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La Primera Estimulación

Cuando nace un bebé con alguna discapacidad es habitual, hoy en día, que los padres comiencen a escuchar términos, hasta ese momento, desconocidos: atención precoz, estimulación temprana...

En medio de toda la información que nos llueve en un primer momento es conveniente guardar un sitio para nosotros mismos como padres, madres y personas que somos. Hay que reflexionar, intentar situar la nueva vida en el lugar que le corresponde y hacer acopio para vislumbrar el hecho de que nada ha acabado para siempre; por el contrario, algo ha empezado y, como tal comienzo, se ha de procurar que empiece bien.

Cuando se nos presenta, sin más, el hecho de que nuestro hijo tiene síndrome de Down, lo primero que, inconscientemente, queremos resolver es su futuro. Incluso antes de darle su primer alimento pensamos en "el día de mañana" y esa incertidumbre llega a superar la mera preocupación, para convertirse en una inevitable obsesión.

El primer paso que solemos dar es pedir auxilio, en silencio, y escrutar libros, gente, instituciones que te informen sobre los mejores métodos de atención temprana, fisioterapias, ejercicios de estimulación y demás sistemas destinados a mejorar la situación de nuestros hijos y sobre todo, su desarrollo intelectual, porque ése es el terreno que más nos ofusca.

Y si bien es cierta la importancia que hoy en día tiene la estimulación precoz a lo "largo" y "ancho" de la vida de los niños con síndrome de Down, no podemos olvidar que existe la estimulación natural de unos padres hacia un hijo.

Esa atención temprana no está escrita en los libros, porque, simplemente, no puede leerse, no tiene índice, ni prólogo, ni epílogo.

Es la atención del sentimiento humano, el método de la intuición materna, el despertar de los sentidos que, como siempre, no atiende a reglas, ni a capítulos; no necesita saber idiomas, ni explicación práctica para demostrar su eficacia. Es el lenguaje de una madre hacia su hijo, un amor deliciosamente anárquico y embaucador que, si bien queremos contenerlo al principio, acaba saliendo porque forma parte de nosotras mismas y se adhieren a la piel, al espíritu y alma de todo aquél que sabe interpretarlos.

Esa primera estimulación es también el primer idioma que entienden los hijos, tengan o no tengan síndrome de Down. Y por qué será, que se hizo al hombre tan perfecto, que ya desde que nace traduce esa lengua de manera inequívoca y exacta hasta el punto de que, cuanto más la entiende, mejor la habla.

Quizá es difícil en un primer momento mirar a nuestro hijo a los ojos y decirle sin más: te quiero. Pero es muy probable que si le entregas un segundo de tu mirada, séa él quien te lo arranque de los labios sin que te des cuenta.

Este método de estimulación es universal. Su eficacia también es universalmente conocida y científicamente demostrada y con él podrás aplicar los otros con mayor facilidad y, te lo aseguramos, con infinitamente mejores resultados.