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Es importante que trabajen las personas con discapacidad intelectual

En nuestro sistema de organización social, disponer de un empleo es un principio fundamental, tanto para la integración social del sujeto como para el desarrollo de la personalidad.

El empleo constituye, por tanto, una importante vía de desarrollo personal y una incorporación plena a nuestra sociedad. En este sentido, el trabajo más que un fin en sí mismo es un medio para conseguir diferentes aspectos como son: una imagen más positiva y útil de uno mismo, el reconocimiento social, la estructuración del tiempo, la pertenencia a un grupo social, el aumento en la cantidad y calidad de interacciones sociales y la independencia económica.

Todas estas afirmaciones no son ajenas al colectivo de personas con discapacidad intelectual, para quienes el trabajo es también un medio de realización personal. Ellos consideran el trabajo como algo muy importante y necesario para sus vidas, algo que se refleja de manera clara en sus comentarios. Por ejemplo:  

“El trabajo es hacer las tareas que tienes la obligación de hacer. Es una manera de ganar dinero para vivir, ser útil a la sociedad y nos perfecciona”.

“Es ocupar mi tiempo haciendo algo para lo que me he preparado antes y además me dan un salario”.

“Es una actividad que hacemos para ganar dinero siendo responsables, serios y maduros”

“Es contribuir a la marcha de la sociedad y recibir un salario con el cual vivir”.

“El trabajo es un lugar donde tenemos que hacer caso a nuestros jefes y hacer las cosas que nos manden y desempeñar nuestras tareas bien porque por eso nos pagan una nómina”

Pero hasta hace unos años, las personas con discapacidad intelectual se han mantenido al margen de toda actividad laboral competitiva y, por extensión, de otros muchos otros ámbitos de la sociedad. Su falta de formación específica, la ausencia de expectativas laborales y el desconocimiento de otras realidades, impedían que estas personas se integraran plenamente en el mundo laboral.

Actualmente, las personas con discapacidad pueden acceder a programas específicos de formación profesional, cuentan con servicios de apoyo a los cuales pueden trasladar su ilusión y motivación por realizar una actividad laboral remunerada. Las personas con discapacidad intelectual se convierten en los principales protagonistas de su propia promoción laboral; por tanto, a ellos les corresponde realizar un importante esfuerzo y asumir con responsabilidad el reto que se les propone. Para ellos el trabajo adquiere un valor fundamental que manifiestan al hablar de la importancia de su puesto de trabajo. He aquí algunos testimonios: 

“Es importante trabajar porque así nos realizamos como personas y profesionales. También porque tenemos sueldo al final de mes y es importante para nuestra autonomía”

“El trabajo es importante porque estás activo. Por intentar hacer el trabajo bien hecho cada día. Para sacar el trabajo que te ha dicho tu jefe”

“Porque hago como toda la gente. Además, me da la oportunidad de conocer gente nueva. Aprendo a saber lo que hago mal o bien y tengo dinero para mis cositas”.

“Me produce satisfacción el pensar que me he realizado en la vida”.

“Porque gano dinero para mis asuntos y me relaciono con otras personas y porque tengo derecho a trabajar aunque tenga síndrome de Down”.

“Es muy bueno trabajar para hacer cosas nuevas y eso es muy importante. Es importante para mi futuro y para ganar dinero”

“Es importante trabajar para colaborar con los gastos de la casa y por eso me siento útil”.

“Porque me da vida y ganas de seguir adelante. Me da alegría y ha cambiado mi forma de ser y ahora soy más adulto”.

“El trabajo es muy importante para poder tener relaciones con los compañeros y aportar en el trabajo colaborando con los demás. Es importante para aportar en la familia y para sentirme muy satisfecha”

Además, la experiencia está demostrando que las personas con discapacidad intelectual pueden mejorar significativamente su repertorio conductual siempre que reciban los apoyos necesarios y estén inmersos en un entorno enriquecedor, en el que deban poner en práctica las habilidades y capacidades que van adquiriendo. De hecho, se observan cambios significativos en los trabajadores con discapacidad intelectual, fruto del proceso de formación y maduración en el que participan.

