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La masturbación - Intervención adecuada

Intervención adecuada

El miedo, la inseguridad, la ansiedad y el sentimiento de culpabilidad son malos compañeros de viaje. Por tanto, vuestro hijo debe crecer sabiendo que la masturbación es normal, tanto en los hombres como en las mujeres. Primero demostrándoselo, si desde pequeño aceptáis con calma tal comportamiento (ya sabéis que desde bebés encuentran placentero tocarse los órganos sexuales, y a no pocos niños de cuatro o cinco años les gusta restregarse contra el sofá). En segundo lugar, es esencial abordar el tema en la adolescencia, cuando la masturbación se transforma en algo más que un comportamiento de infancia; ahora bien, a diferencia de otros temas, éste se tratará cuando se considere necesario en cada caso, de forma individualizada. De forma natural, los chicos van descubriendo su propio cuerpo. Hay que prestar una atención especial a la aparición de las poluciones nocturnas y de la menstruación, para que no les pille de sorpresa ni les genere angustia o sentimiento de culpabilidad. Es entonces cuando debemos intervenir, encauzando las posibles conductas masturbatorias hacia los momentos y lugares adecuados, y asociándolos a unos correctos hábitos de higiene: si entráis en el cuarto de baño y lo encontráis masturbándose, no le recriminéis, pero decidle que cuando quiera masturbarse debe cerrar la puerta del baño o avisar de que va al baño (hay casas en las que el baño no tiene cerradura). En realidad, los problemas de la masturbación suelen ser principalmente problemas de adecuación. Una educación sexual apropiada puede solucionar perfectamente este problema en la mayoría de los casos.

El aprendizaje correcto de dónde realizar este tipo de conductas se puede trabajar con los chicos de niveles más altos mediante fichas y charlas. Cuando se detectan en estos niveles conductas de autoexploración en lugares o momentos inadecuados, responderemos recordándoles las pautas de conducta adecuadas, pero evitando respuestas represoras o censuradoras desmedidas que puedan confundirles o incluso afectar a su autoestima. Pensemos que estas conductas no son nunca la expresión de una sexualidad desmedida, sino simplemente el resultado de un aprendizaje no orientado y experiencias previas en las que, en algunos casos, no se ha intervenido convenientemente. Podríamos enumerar una lista de situaciones embarazosas por las que han pasado los padres por no haberse enfrentado nunca con este tema.

En personas con menor grado de desarrollo cognitivo, nuestra intervención estará dirigida a provocar un aprendizaje condicionado. Cuando se detecten conductas masturbatorias, dependiendo de la situación, podemos actuar de dos formas:

• Si consideramos que no es el momento ni lugar apropiado para este tipo de conducta, intentaremos redirigir su actividad a una más adecuada al momento, por ejemplo, dándole algún objeto que le guste y que distraiga su atención.

• Si, por el contrario, se considera que puede ser contraproducente interrumpir su actividad, se le intentará llevar a un lugar adecuado, de forma que él vaya asociando ciertos espacios a las conductas autoexploratorias.

Este tipo de aprendizaje se basa en la repetición de pautas, por lo que es muy importante definir estrategias de intervención individualizadas y claras, que deberán aplicar todas las personas del entorno del chico o la chica.

Suelen preguntarme preocupados padres de adolescentes por los largos ratos que pasan sus hijos encerrados en el cuarto de baño o la habitación. También a veces los chicos de estas edades se preocupan por si se masturban con demasiada frecuencia y por si su deseo de masturbarse es normal. En cuestión de frecuencia todo es muy relativo. La masturbación, podríamos decir, es excesiva cuando interfiere en el ritmo de vida normal de la persona, cuando el sujeto vive centrado de manera prioritaria en ella; fuera de eso, creo que poco más puede decirse. Hay chicos que se masturban todos los días y los hay que nunca se masturban o sólo lo hacen ocasionalmente. Sobre todo no me parece correcto ni saludable en absoluto que, ante jóvenes que no demuestran ningún interés en masturbarse, se les anime a que lo hagan o, incluso, se proceda a masturbarlos. Los chicos deberían saber que si tienen alguna preocupación sobre este asunto, pueden hablar con sus padres u otros adultos de confianza: esto es primordial.

Una cosa que hay que tener clara es que éste puede ser un comportamiento más frecuente en el adulto con síndrome de Down (con discapacidad intelectual en general) por una razón muy sencilla: el resto de personas tienen movilidad, vida social, acceso a otras formas de sexo con lo que la masturbación no es sino una opción más. Pensemos que los adultos se suelen masturbar por falta de formas alternativas de satisfacción sexual. En la adolescencia la masturbación es más frecuente porque el impulso sexual está despertando y se va reduciendo a medida que esas energías se canalizan hacia otras actividades o experiencias más positivas y gratificantes (el encuentro con el otro). Siguen conservando plena actualidad estas palabras publicadas en español en el año 1988: “lamentablemente el hecho de que prevalezcan actitudes arcaicas sobre los derechos humanos de las personas con discapacidades, es la causa de que para muchas de ellas la masturbación siga siendo la única experiencia sexual positiva que pueden tener” (3).