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Al llegar a este punto, hay que formular tres advertencias: "cualquier teoría del amor debe comenzar con una teoría del hombre, de la existencia humana" (9): toda educación se inspira en una determinada concepción del ser humano.

"Cada vez que el adulto introduce al menor en el dédalo de la sexualidad, le transmite convicciones, actitudes ideales, ya que por su misma naturaleza tal comunicación no es jamás neutra. Cuantos pretenden actuar en el plano de la instrucción o de la información y proporcionar al educando sólo conocimientos objetivamente fundados sin querer en modo alguno interferir en la conciencia del educando, de hecho también ellos tienen una antropología que, de una manera o de otra, trasluce la impronta dada al modo de tratar el argumento. Además, todo lo que mira al sexo es recibido, incluso antes de la pubertad, como un hecho que abarca siempre la personalidad entera. Por consiguiente, es mejor declarar desde el principio a qué sistema de convicciones nos atenemos para ofrecer al otro la posibilidad de situar ideológicamente nuestra posición y, en consecuencia, la posibilidad de aceptarla o de criticarla" (10).

Conviene recordar, todavía a estas alturas, que la auténtica moralidad no está basada en la constricción ni en el miedo al castigo, ni consiste tampoco en actuar en función de las expectativas de los demás, sino que se trata de una obligación interiorizada vinculada a un valor. Se trata de educar para la responsabilidad a aquellos cuya libertad se respeta.

Y, en tercer lugar, ser conscientes que el mero hecho de que la persona con síndrome de Down sepa qué es lo más recto no asegura que lo vaya a escoger siempre, sino que a menudo sucederá lo contrario: no se trata de facilitar recetas o crear falsas e ingenuas seguridades, sino de ayudar a la persona a comprenderse a sí misma como ser sexuado, asumiendo su capacidad de amor y entrega, cada vez con una mejor preparación, libertad y responsabilidad. Esto sólo será posible desde una base de conocimientos bien programados y equilibrados, y supone todo un proceso de mentalización, de socialización gradual y de experiencias cotidianas variadas, en la inseguridad que caracteriza la propia libertad en la que madura el ser humano. Coherencia, repetición y reforzamiento, así como un diálogo permanente entre la familia, los profesionales y la persona con discapacidad serán los ejes de nuestro trabajo.

Cada Centro deberá resolver las exigencias reales del momento, a través de un análisis detenido y global de las mismas y por medio de experiencias e iniciativas educativas también propias, pues la solución no radica en las recetas válidas universalmente, sino que lo único universal son los principios generales, y estos no suelen ser de aplicación directa sin más. Pero se habrá de prestar atención para que las metas concretas y las medidas adoptadas no supongan una crasa incoherencia con los objetivos y las finalidades propuestas, auténtico motor y crisol de aquellas.

Proponemos tres bloques temáticos:

Bloque I: Corporeidad.

Todos los niños pequeños muestran una curiosidad natural sobre sus cuerpos y sobre cómo funcionan, por eso debe iniciarse pronto la enseñanza del cuerpo, poniendo especial atención en ayudar al niño a utilizar las palabras correctas para los genitales. Enseñarle a lavar y a cuidar las partes íntimas. Preste atención a la manera de vestir y al corte de pelo. Deje que su hijo participe activamente en la elección de sus productos de higiene. Alabe y refuerce positivamente la buena higiene y la independencia, haciendo que la higiene forme parte normal de su maduración.

Bloque II: Conciencia de la propia intimidad y pudor.

Aprendiendo a aceptarse, comunicarse y resolver los conflictos. Enseñar las reglas sociales que conciernen a este área: no enseñar los genitales en público, señalar los sitios privados, que nadie debe tocar sus genitales (salvo excepciones, como el médico), etc. Esta parte adquiere un relieve particular porque los niños con discapacidad intelectual están acostumbrados a que les violen sus fronteras desde edades muy tempranas.

Bloque III: Los valores y la toma de decisiones.

El ejercicio de la sexualidad: felicidad, placer, amor y responsabilidad. No resulta fácil que comprendan las reglas relacionadas con los contactos, el afecto y los límites, por eso hay que establecer pronto las reglas sobre a quién se puede tocar o no entre las personas que rodean al discapacitado, con reglas concretas que sean fáciles de comprender. Ayudarle a expresar e interpretar convenientemente sus sentimientos y emociones y los de los demás. La formación temprana en habilidades sociales es fundamental (por favor, gracias, perdona, me gustaría mucho). Las habilidades que necesitamos para relacionarnos exigen sentir seguridad, confianza en nosotros mismos. Necesitan comprender tempranamente la importancia de la reciprocidad y la interdependencia. Comprender su discapacidad.