  • Mejora significativa en el cuidado de la imagen exterior
  • Mejor autonomía personal
  • Mejora de la expresión oral
  • Percepción más realista de las  posibilidades y limitaciones personales
  • Mayor habilidad para la resolución de los problemas de la vida cotidiana
  • Mejora significativa de las habilidades sociales
  • Mayor iniciativa para planificar actividades
  • En general, se observa un mayor grado de satisfacción personal y responsabilidad

Y lo más importante es que ellos también son conscientes del cambio que se ha producido en sus vidas al incorporarse en un puesto de trabajo. Así se expresan:

“Trabajando he aprendido a ayudar y tener más paciencia”

“Yo he aprendido a hablar con  mucha gente y a corregir mis errores”

“Tengo más autonomía, he aprendido mucho, me siento querida por mis compañeros, cuido más mi aspecto físico”

“Ahora pienso antes de actuar, soy más responsable, más seria y madura”

“He mejorado en respetar más a la gente y estar más atenta. En mi imagen personal, en saludar a todos y las fórmulas de cortesía para relacionarme con la gente”.

“Soy mejor en las relaciones sociales, ha mejorado mi autoestima, hago mejor las cosas y muchas veces soy flexible”

“Me siento más adulto y responsable. Más autónomo y ahora sé muchas más cosas”

“Soy más autónoma y he mejorado en las habilidades sociales y en confiar más en mi”

“Soy más madura y puntual, responsable con mis tareas y funciones del trabajo. Soy más educada, honesta, humilde y tengo más inteligencia emocional”

“Estoy más contenta, feliz, alegre y atenta y soy más madura”

Por otro lado, hoy en día, los Centros Especiales de Empleo y los Centros Ocupacionales se han configurado como la opción laboral principal; y, sin lugar a dudas, han permitido dar un salto cualitativo en la concepción de las personas con discapacidad intelectual en su rol de trabajador. Sin embargo, tanto las actuales políticas sociales como la demanda de los profesionales, los familiares y las propias personas con discapacidad intelectual, obligan a potenciar estrategias diferentes, dirigidas a conseguir la integración en ambientes laborales más normalizados.

Dentro de este contexto sociopolítico estamos asistiendo en los últimos años a una demanda importante de movimientos asociativos encaminados a la promoción social y laboral de personas con discapacidad intelectual, siendo estos movimientos portavoces tanto de las inquietudes de las familias y de los profesionales como de las propias personas con discapacidad intelectual.

Los movimientos asociativos constituyen hoy en día el motor de cambio y la fuerza reivindicativa para proporcionar a las personas con discapacidad una mejor calidad de vida, una mayor autonomía y el lugar que les corresponde por derecho en nuestra sociedad.

Una de las grandes preocupaciones manifestadas por las familias con un miembro con discapacidad intelectual es cómo afrontar el futuro: qué hacer una vez finalizada la etapa escolar obligatoria, qué alternativas existen, qué va a ser de la persona con discapacidad intelectual cuando los padres sean mayores o hayan fallecido.

Las familias de personas con discapacidad intelectual que están siguiendo su itinerario educativo integrado, al finalizar la etapa escolar y con un sentido de coherencia, demandan alternativas que les permita continuar en el entorno integrado.

La familia se convierte, de este modo, en uno de los factores más importantes en el proceso de promoción personal, social y laboral de la persona con discapacidad intelectual. Su tarea diaria consiste en promover cada vez mayores márgenes de libertad y autonomía, confiando en las capacidades y posibilidades de la persona con discapacidad.

Las personas con discapacidad intelectual que están trabajando manifiestan que sus familias se sienten orgullosas y muy contentas de que desempeñen un puesto de trabajo.

“A mi familia les parece bien que tenga obligaciones y están muy contentos”·

“Están muy contentos y alegres conmigo”

“Mi familia está muy satisfecha de este trabajo, y además soy como ellos que trabajan, una ciudadana más”

“Mi familia está muy contenta con el trabajo y me aconsejan que no tire la toalla y que haga mi trabajo lo mejor que pueda”

“A mis padres les gusta mi trabajo porque dicen que ahora soy más responsable y están contentos de que su hija aprenda cosas”

“Están muy contentos al ver que trabajo y llevo una vida como mis hermanos”

“Están felices, contentos y orgullosos”

Definitivamente, la incorporación social y laboral de personas con discapacidad intelectual es una necesidad sentida y expresada por las propias familias, profesionales del mundo de la educación y el propio colectivo. Además, se han podido observar cambios importantes en la calidad de vida de las personas con discapacidad intelectual que desarrollan una actividad laboral.

