La pareja: amigos, compañeros y novios - Downciclopedia

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La pareja: amigos, compañeros y novios…

José Ramón Amor Pan

Planteamiento previo

"César Augusto y Cleopatra son dos jóvenes con una discapacidad intelectual de grado medio en ambos casos asociada a síndrome de Down. Ella tiene veintisiete años y él veintiocho. Su relación se inició hace aproximadamente cinco años. Desde el primer momento sintieron una fuerte atracción mutua, buscándose constantemente e intentando pasar el mayor tiempo juntos. El contacto físico también es algo habitual, se les puede ver cogidos de la mano, abrazándose o besándose sin pudor alguno, como cualquier otra pareja. Ambos defienden su amor y su noviazgo por encima de todo. Si uno de ellos enferma el otro sufre y muestra su preocupación por la situación del otro acompañándole a la consulta médica y/o haciendo guardia a la puerta de la enfermería. Con frecuencia demandan tener relaciones sexuales e incluso el que se les proporcione una habitación para su intimidad. Conocen la imposibilidad de embarazo por la intervención quirúrgica a la que fue sometida ella hace unos años y lo esgrimen con toda naturalidad para obtener el consentimiento y la aprobación de sus demandas. En algún momento también han planteado la posibilidad de matrimonio aunque cuando se habla con ellos se aprecia de forma inmediata la inconsistencia de ésta y el que se trata más de un sueño, una ilusión o el deseo de estar siempre juntos que una idea clara de los compromisos, obligaciones y responsabilidades que supondría legalizar su unión. Las familias conocen su relación y aunque por momentos se sientan sorprendidos y desbordados por algunos planteamientos de la pareja, propician ésta llevándoles juntos a la realización de actividades lúdicas".

Uno de los procesos normales de nuestra sociedad es que los jóvenes adultos se casen y canalicen así su vida sexual con la bendición de la sociedad. Pero esto no es así para la mayoría de las personas con síndrome de Down, que suelen tener que conformarse, en el mejor de los casos, con desarrollar su vida en viviendas tuteladas... No basta con afirmar a nivel de principios generales que las personas con síndrome de Down son seres sexuados, sino que hay que descender al terreno de la praxis concreta y cotidiana, aunque sea más complicado y vidrioso, si de verdad nos tomamos en serio estas cuestiones. Lógicamente los nombres del caso que les acabo de narrar son ficticios, pero la historia es tan real como la vida misma. Yo creo que nadie puede poner en duda la autenticidad de ese amor, de esa relación; como tampoco nadie puede negar las difíciles preguntas que pone sobre la mesa y a las que tenemos que responder de manera coherente y ordenada. Si propiciamos la socialidad de las personas con síndrome de Down, van a surgir los amigos; si fomentamos el compañerismo y la amistad en un ambiente mixto, van a surgir las parejas; y si surgen las parejas, van a aparecer los noviazgos y el deseo de casarse, con toda la carga significativa del concepto. ¿Qué debemos hacer?

Vayan por delante algunas consideraciones para entender y enjuiciar las ideas que siguen a continuación. Cada persona es un mundo, lo sabemos: eso significa que las orientaciones generales hay que adaptarlas al caso concreto. Unos van a llegar a tener pareja, incluso a casarse; otros muchos no podrán llegar. Existen diferencias entre lo que consideramos como idealmente deseable, lo que creemos que es factible de forma realista y lo que juzgamos prudente decir y a quién. Pues bien, lo que expongo a continuación (junto con lo que llevo escrito en los artículos anteriores de esta serie) creo que es el marco ideal que debe orientar nuestros esfuerzos educativos con las personas con síndrome de Down en el terreno sexual.

Me parece que es realista alcanzar estas metas en no pocos casos concretos ya ahora, y creo que es prudente que los padres -básicamente los lectores de este Portal- lean estas ideas, para que las reflexionen, las comenten entre ustedes y con los profesionales que atienden a sus hijos y, después, hagan la aplicación oportuna a su caso concreto, sin falsas expectativas pero también sin volar demasiado bajo... Creo, sinceramente, que mi exposición es franca, equilibrada y acorde con los datos que están a mi disposición. Lo único que intento es ir abriendo pistas para hacer realidad, también en el terreno de la afectividad y la sexualidad, los principios de integración y normalización. Yo me siento bastante feliz al oír la historia de amor de César Augusto y Cleopatra, impensable hace unos pocos años e infrecuente todavía en la actualidad; pero si ellos han podido, sin duda otros podrán.