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Demasiadas fronteras para el viaje de la persona con síndrome de Down al mundo de los adultos

Hay que evitar la tentación de aprovechar una posición de fuerza para imponer al sujeto con síndrome de Down condiciones de vida demasiado restrictivas y gravosas, que vulneran aspectos básicos de su personalidad y que ninguno de nosotros estaría dispuesto a tolerar si fuese el afectado por ellas. Se abre aquí un inmenso campo para el diálogo, la educación, la investiga­ción y la experimentación, complejo, no siempre exento de tensiones, de contornos imprecisos y difuminados, en el cual tienen una gran tarea y una gran responsabilidad tanto los padres y hermanos (sin olvidar a los abuelos) como los especialistas del sector, sin olvidar tampoco las responsabilidades que competen a la sociedad en su conjunto. Corresponde a toda la comunidad aportar conjuntamente ideas y recursos para llegar a esa finalidad irrenunciable. El discapacitado intelectual tiene que experimentar que no está al margen de la sociedad, sino que, respetado por su intrínseco valor personal, está llamado a contribuir al bien de su familia y de la comunidad, según sus propias capacidades. Tener su propia vida. Amar y ser amado. Los últimos años han puesto sólidas bases, con medidas prácticas concretas y eficaces, para la realización y la participación completa e igual de estas personas. Se ha creado un nuevo enfoque que pone su atención más sobre la capacidad que sobre la incapacidad, sobre la integración y normalización más que sobre la segregación, sobre el potencial en desarrollo más que sobre el mantenimiento de barreras y prejuicios que impiden el desarrollo integral de la persona. No traicionemos esta dinámica. Recordemos las palabras de Saint-Exupéry, “amar no es mirarse uno a otro a los ojos, sino mirar juntos en la misma dirección”. Futuro. Autonomía. Felicidad. Adulto.

Vargas Aldecoa y A. Polaino Lorente afirman (pp. 168-171): “Los sujetos de educación especial que desarrollan un patrón de indefensión aprendida han estado sometidos a circunstancias negativas en las que no han podido ejercer ningún control y, como consecuencia de ello, cuando se encuentran en circunstancias negativas en las que sí pueden ejercerlo, apenas si lo intentan (...) La falta de confianza en sí mismos y la falta de entusiasmo de estos niños por aprender parecen estar relacionadas con el aprendizaje (que no es innato), pudiendo haber desarrollado estas características a lo largo del tiempo a causa de los mensajes recibidos de los alumnos (...) Las conductas paternas que facilitan el desarrollo del sentido de competencia son, principalmente, el apoyo emocional (incluso cuando el niño fracasa), la estimulación de la independencia, el refuerzo del éxito y la realización de tareas con el niño (...) La indefensión aprendida conlleva consecuencias cognitivas (incontrolabilidad), motivacionales (incapacidad de esforzarse) y emocionales (conducta depresiva)”.