directo de algunos de los problemas del sueño.

Pero es muy frecuente que algunos de los problemas sean los propios de cualquier niño de su edad, agravados por hecho del retraso en su desarrollo evolutivo y madurativo, y que requieran ser tratados con una metodología y disciplina adecuadas, como a cualquier otro niño. Con este fin, ofrecemos las orientaciones que recomienda el Dr. John Pearce, profesor de Psiquiatría Infantil en la Universidad de Nottingham, obtenidas de su obra “Buenos hábitos y malos hábitos: De la vida en familia a la vida en sociedad”, publicada por Paidós Ibérica S.A. (Barcelona, 1996) (
www.paidos.com).


Muchos de nuestros hábitos diarios están centrados en torno a las actividades de prepararse para la cama, ir a dormir y levantarse por la mañana. Esto no es tan sorprendente, puesto que se trata de momentos de cambio en los que la rutina regular puede hacer la vida más fácil y reducir parte de la ansiedad y sentimientos de inseguridad que tan a menudo acompañan al cambio.

Un buen hábito para dormir es una de las primeras rutinas que adquieren los niños. Pero aproximadamente uno de cada tres bebés y niños menores de cinco años tendrá problemas para dormir y, de ellos, alrededor de un 30 % podrán sufrir un problema serio. Afortunadamente, este alto porcentaje de perturbación del sueño mejora a medida que los niños se hacen mayores, de tal forma que a los ocho años la frecuencia de los problemas en torno al dormir disminuye de diez a uno.

Los niños afectados son muchos y, sin embargo, pocos padres están seguros de lo que deben hacer con respecto a los problemas del dormir, los cuales quizá hayan alcanzado proporciones epidémicas. ¿Por qué? He aquí algunas posibles explicaciones:

  • Pocas familias tienen una rutina regular para la hora de acostarse.
  • A los padres, agotados de cansancio, les resulta difícil ser firmes y consecuentes.
  • Los sentimientos de culpa conducen a los padres a ser demasiado indulgentes.
  • Expertos en el cuidado de los niños, médicos, parientes y amigos ofrecen a veces consejos contradictorios.
    Hábitos nocturnos DownCiclopedia

Hábitos normales del dormir

Un recién nacido se pasa la mayor parte del día y de la noche durmiendo, pero de forma continua sólo duerme durante períodos relativamente cortos de unos 20 minutos aproximadamente. Esto quiere decir que los bebés se despiertan de forma natural cada 20 minutos o menos, pero si están contentos y tranquilos probablemente alargarán el tiempo de sueño. Así pues, es normal que los bebés se despierten y lloren con mucha frecuencia.

Los niños a los tres meses pasan más tiempo despiertos durante el día que durante la noche, pero también hay cuatro o cinco períodos de desvelo durante la noche en los que el niño puede permanecer tranquilo o ponerse a llorar. Más tarde, hacia los seis meses de edad, los niños pasan durmiendo un tiempo razonablemente largo durante la noche (hasta 15 horas), estableciéndose un claro patrón de sueño día/noche. Por esta razón es mejor esperar como mínimo hasta los seis meses de edad antes de tomar la decisión de corregir el horario de sueño de un niño.

A los seis meses de edad la mayoría de los niños tienen instaurado un ciclo razonablemente estable de sueño/vigilia, pero a los dos años ya se suele haber roto, especialmente si no había quedado bien establecida una rutina regular de sueño. Dormir, al igual que comer, asearse y vestirse es un hábito diario que requiere una práctica regular antes de quedar bien establecido. Hay varios factores que hacen que los niños sean más propensos a desvelarse por la noche. Por ejemplo:

  • temperamento (los niños con fuertes emociones y escasa adaptabilidad al cambio son más propensos a tener problemas para dormir)
  • dificultades en el parto y bebés irritables con cólico
  • padres con ansiedad y preocupaciones
  • darles el pecho o el biberón por la noche después del primer año de edad
  • dormir en la misma habitación que los padres
  • padres demasiado sensibles.

Está demostrado que los niños duermen actualmente menos horas que durante la primera mitad de este siglo. De todos modos, si los acostumbramos lo suficientemente temprano y no los molestamos, la diferencia desaparece. Aparentemente, ¡nuestro estilo de vida actual da a los niños menos oportunidades de dormir que las que tenían sus abuelos cuando eran pequeños!

¿Por qué preocuparse por el dormir?