“Si, ha cambiado mi vida ya que he aprendido cosas. Salgo de mi casa y estoy con gente. Voy y vengo sola. Me siento más independiente, más como los demás. Hago cosas útiles y me siento más mayor. Estoy feliz y a gusto con mis compañeros. Ya soy mayor y adulta y puedo hacer cosas en serio”

“Si, ha cambiado mi vida porque tengo más experiencia en el trabajo. Vas conociendo a los compañeros. Vas trabajando en distintos departamentos y se van conociendo nuevas cosas. Hay muchos que se están quedando sin empleo por la crisis y yo me siento muy afortunado por seguir teniendo trabajo”

“Si, me relaciono más con las personas, me he impuesto un horario de trabajo y me he obligado a hacer bien las cosas”

“Ahora me siento satisfecha, motivada, útil y muy contenta”

“Si, ha cambiado radicalmente mi vida porque me siento a gusto y me gusta de verdad. Colaboro con mis compañeros de trabajo y me gusta mucho”.

“La experiencia de trabajar me ha hecho ser más responsable, seria y madura. Tengo que respetar los horarios. No puedo hacer tonterías y hay que pensar antes de actuar. Me siento bien porque estoy a gusto y porque me sirve para comunicarme más con los demás”.

“Si antes era más rebelde y ahora estoy más contenta con el trabajo, soy feliz”.

“El trabajo es lo más importante para mi vida. Siento que ayudo como otra gente y estoy alegre”.

“Me siento más responsable y autónomo. Me siento más feliz”.

“Ha cambiado en todo, antes no era nada importante. Me siento bien y que la gente me respeta, ahora soy alguien”.

“Desde que trabajo mi vida ha cambiado me siento más autónoma en el trabajo y en mi vida. He dado un giro de 80 grados y me siento muy contenta de haber encontrado un trabajo que es para mi capacidad. Estoy muy ilusionada y no lo cambiaría por nada del mundo. Me siento muy orgullosa de haberlo conseguido”.

“Desde que trabajo ha cambiado mi autonomía e independencia. Soy más madura y responsable. Estoy motivada y me siento persona satisfecha con lo que hago”.

“Si ha cambiado mi vida en que tengo más obligaciones que antes y me siento mejor. Me siento más hombre y tengo más responsabilidades”

Sin embargo, y a pesar de todos los aspectos positivos anteriormente mencionados, las personas con discapacidad intelectual en general están, hoy por hoy, en situación de desigualdad de oportunidades para acceder al mercado de trabajo, teniendo que superar aún ciertas barreras psico-sociales: estereotipos, desconocimiento de su realidad, actitudes paternalistas, etc.

Por ello, consideramos de sumo interés e importancia la adopción de medidas que sitúen a las personas con discapacidad intelectual en condiciones de acceder al mercado de trabajo ordinario. En este sentido, consideramos importante el desarrollo de proyectos que, de manera integrada, realista y eficaz, proporcione recursos a las familias para reducir situaciones conflictivas, manejar la ansiedad y miedos, así como ayudar a crecer a la persona con discapacidad intelectual dentro y fuera del núcleo familiar.

Los proyectos de empleo deben partir de ciertas premisas básicas:

1.- Partir de un concepto profundamente comprometido del proceso integrador, entendiendo por tal, no sólo la mera presencia física de la persona en el entorno ordinario, sino la participación activa de la persona con discapacidad intelectual, confiando en su responsabilidad y capacidad de autodirección.

2.- Potenciar la inteligencia social y práctica, entendiendo como tal la capacidad de mantenerse por sí misma como persona independiente en la realización de las actividades de la vida diaria, así como la capacidad para entender las expectativas sociales y la conducta de los demás, y así juzgar cómo comportarse en situaciones sociales.

3.- Incluir la perspectiva ecológica o sistémica, es decir, no sólo ir dirigido a la persona con discapacidad intelectual de manera aislada sino que tiene como objetivo intervenir directamente en los entornos en los que esta persona se desarrolla.

4.- Apostar por las capacidades y potencialidades del sujeto a través de sistemas metodológicos y didácticos, entrenamiento laboral, etc., que han demostrado ser eficaces en la intervención con sujetos con necesidades educativas y que favorece el desarrollo de aprendizajes, habilidades y destrezas que faciliten su integración social y laboral.

 

En resumen, los proyectos de empleo deben ser un modelo integrado de actuación. Por un lado, el modelo ha de ser capaz de dar  respuesta a las demandas actuales de las familias, y por otro a las propias personas con discapacidad intelectual.Se pretende cubrir el vacío que existe entre el proceso de integración llevada a cabo desde los centros educativos y la integración socio-laboral, mediante el apoyo a las familias en su formación e intervención con sus hijos.