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Vida de pareja y Síndrome de Down

El matrimonio es un deseo tan normal y natural para una persona con síndrome de Down como para cualquiera de nosotros; sin embargo, la idea que aún predomina es que no se deben casar y hacemos cosas muy sutiles para persuadirles de ello. Como acabamos de exponer, el enamoramiento es una llamada y un estímulo a cultivarse, a cuidarse, a ir transformando la propia conducta, para dar respuesta al otro y así, juntos, construir un proyecto de vida común, formar un "nosotros" vivo y humanizador, desde el que contribuir a la construcción del grupo social. Estos postulados son esenciales a la hora de realizar una valoración del tema de las relaciones de pareja en las personas con síndrome de Down. Todos los datos recogidos indican que la persona con síndrome de Down no sólo es capaz de establecer una relación sentimental "seria" con otra persona del sexo contrario, sino que cuando esto se produce, se constata una gran mejoría en su estado vital general. ¡Como a cualquiera! ¿No le ha pasado a usted, querido lector? La vida en pareja es uno de los grandes dones del ser humano, una enorme fuerza vital, un poderoso estímulo que ayuda a salir de sí mismo y a afrontar la vida con nuevas perspectivas. Por eso, me alegro al saber que César y Cleopatra han encontrado el amor, un amor que los llena y los hace felices.

La persona con síndrome de Down debe poder desarrollarse con libertad y confianza como pareja y debe disponer de las mismas garantías y derechos que se establecen en el conjunto de la sociedad. Lo importante no es casarse o no casarse, lo importante es el derecho a elegir responsablemente después de haber sido orientados sobre cómo tomar decisiones. El derecho al libre desarrollo de la personalidad y a la vida privada implica la capacidad de tomar decisiones autónomas con respecto a la propia vida sexual dentro de un contexto de ética personal y social. No se puede prejuzgar su respuesta y, así, habrá que discernir posibilidades y éstas, a su vez, potenciarlas. Mi opinión en este terreno es que resulta mejor equivocarse por ampliar el ejercicio de los derechos que por restringirlos desmesurada y prematuramente. Si la vida de pareja es consustancial a la naturaleza del ser humano, su expresión debería fluir con espontaneidad y legitimidad. ¿Hasta dónde y cómo tutelar la relación de César Augusto y Cleopatra? Porque, no nos engañemos, cualquier otro sujeto de su edad lo va a tener mucho más fácil, tendrá que hacer muchas menos preguntas, muchas menos concesiones, apenas tendrá que pedir permiso... En una sociedad en la que uno de cada tres matrimonios termina en fracaso, ¿resulta moralmente aceptable disuadir a César Augusto y Cleopatra de casarse porque pueden fracasar, porque no tienen una idea "clara" del compromiso? El hecho de prever problemas no es razón suficiente para desanimar o prohibir las relaciones sentimentales y el matrimonio de estas personas.

No estamos desafiando las enseñanzas morales o religiosas, muy al contrario, estamos enfocando el tema desde la base de la normalización y la consideración del amor humano en una clave personalista y humanista. No carguemos las espalda de la persona con síndrome de Down con fardos tan pesados que sean prácticamente imposibles de ser llevados, ¿me explico? Yo creo que sí, pero, por si acaso, me van a permitir que lo diga con toda claridad: tienen un derecho básico a encontrar esa intimidad que nos reclaman; lo que después hagan dentro de su espacio de intimidad, sólo es una cuestión que a ellos afecta. Nuestra responsabilidad termina ahí, una vez que nos hemos asegurado de que estamos ante una relación sana y de que no hay peligro de una paternidad irresponsable. Actuar de cualquier otra manera, sería sobreprotegerles en nombre de unos criterios que no están de acuerdo con el principio de autonomía que emana de su dignidad humana. Y el matrimonio debe considerarse también como una posibilidad abierta para las personas con síndrome de Down, no hay ley alguna que lleve a considerar lo contrario. La afirmación de la posibilidad de matrimonio para las personas con síndrome de Down no significa que deba incitarse a ello, sino tan sólo estar abiertos a considerar con rigor este asunto cuando surja, sin respuestas simplistas y cómodas, y a contemplarlo en los planes de educación sexual que desarrollemos con este colectivo.