Algunas personas creen que no es necesario preocuparse por el sueño de los niños ya que ellos terminan por solucionarlo de forma natural si los dejas solos y no te preocupas más por ello. Pero está demostrado que la falta de sueño tiene efectos negativos en el niño y en sus padres.

La falta de sueño conduce a una concentración deficiente y a la irritabilidad (después de 24 horas sin dormir), seguidas de ansiedad y sentimientos de depresión (después de 48 horas). Estos efectos los comparten niños y adultos. Pero hay una gran diferencia entre ambos: cuando un niño está muy cansado tiende a acelerarse, se vuelve inquieto y aparentemente lleno de energía; en cambio, la mayoría de los adultos van decayendo y se quedan sin energía.

La combinación de un padre cansado e irritable con un hijo inquieto e insomne no es de lo más feliz. Pero éste no es el único problema que podrá causar el niño con síndrome de Down que no duerme. Los padres necesitan tiempo para ellos mismos y para comunicarse y disfrutar de una intimidad compartida. Un niño insomne puede hacer esto muy difícil.

A pesar de ser obvia la necesidad de dormir, no hay ninguna manera de poder forzar a un niño a que duerma. ¡De hecho, decirle a un niño que se vaya a dormir, normalmente lo despierta más! Así pues, no te molestes en controlar el sueño de tu hijo. Todo lo que puedes hacer es procurar que el niño goce de las condiciones necesarias para dormir. En otras palabras, que esté en una cama confortable y en una habitación oscura y tranquila. Está demostrado que el hecho de descansar simplemente en la cama por la noche es casi tan beneficioso como el dormir.

El niño insomne. ¿Hay soluciones fáciles?

La mayoría de los padres intentarán cualquier cosa para calmar al niño que no duerme. Hablarle con ternura, volver a arreglar la ropa de la cama, acariciarle, mecerle o abrazarle cariñosamente son los métodos más normales. Hay soluciones más desesperadas, como salir con el niño a caminar por la calle en plena noche o salir a dar una vuelta con el coche. Si nada funciona, se mete al niño en la cama de los padres o alguien se instala con el niño. ¡Fácil y efectivo! El niño deja de llorar y finalmente se duerme, pero, ¿cuál es el precio?

Los niños se dan cuenta muy pronto de que si se mantienen despiertos y gritan pueden controlar a sus padres y obtener más abrazos y atención extra, y en muy pocos meses hacen que esto funcione. De hecho, los niños arrastran con mayor facilidad a sus padres a una rutina nocturna que a la inversa.

Los sedantes son otra forma aparentemente fácil de tratar al niño insomne, y si la dosis es lo suficientemente grande su funcionamiento está garantizado. De todos modos, los mejores sedantes no son efectivos para más de cuatro horas, a menos que la dosis sea tan grande que los efectos secundarios de somnolencia e irritabilidad se puedan apreciar todavía al día siguiente.

Un efecto de rebote que incremente la dificultad para dormir puede hacer difícil dejar los sedantes, mientras que todavía hay que hacer frente a los problemas subyacentes del sueño.

Estas soluciones fáciles y rápidas son efectivas a corto plazo, pero tienen un precio. Lo mismo que un crédito, hay un beneficio inmediato, ¡pero tienes que pagarlo más tarde! Al final, el niño debe dejar los sedantes o salir de la cama de los padres porque, de otro modo, puede volverse dependiente de ellos o de una persona que se quede con él para ayudarle a dormir.

La única ocasión en que los sedantes podrían estar justificados es en una crisis, cuando el tiempo de medicación no pasa de tres o cuatro días. Si ha de alargarse más es mejor buscar otras alternativas.

La noche es para dormir y...

La noche da para algo más que para sólo dormir. Descansar también es importante, y los padres necesitan tener algo de paz, tranquilidad y tiempo para ellos.

Aunque de forma no tan patente, es durante la noche cuando los niños comienzan a aprender a tener confianza en sí mismos, a no depender de nadie más. La noche es una de las pocas ocasiones en que los niños están completamente solos durante un tiempo largo (en su propia cama, tranquilos e independientes incluso si hay otros niños en la misma habitación) y, por lo tanto, capaces de aprender a sentirse a gusto consigo mismos y a ir adquiriendo confianza en sí mismos.

