Inestabilidad atloaxoidea: nuevas orientaciones (2011) - Página 2

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Inestabilidad atloaxoidea: nuevas orientaciones (2011)

La Academia Americana de Pediatría ha publicado en la revista Pediatrics un extenso informe clínico en el que revisa las normas de supervisión a los niños con síndrome de Down, elaborado por su Comité de Genética, bajo la dirección de Marilyn J. Bull (Clinical Report – Health Supervision for Children with Down Syndrome. Pediatrics 2011; 128: 393-406).

En relación con el cuadro de inestabilidad atloaxoidea establece algunas modificaciones a anteriores recomendaciones. Traducimos a continuación lo descrito en este tema.

Debe el pediatra comentar con los padres, al menos cada dos años, la importancia de las precauciones que se han de tomar en las posiciones de la columna cervical para protegerla, en las intervenciones radiológicas, anestésicas o quirúrgicas. Es preciso llevar a cabo una historia y examen físico cuidadosos, prestando particular atención a los signos y síntomas mielopáticos en cada visita programada o cuando se expongan síntomas que puedan ser atribuibles a una implicación de la médula espinal: dolor del cuello, dolor radicular, debilidad, espasticidad o cambio de todo, dificultades en la marcha, hiperreflexia, modificaciones en la función intestinal o vesical. Por eso se ha de instruir a los padres que contacten a su médico cuando aparezcan algunos de estos síntomas como son los cambios en la marcha, en el uso de sus brazos o manos, en la función intestinal o vesical, dolor en el cuello, cambios de posición de la cabeza, rigidez del cuello, tortícolis, posición de la cabeza, debilidad.

El niño asintomático

Los niños con Síndrome de Down tienen mayor riesgo de presentar subluxación atloaxoidea. Sin embargo, el niño debe esperar a los 3 años de edad para alcanzar la adecuada mineralización de las vértebras y el desarrollo de las epífisis, que permitan evaluar adecuadamente la radiografía de la columna cervical (Locke et al., 1966). Las radiografías simples no predicen bien qué niños tienen mayor riesgo de desarrollar un problema de la columna, y las radiografías normales no consiguen asegurar que el niño no vaya a desarrollar problemas espinales más adelante (Burke et al., 1985; Morton et al., 1995). Por estos motivos, no se recomienda realizar rutinariamente una evaluación radiológica de la columna cervical en niños asintomáticos. Los datos de que disponemos actualmente no apoyan la realización de rastreos radiológicos rutinarios para evaluar la posibilidad de una inestabilidad atloaxoidea en los niños asintomáticos (Davidson, 1988; Roy, 1990; Selby et al., 1991; Pueschel et al., 1992; Cremers et al., 1993; White et al., 1993; American Academy of Pediatrics, 1995; Ferguson et al., 1997; Nader-Sepahi et al., 2005; Cohen, 2006). Debe avisarse a los padres que la participación en algunos deportes, como son los que tienen contacto (p. ej. el fútbol) y la gimnasia (especialmente en edades más avanzadas) pone a los niños en mayor riesgo de lesión de la médula espinal (Pizzutillo y Herman, 2005), y que el uso del trampolín debe ser evitado por niños menores de 6 años, tengan o no síndrome de Down, e incluso niños mayores a menos que dispongan de una directa supervisión profesional (American Academy of Pediatrics, 1999; Maranich et al., 2006). Special Olympics exige requisitos específicos de rastreo para la participación en algunos deportes  (Special Olympics, 2004).

El niño sintomático

Cualquier niño que muestre de forma clara alguno de los signos y síntomas sugerentes de mielopatía que anteriormente hemos descrito, debe hacérsele una radiografía simple de la columna cervical en posición neutra (Davidson, 1988; Pizzutillo y Herman, 2005). Si se aprecian anomalías radiográficas importantes en la posición neutra, no deben hacerse más radiografías sino referirlo tan pronto como sea posible a un neurocirujano pediátrico o un cirujano ortopédico pediátrico  con experiencia en la evaluación y el tratamiento de la inestabilidad atloaxoidea. si las anomalías radiográficas que se observan no son importantes, debe obtenerse radiografías en flexión y extensión antes de que el niño sea referido al especialista  (Brockmeyer, 1999; Ferguson et al., 1997; Nader-Sepahi et al., 2005).

Bibliografía

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