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Conclusiones

El conjunto de todos estos datos que resumen los estudios realizados para evaluar la percepción del dolor en las personas con síndrome de Down indican que:

1. Las personas con síndrome de Down parecen percibir el dolor con más dificultad. Esto no significa que todas ellas funcionen del mismo modo. Es posible que lo sientan con menor intensidad, aunque esto puede depender del tipo de dolor, o que tengan menos capacidad para discriminar el tipo de dolor, su intensidad o su localización.
2. A eso se debe añadir su menor capacidad para expresarse, con signos o con palabras.
3. Los diversos estudios funcionales y bioquímicos realizados en las personas con síndrome de Down y en modelos animales de este síndrome parecen explicar esta reducción en las funciones sensoriales, incluida la del dolor.

Todos estos hechos tienen repercusiones clínicas que pueden influir, por ejemplo, en la selección de esquemas terapéuticos y rehabilitadotes para el tratamiento de procesos patológicos en los que el dolor sea el síntoma dominante, en el tratamiento del dolor postoperatorio, en la evaluación de la profundidad de la analgesia durante el acto quirúrgico, y en situaciones en que la ausencia de la alarma que el dolor significa, pueda disminuir el estado de vigilancia por parte de los padres o del personal sanitario.