El hecho de adquirir confianza en sí mismos y desarrollar cierta independencia parece más urgente en la actualidad, puesto que se espera que los niños afronten el mundo exterior a la familia a una edad mucho más temprana que la generación anterior. Ser capaz de sentirse solo y seguro en la oscuridad durante la noche ayudará al niño a desarrollar la confianza necesaria para afrontar nuevas experiencias como, por ejemplo, el inicio de la escuela.

Como puedes ver, la noche es para dormir y para...

  • descansar y reponerse (sólo con estar tumbado en la cama es suficiente)
  • que los padres tengan paz y tranquilidad
  • que los padres tengan tiempo para hacer lo que quieran
  • aprender a estar solo
  • tener la oportunidad de desarrollar la confianza en sí mismo
  • aprender a afrontar la oscuridad.

Prepararse para la cama

Es muy importante establecer una rutina regular para la hora de acostarse. Una de las principales razones por la que los programas para dormir no funcionan es porque no se hace el esfuerzo suficiente para dejar bien establecida la rutina para la hora de acostarse. Te recomiendo lo siguiente:

  • Establece con tiempo suficiente una rutina detallada que convenga a toda la familia.
  • Empieza la rutina una hora antes de ir a la cama.
  • Escribirlo todo en una hoja de papel puede ser muy útil.
  • Fija una hora de acostarse que se pueda mantener.
  • Ve recogiéndolo todo poco a poco.
  • Haz siempre las mismas cosas en el mismo orden.
  • Una vez que el niño esté en la cama, quédate con él sólo un rato corto, a menos que haya buenas razones para permanecer más tiempo. Los niños, obviamente, necesitan que se esté con ellos a solas más tiempo que éste pero, normalmente, es mejor estar con ellos a cualquier otra hora del día.
  • Di siempre las mismas palabras para desear las buenas noches.
  • Apaga la luz y cierra la puerta de la habitación.

Esta rutina necesita alguna explicación. Es importante que la hora de acostarse no se haya fijado demasiado tarde. Normalmente, los padres permiten que los niños impongan una hora avanzada, y lo justifican mediante la siguiente excusa: «No se dormirá si lo metemos en la cama antes». No olvides que la noche, además de para dormir, también es para descansar; así pues, no es una buena idea dejar al niño levantado.

Los momentos de recogerlo todo señalan al niño que la hora de acostarse se acerca sin la necesidad de tener una discusión por este motivo. He aquí algunos de los pasos, en la rutina de recoger, que puedes utilizar:

  • Apaga el televisor.
  • Juega sólo a juegos tranquilos.
  • Utiliza el reloj.
  • Corre las cortinas.
  • Apaga las luces.
  • Puede ser muy útil poner música relajante.

Utilizar el reloj puede resultar de gran ayuda porque es algo que no se puede rebatir. Una pegatina en la esfera puede ayudar a reforzar el horario de la rutina. Si es necesario, conecta una alarma para que todos se enteren de que ha llegado la hora de acostarse.

Es importante que los padres estén de acuerdo sobre la hora de enviar a sus hijos a la cama y elijan una que, además de convenirles a ellos, concuerde también con la demanda de los niños. Las siguientes horas para ir a dormir son pautas razonables que podréis seguir si no estáis muy seguros de qué hacer o si no os ponéis de acuerdo para elegir una hora:

  • Menos de 3 años - antes de las 6:30
  • Menos de 5 años - antes de las 7:30
  • Menos de 7 años - antes de las 8:00
  • Menos de 10 años - antes de las 8:30
  • Menos de 13 años - antes de las 9:00
  • Menos de 15 años - antes de las 9:30

Quizá penséis que estas horas son muy tempranas, pero no son irrazonables. La ventaja de establecer una hora de acostarse algo temprana es que os ofrece la posibilidad de permitir al niño prolongar la vigilia en ocasiones especiales sin que se haga demasiado tarde.

Una vez que el niño está en la cama, cuanto más permanezcas en la habitación, con más probabilidad se quejará cuando finalmente vayas a salir de ella. Un cuento cortito, una oración o una canción de cuna y un abrazo son más que suficientes antes de desear las buenas noches con la misma frase de siempre como: «Buenas noches, hasta mañana si Dios quiere». Repetir siempre la misma frase terminará por señalar automáticamente que ha llegado la hora de dormir, casi como una sugestión hipnótica. La misma frase de «buenas noches» se puede utilizar en otros momentos de la noche, corno por ejemplo si el niño se ha despertado a causa de un mal sueño, o si se ha puesto enfermo.

De este modo el niño se habitúa a tener la luz y la puerta cerradas, puesto que la oscuridad y la quietud preparan la mente para dormir. Dejar una luz encendida o la puerta de la habitación abierta da al niño un falso mensaje:

  • que la oscuridad es peligrosa
  • que los padres no confían en que su hijo pueda estar solo
  • que es tiempo de jugar, no de dormir
  • la puerta abierta es una invitación a salir.

Ésta es la teoría, pero a muchos padres también les asusta la oscuridad y prefieren dormir con una luz encendida o la puerta de la habitación abierta. Los padres necesitarán decidir cómo les gustaría que su hijo afrontara la oscuridad. Si quieres que la puerta de la habitación esté cerrada pero al mismo tiempo querrías poder mirar dentro para comprobar que todo va bien, aquí tienes unas sugerencias que puedes poner en práctica:

  • Deja la puerta entreabierta, pero no tanto como para que el niño pueda salir.
  • Coloca en la pared un espejo o un cuadro con un cristal para que la cama del niño se refleje en él y la puedas ver sin necesidad de abrir más la puerta.
  • Coloca la cama del niño de tal forma que la puedas ver sin tener que abrir mucho la puerta.
  • Utiliza una alarma de bebé y conéctala siempre que sientas la necesidad de comprobar que todo va bien.
  • ¡Pon una mirilla en la puerta!

Hacer estos arreglos especiales puede parecer bastante tonto, pero son ventajas evidentes a la hora de comprobar cómo está el niño sin tener que entrar en la habitación cuando todavía está despierto o sólo ligeramente dormido.

¡Ahora lo más difícil!

La mayoría de los padres pueden enviar a los niños a la cama, pero si esto no es posible es que existe un problema de disciplina bastante serio y es posible que se den otros problemas de este tipo también durante el día. Sin embargo, la dificultad más común es encontrar la manera de que el niño se esté quieto y tranquilo en la cama. Esto también es, en gran medida, una cuestión de disciplina.

A un niño se le tiene que enseñar a estar en la cama, o como mínimo en la habitación. Por supuesto, si el niño todavía está en la cuna, no hay problema, ¡pero si ya lucha por salir de ella es hora de pasar a la cama!

Cuando el niño ya está en una cama normal, algunos padres cierran la puerta de la habitación con llave o colocan una especie de barrera en el dintel de la puerta. Sin embargo, es mejor evitar las cerraduras reales en beneficio de las cerraduras «psicológicas» que hacen al niño saber bien que no puede salir al resto de la casa por la noche, sino que debe permanecer en su habitación. Exceptuando, evidentemente, el ir al lavabo o si hay alguna emergencia.

La forma más rápida de lograr una «cerradura psicológica» para la puerta de la habitación es sorprender al niño lo antes posible después de haber abandonado la cama. Si el niño puede dar vueltas por la casa o meterse en la habitación de los padres sin que nadie se dé cuenta es muy probable que su conducta continúe.

Al niño que sale de su habitación se le debe advertir claramente que no salga de ella. Deberás practicar esta advertencia hasta que surta el efecto que quieres. He aquí alguna de las formas en que podrás estar segura de que tus instrucciones son claras:

  • Pon una expresión seria.
  • Utiliza un tono de voz que sea de mandato.
  • Haz un gesto firme, señalando la cama.
  • Que tu mirada muestre determinación.
  • Usa pocas palabras, cuantas menos, mejor.

Trata de decir «¡quédate en la cama!» delante de un espejo o de otro adulto para ver si tu actuación es lo suficientemente buena. Tendrás que hacerlo de forma que impresione -tal como lo haría un actor o actriz-, de otra forma, tu hijo ni siquiera prestará atención. Al final será el niño quien te indicará si tu actuación ha sido impresionante. ¡A muchos niños sólo les intimidaría el ganador de un Oscar!

Si tu niño atiende muy poco o nada a lo que le dices, obviamente necesitas practicar más para mejorar tu actuación. A estas alturas es importante seguir con esto y no abandonar. Si es imposible controlar al niño lo suficiente como para que esté en su habitación, se podrían presentar problemas en situaciones que son potencialmente peligrosas, como correr por el centro de la calle o acercar demasiado la mano al fuego.

Otra cuestión difícil

Suponiendo que ya has logrado que tu hijo se quede en la habitación, el siguiente problema es que empezará a gritar para que vuelvas a su cuarto. Las razones para gritar son infinitas:

  • Tengo sed.
  • Quiero ir al lavabo.
  • No puedo dormir.
  • Tengo hambre.
  • Me duele la cabeza/la tripa/la pierna...
  • Tengo mucho calor/frío.
  • ¡Mamá!... ¡Papá!
  • Tengo miedo...

Si quieres que tu hijo adquiera de verdad un buen hábito para dormir, tendrás que resistirte a contestar a sus llamadas y asegurarte también de que nadie más lo hace. Cuanto más transijas con sus deseos, más cosas pedirá. Esto significa no entrar en la habitación ni responder a ninguna llamada -siempre y cuando estés segura de que el niño no está enfermo o en peligro. Esto significará ir en contra de tu instinto natural. Así pues, no responder a las llamadas de tu hijo no será cosa fácil.

Rehusar responder a las llamadas del niño e insistir en que se quede en la habitación sólo es razonable si estás segura de que:

  1. La habitación es completamente segura para el niño. Las ventanas deben ser especiales para niños y no debe haber nada en la habitación a lo que el niño se pueda subir de forma peligrosa o nada que se le pueda caer encima.
  2. El niño no está enfermo o incómodo.

Los padres sabrán si el niño está enfermo o incómodo por la forma de gritar y por su comportamiento. Suponiendo que estás segura de que el niño está bien y a salvo y has logrado inculcarle la idea de que debe quedarse en la habitación, no debes entrar en ella aunque sus llamadas para que vayas con él sean insistentes. He aquí alguno de los medios que los niños utilizan para atraer a sus padres:

  • llorar
  • gritar
  • golpear con la cabeza
  • aguantar la respiración
  • vomitar

También puede ocurrir que el niño moje la cama, pero no es necesario hacer nada hasta la mañana siguiente. Recuerda que miles y miles de niños mojan la cama cada noche y no se les cambia hasta la mañana siguiente.

Normalmente el niño deja de golpear con la cabeza si los padres hacen caso omiso. Pero si continúa, puede ser útil poner una protección de gomaespuma. El objetivo es limitar el estímulo sensorial que provoca este acto, por ejemplo, la atención y el ruido. Una forma fácil y efectiva de solucionar las cabezadas es poner el colchón en el suelo.

Contener la respiración, seguido de chillidos y rabietas, puede asustar, pero no hay peligro y siempre se resuelve por sí solo de forma espontánea. Así pues, es mejor dejar que el niño lo solucione solo. La audiencia haría más probable que se repitiera esta conducta.

Ponerse malo es la última arma que usan los niños para atraer la atención de sus padres y hacer que atiendan a sus demandas. Normalmente sucede después de una rabieta con chillidos en la que el niño se ha puesto frenético. Si los padres quieren ir a la habitación para limpiar el vómito deben hacerla de forma rápida, con el mínimo ruido y atención posibles. (Por ejemplo, lleva dos toallas a la habitación. Utiliza una para limpiar el vómito y la otra para poner encima del trozo mojado. Sal de la habitación sin decir una palabra ni mirar al niño a la cara. Es mejor no decir nada si el niño se ha puesto enfermo deliberadamente.)

Es fácil pensar que este estado de ansiedad en que se ponen los niños puede ser perjudicial. Sin embargo, no hay pruebas de que esta forma de enfermar chillando haga algún mal a los niños pequeños. Por el contrario, intentar calmar al niño en este estado generalmente hace que se repita de nuevo. Pero sólo es razonable dejar llorar y chillar a un niño si los padres están seguros de que no está enfermo y de que la habitación es completamente segura. Se podrá utilizar la siguiente lista de comprobación:

¿Está el niño seguro?

  1. ¿Estaba bien el niño a la hora de acostarse?
  2. ¿Tiene fiebre? Si no estás segura, utiliza un termómetro.
  3. ¿Está el niño suficientemente abrigado? Un pijama de una sola pieza (mono) puede ser lo más útil para la cama.

¿Es segura la habitación?

  1. ¿Se puede caer el niño de la cama? Pon el colchón en el suelo. 
  2. ¿Podría caerse alguna pieza del mobiliario? Fíjala a la pared.
  3. ¿Es segura la ventana? Pon cerraduras especiales para niños.

Todo esto puede parecer un poco dramático; sin embargo, sirve para descartar lo peor que podría suceder y sentirte así capaz de afrontar cualquier eventualidad y, por lo tanto, estar más segura.

Muchos padres se sentirán incapaces de soportar los lloros y la angustia de su hijo. Para este caso hay otro planteamiento que describiré más adelante. De todos modos, como puedes ver, hay problemas potenciales si los niños no prestan atención a tus instrucciones y hacen lo que quieren o si se percatan de que atiendes sus deseos cuando se ponen pesados o impertinentes.

La principal preocupación que tienen los padres es que sus hijos se pongan muy ansiosos e inquietos si se les deja solos por la noche sin nada que les dé confianza. Por otro lado, los niños deben aprender a afrontar sus propios miedos y preocupaciones y solamente lo podrán hacer solos y por su cuenta.

Enseñar a los niños que deben aprender a afrontar muchas situaciones ellos solos y que no todos sus deseos van a ser atendidos de forma inmediata parece una lección difícil, pero es mejor enseñárselo pronto, antes de que comiencen a ir a la escuela. Cuando un niño ha alcanzado la adolescencia ya es demasiado tarde. Afortunadamente ya está probado que ser firme en algo que sabes que es lo mejor para tu hijo será beneficioso aunque cause alguna inquietud.

Una garantía a tres días vista

Si se sigue al pie de la letra el programa para dormir descrito antes se puede esperar, como mínimo, una mejoría de un 80 % en sólo tres noches. Muchos padres dirán que esto ya lo han hecho antes y que no ha funcionado, pero si lo repasan con detalle verán que, de hecho, no lo han realizado bien, ya sea por haber permitido al niño salir de la habitación o por haber respondido de alguna forma a sus lloros.

No se debe minimizar la dificultad para seguir este programa y, a menudo, será necesario contar con el valioso apoyo de una amiga de confianza o de un familiar para que te ayude a cumplir el programa. Es importante tener en cuenta que si decides llevar a cabo este planteamiento es necesario que lo sigas hasta el final. Si lo dejas a la mitad, el resultado será peor que cuando lo empezaste.

En definitiva, los padres son quienes deben decidir lo importante que es para sus hijos tener un buen hábito para dormir y ser capaces de estar solos por la noche. Quizá creas que no merece la pena toda esta controversia. Si lo crees así, no te preocupes, hay muchos otros padres que creen lo mismo. Los padres japoneses, por ejemplo, suelen permitir a sus hijos dormir con ellos en su cama hasta que alcanzan la pubertad. De todos modos, su sistema familiar es muy cerrado y estricto.

Esto no funciona para mí

Es de esperar que, en estos momentos, alguno de vosotros esté pensando: «Yo ya he probado esto y no funcionó». Si es así, es que se permitieron algunos deslices en el programa. Procura identificar estas áreas débiles antes de intentado de nuevo. Aquí tienes una lista de comprobación que puedes utilizar si quieres tener éxito la próxima vez:

  • ¿Quién fue el primero en ceder? Será necesario convencer a esta persona de que el mantenerse firme es lo correcto y que el hecho de que el niño esté solo en la habitación y llore no le hará ningún daño. Esta persona también necesitará mucho apoyo y consuelo durante este difícil período.
  • ¿Qué es lo peor que podría suceder? Resuélvelo de antemano y prepárate para ello con anticipación.
  • ¿Quién puede ofrecer algún apoyo? Es bueno tener alguien fuera de la familia en quien confiar sobre este tema y que también lo haya practicado antes y le haya funcionado.
  • ¿Podría socavar el programa algún familiar o amiga? ¡Abuelas y vecinas suelen ser buenas para sabotear cualquier cosa!
  • ¿Cómo lo soportarás después de algunas horas de gritos? Es mejor iniciar la nueva rutina para dormir cuando puedas permitirte estar cansada al día siguiente. Si empiezas el viernes por la noche, ¡para el lunes ya podría funcionar!
  • ¿Cuidará alguien de ti y se preocupará de tus profundos sentimientos? Los padres deben trabajar juntos en la rutina y acordar cuidarse el uno al otro. Esto es más difícil si eres un padre/madre soltero/a o vives solo/a, pero con suerte encontrarás a alguien que esté dispuesto a apoyarte y a ayudarte durante este tiempo.

Es bastante frecuente que los padres encuentren toda clase de razones para no poder seguir el programa, como:

  • Mis vecinos se quejarán de los gritos. Avísales de antemano y explícales que sólo durarán dos o tres noches.
  • Alguien puede llamar al Servicio Social si oye los gritos. Explica (a alguien a quien pudiera molestar el ruido) lo que estás haciendo -¡y enséñale este artículo!
  • Mis otros hijos se despertarán a causa de los lloros. La mayoría de los niños duermen a pesar de cualquier tipo de ruido, pero si hay algún problema, envía los otros niños a dormir con amigos o familiares durante dos o tres noches.
  • No aguanto dormir poco. Empieza el programa el fin de semana o en tiempo de vacaciones.
  • No nos ponemos de acuerdo ni estamos plenamente motivados. Esperad a estar preparados para afrontar juntos el problema.

A medida que el niño se hace mayor es cada vez más difícil aplicar el programa para que adquiriera el hábito de dormir. Los niños de ocho y más años, probablemente, necesitarán la ayuda de un especialista si todavía tienen un hábito pobre para dormir. A estas alturas, la propuesta descrita antes es imposible de seguir porque el niño ya es mayor y pide demasiado. Serán necesarias otras técnicas, como enseñar al niño a relajarse o una ayuda especial para los padres. La propuesta alternativa que describo a continuación será la mejor opción para los niños mayores.

Una propuesta alternativa

Algunos padres encontrarán que esta última propuesta exige demasiado para que se pueda llevar a cabo. Aparte de las «opciones fáciles» descritas anteriormente, existe otro planteamiento que suele ser recomendable. La primera parte de la rutina de acostarse es la misma, pero con este método el padre/madre pasa progresivamente menos tiempo en la habitación del niño cada día, siguiendo un programa cuidadosamente elaborado:

1. Decide cuánto tiempo necesitas estar en la habitación de tu hijo.
2. Reduce este tiempo un número determinado de minutos cada noche.
3. Sigue este horario de forma estricta.
4. Puede ser útil hacer un gráfico para registrar los progresos y ofrecer pequeñas recompensas por ello.

El problema de este tipo de programa gradual es que todo va bien las primeras noches, pero cuando el niño se da cuenta de lo que está pasando, suele volverse incluso más difícil y pedir más, y todo vuelve a ser igual o peor que al principio.

La gran recompensa

Ninguno de los lloros y gritos valdría el estrés emocional que lleva consigo si no se esperara de ellos una gran compensación. Afortunadamente, hay algo para todos -¡incluso para los vecinos!

Ventajas para el niño

  • más tranquilo
  • menos irritable e hiperactivo
  • menos desobediente
  • más seguro de sí mismo

Ventajas para los padres

  • más tiempo para ellos mismos
  • más confianza a la hora de tratar al niño
  • más tranquilos y descansados por haber podido dormir

Ventajas para los otros niños, vecinos, etc.

  • menos molestias durante la noche
  • menos cansados durante el día

Cuando los padres han logrado establecer con éxito un buen hábito para dormir se sienten, sin duda alguna, más competentes y confiados. Coinciden en que la angustia de un corto plazo ciertamente mereció la pena. El único sentimiento de pesar que tienen algunos padres es no haber seguido antes el programa tal y como es.

Al final, son los padres quienes deciden lo que es mejor para sus propios hijos, pero deberían saber que, si no son capaces de establecer una hora regular para acostarse y una rutina para dormir, a medida que sus hijos vayan creciendo podrán esperar alguno o todos estos problemas:
siguen las noches agitadas

  • aumento del estrés familiar
  • conducta inmadura
  • dependencia relativamente alta
  • problemas de disciplina.

A pesar de los efectos positivos de la propuesta que acabo de describir, siempre habrá alguien que esté en contra de causar la más mínima angustia a un niño, temiendo que esto, inevitablemente y a la larga, conllevará un daño psicológico para la vida adulta. No hay pruebas que avalen este planteamiento que presupone que la angustia se puede evitar de alguna forma. De hecho, está demostrado que la angustia, cuidadosamente medida y controlada, puede tener un efecto positivo y de protección en los niños, pues los hace más resistentes y psicológicamente sanos.

Conclusión

A partir de los seis meses de edad ya es posible enseñar a un niño un buen hábito para dormir, prescindiendo de lo discapacitado o perturbado que esté el niño. El proceso de establecer una rutina nocturna y un modelo regular de sueño es el centro del cuidado básico de los niños. El éxito a la hora de establecer una buena rutina nocturna conlleva un aumento de la confianza y felicidad de todos y hace que el trabajo y el esfuerzo empleados hayan merecido la pena.